Considerado el segundo novelista de folletín más leído del siglo XIX, el francés Paul Féval (29 de septiembre de 1816-8 de marzo de 1887) solía firmar con un seudónimo anglosajón para ganar lectores, pero tras el éxito de su primer folletín, millones de admiradores siguieron sus historias de capa y espada. Aunque ahora es casi un desconocido, la mayoría de sus obras han sido adaptadas al cine. Transcribo unas líneas de El juramento de Lagardere, incluida en la colección de “Obras inmortales” de editorial Cumbre (1962), traducida por Anna Murià e ilustrada por Lozano Olivares.

“ […] Cuando frisaba en los cuarenta años, el marqués, viudo de su primera esposa, la cual no le había dado hijos, se enamoró de la hija del conde de Sotomayor, gobernador de Pamplona. Inés de Sotomayor tenía a la sazón 17 años; era una madrileña con ojos de fuego y un corazón más arsdiente que sus ojos. Según la fama, el marqués no había hecho muy feliz a su primera esposa, a la que tuvo siempre encerrada en el viejo castillo de Caylus, donde murió a los 25 años. Inés declaró a su padre que jamás sería la esposa de aquel hombre; pero en aquella España dramática, y minada de intrigas no significaba ninguna dificultad doblegar la voluntad de una doncella. Los alcaides, las dueñas, los lacayos, los pícaros y hasta la Santa Inquisición no habían sido instituidos más que para eso, según afirmaban comediógrafos y satíricos.

”La infortunada Inérs, tras las celosías de sus ventanas, escuchó una noche por última vez la serenata del hijo menor del corregidor, que rasgueaba maravillosamente la guitarra. A la mañana siguiente partía para Francia con el marqués. Éste aceptó a Inés sin dote y, además, ofreció al señor de Sotomayor no sé cuántos miles de doblones. El español, más noble que un rey y todavía más bribón que un noble, no pudo resistir a semejantes argumentos. Cuando el marqués llegó al castillo de Caylus con su hermosa madrileña cubierta con un velo, un estremecimiento febril sobrecogió a todos los hidalgos mozos del valle de Lourón. En aquel tiempo no existían turistas, don Juanes que se lanzan a incendiar corazones de provincianas por todos los lugares donde el tren del placer ofrece viajes con rebaja. Pero la guerra permanente con España mantenía contingentes numerosos de tropas en la frontera y el marqués debía estar en guardia. Y ¡bien que se mantuvo siempre alerta! Afrontó el peligro con bravura. El galán que hubiese intentado la conquista de la hermosa Inés, hubiera tenido que armarse con cañones para sitiar la plaza.

”No se trataba solamente de asaltar un corazón, pues éste se hallaba bien encerrado por los muros de la fortaleza. Eran vanos los tiernos billetes; se perdía el fuego y la languidez de las dulces miradas; hasta la guitarra era impotente. La bella Inés era inaccesible. Ningún guapo mozo, ningún cazador de osos, ningún esforzado capitán, pudo jamás vanagloriarse de haber visto ni la orla de sus pestañas.

”¡Esto era ser precavido! Al cabo de tres o cuatro años, la triste Inés volvió por fin a trasponer la puerta del pavoroso castillo. ¡Fue para ir a la sepultura! Había muerto de soledad y aburrimiento. Dejó una hija.

”El odio de los galanes burlados señaló al marqués con aquel mote: El Cerrojo […]”

 

Novedades en la mesa

Muerte detrás de las cámaras (Planeta 2022) de Joaquín Guerrero Casasola, una novela negra ambientada en los estudios San Ángel, durante la filmación de El inocente.