De la narradora, editora y periodista italiana Sandra Petrignani (9 de julio de 1952) es un curioso conjunto de seis ensayos acerca de otras tantas escritoras, vistas a partir de las casas que habitaron: La escritora vive aquí (trad. De Romana Baena Bradaschia, Gatopardo, 2019). Transcribo las primeras líneas de “Karen Blixen en Rungstedlund”.

La carretera, la número 152, bordea el Estrecho, en dirección norte; unos 50 kilómetros escasos junto al mar entre Copenhague y Elsinor, salpicados de bosques, ricas villas y complejos turísticos. La casa de Karen Blixen, una antigua casa de campo del siglo XVIII, se encuentra en esta costa, a la entrada de un parque de 16 hectáreas, Rungstedlund, que la escritora quiso convertir  en una zona protegida, una reserva natural para las aves migratorias, lo que consiguió en 1958. Nació en Rungstedlund en 1885 y aquí volvió a vivir definitivamente en 1931, tras un paréntesis de casi 20 años en África. La casa se halla a las afueras del pueblo de Rungsted, más o menos a mitad de camino entre la capital y Elsinor. Los trenes son frecuentes y muy confortables. Pero, como de costumbre, prefiero el coche. Así que me voy hasta Elsinor, el extremo más cercano a Suecia, y luego voy descendiendo poco a poco, parándome incluso a visitar el Louisiana, en Humlebaek, el espléndido museo de arte moderno, aún hoy dirigido por su fundador, Kund W. Jensen, uno de los más queridos amigos de Blixen, quien de joven, en la acogedora casa familiar de Hørsholm, también en las proximidades, convocaba a los escritores, pintores y poetas más interesantes de su generación. En 1948, algunos de ellos dieron vida a la revista de vanguardia Heretica (Herejías). Veneraban a la autora de Siete cuentos góticos y le pidieron que colaborase en ella. Así nació su amistad.

En Elsinor se encuentra el castillo de Kronborg que se conoce como el “de Hamlet” porque fue aquí donde Shakespeare ambientó su tragedia más famosa. En realidad, existió de verdad un príncipe Hamlet en la historia del castillo, como demuestra un bajorrelieve incrustado en la pared, pero el bardo inglés, que no pisó nunca estos lugares, debió de escuchar la leyenda del infeliz príncipe vestido de negro a algún actor vagabundo de su entorno. Leyendas, historias sombrías de nobles melancólicos, piratas irresistibles e intrépidos marineros, personajes típicamente dinesianos, afloran espontáneamente en lugares como éstos, batidos por vientos gélidos y lluviosos, escondidos entre espesas nieblas, junto a un mar que constantemente rompe furioso contra las rocas y un intenso frío que te congela la piel. Luego, el inesperado milagro de un día de sol restablece una calma limpia, el agua y el cielo son capaces de azules volentos y el mar chapotea en las pequeñas calas. Todo brilla.

Karen Blixen vino a Kronborg a finales de los años treinta para asistir a una histórica representación de Hamlet interpretada por John Gielgud, que fue amigo suyo durante toda la vida. No sé qué tiempo haría. Ella no lo aclara cuando lo rememora en “Daguerrotipos” (Ensayos completos): “Durante una semana viví día y noche en la platea y entre bambalinas con los actores ingleses en un mundo shakesperiano”.

 

Novedades en la mesa

La primera novela de Fernanda Melchor, Falsa liebre, editada por Random House.