Quzá por haber sido alumno de Augusto Monterroso, Álvaro Uribe (26 de mayo de 1953-2 de marzo de 2022) se decantó por el rigor a la hora de escribir y de publicar. Su obra completa no sobrepasa la docena de libros entre cuentos, novelas y ensayos, casi todos premiados. En 2007 se enfrentó el disgnostico de cáncer llevando un diario puntual del tratamiento. La enfermedad volvió en dos ocasiones más y reanudó el diario correspondiente hasta el final. El resultado es su libro póstumo, Tríptico del cangrejo (Alfaguara, 2023), del que transcribo algunas líneas.

enero. Lunes 7: Hoy se confirmó –al noventa y tantos por ciento, de acuerdo con uno de mis dos médicos– que tengo cáncer.

El enemigo es un tumor espiculado de 20 milímetros de diámetro que se aloja en la parte superior de mi pulmón derecho. El segmento 3, según lo clasifica la medicina. En la imagen tomográfica aparece como una estrella regordeta y de aspas breves, semejante a las que adornan la punta de los árboles de Navidad. Se ha ganado desde ahora mi odio y mi temor, pero también mi atención irrestricta. Casi no pienso en otra cosa desde el jueves pasado, 3 de enero, en que me entregaron la tomografía.

Para comenzar me someterán a otro estudio tomográfico denominado PET-Scan (las siglas corresponden a Positron Emission Tomography). Se me inyectará una sustancia radioactiva que funciona como anzuelo. Las muy probables células cancerosas, toda voracidad, absorben el veneno y el brillo de la radiación engullida las delata en la pantalla. De lo que revelen esas nuevas imágenes dependerá que me operen inmediatamente para extraerme el tumor, y con él hasta la tercera parte del pulmón lesionado, o bien que empiecen por atacar otras zonas afectadas con quimioterapia.

La primera opción es, por mucho, la mejor. En caso de que el tumor no se haya metastaseado, la cirugía es curativa. Yo por lo pronto no quiero contemplar ninguna otra solución.

Martes 8: Siempre he sido medio insomne, pero ayer apenas pude juntar tres horas dispersas de sueño. Pensaba recurrentemente, con más extrañeza que envidia, en los otros. Los que no tienen cáncer. Los sanos o casi. Y sin más reflexiones caí en la cuenta de que ahora, desde ahora y hasta quién sabe cuándo, el otro soy yo.

Es difícil no razonar en términos teológicos cuando se está en mi circunstancia. Uno se pregunta qué hizo. Por qué a mí. Cómo es posible que si dejé de fumar hace ya seis años me ocurra esto. De ahí a pensar en los que todavía fuman, y en los que ni fuman ni nada, pero tampoco tienen una estrella voraz en el pulmón, hay sólo un paso que la mezquindad no tarda en dar.

No sé si me exculpe un poco ser mezquino positivo. Es decir: meramente envidioso. Veo con sincera envidia la salud relativa de los demás, pero a nadie le deseo la enfermedad. Ni aun a quienes me malquieren.

Tedi me dijo hoy que cambiaría con gusto su vida por la mía. Ejerciendo el peor crimen de leso faustismo, rechacé el pacto. Por ella y por mí. Cómo explicarle que es la única persona no otra. La única que cabe conmigo en el solipsismo en que me está encapsulando la enfermedad.

Buena parte del día se me fue en preparativos. Citas para tal o cual estudio. Recomendaciones telefónicas sobre lo que debo comer o no comer, sobre la orina, sobre la conveniencia del reposo. A uno lo empiezan a enfermar ya antes de internarlo en el hospital.

 

Novedades en la mesa

La nueva novela negra de Belinda Bauer, Exit (2023), publicada por Alianza Novela.