La noche del 24 de octubre de 2024, solo la luz de la luna iluminó a Acapulco. Un escenario de pesadilla comenzó a fraguarse. Desde nueve de la noche, el huracán Otis comenzó a impactar a la ciudad. En menos de 12 horas una tormenta tropical pasó a huracán categoría 5. Jamás un huracán así había golpeado a Acapulco.

Fue impredecible. La evolución fue tan acelerada que apenas hubo tiempo para prepararse para su llegada. Impactó con vientos máximos sostenidos de 270 km/h, rachas de 330 km/h. Un auténtico monstruo del cambio climático.

Lo que amaneció en la otrora perla del Pacífico fue como una película de terror.

Las imágenes del puerto fueron desoladoras: infraestructuras dañadas, casas destruidas, hoteles reducidos a obra negra, edificios de condominios inhabitables, lugares emblemáticos destruidos, tiendas rotas, calles bajo el agua y autos volteados, la zona del malecón a Caleta era un cementerio naval, los yates de recreo quedaron hundidos, las lanchas de fondo de cristal boca abajo.

Hasta el primer trimestre del 2024, el balance indicó que se registraron daños y afectaciones en 47 mil locales comerciales, 274 mil viviendas, 126 unidades de salud, 975 escuelas y 80 por ciento de los hoteles, además, sumaron 57 personas fallecidas.

La comunidad en estado de shock. No había comida, ni agua, ni luz, ni gas, ni combustible ni forma de comunicación alguna. La ciudad quedó totalmente aislada.

Las primeras horas tras el paso de Otis por Acapulco fueron caóticas. Muchos residentes saquearon las tiendas para obtener, lo mismo artículos de primera necesidad, que celulares, aparatos electrodomésticos, motos. Sin embargo contribuyeron a la devastación destrozando locales y plazas comerciales, fueron actos de delincuencia colectiva.

El impacto económico causado por el huracán Otis y actualizado al primer semestre del 2024, fue de 64 mil millones de pesos o 16 mil millones de dólares. La cifra incluye afectaciones en los sectores primario, secundario y terciario, en la infraestructura y la atención a la emergencia ocasionada por el impacto del meteoro.

Las pérdidas y los daños que dejó Otis siguen presentes. La tragedia no solo dañó infraestructura y economía, sino que también profundizó las brechas sociales existentes, impactando negativamente en los indicadores del rezago social y agudizando la inequidad entre los pobladores de Acapulco.

La interrupción de las cadenas de suministro constituyó uno de los impactos más significativos del paso de Otis. No solo afectó la disponibilidad inmediata de bienes y servicios esenciales, sino que también complicó los esfuerzos de reconstrucción y la recuperación económica a largo plazo.

Las tormentas han pasado pero la calma no llega. Para una restauración integral de este destino turístico, se debe identificar las necesidades específicas de los afectados para diseñar programas de ayuda eficaces pues algunas de los damnificados están siendo utilizados con otros fines generando presión sobre las autoridades y lucrando con las demandas de quienes requieren atención.

La devastación económica y la pérdida de empleo llevaron a un aumento de la pobreza y la desesperación, lo que puede propiciar el aumento de la criminalidad. Las comunidades más afectadas, al no contar con apoyo inmediato, se volvieron más susceptibles a la violencia y la delincuencia.

El desplazamiento de personas debido a la pérdida de hogares agravó la situación de inseguridad, ya que muchas de ellas se vieron obligadas a buscar refugio en zonas no seguras o inadecuadas. La desorganización social y la falta de cohesión comunitaria facilitaron la infiltración de grupos delictivos en ciertas áreas.

La atención inmediata a la recuperación tras el desastre pudo desviar recursos y esfuerzos de las fuerzas de seguridad, debilitando la presencia policial y la eficacia de las estrategias de combate al crimen.

Los cuerpos de seguridad tuvieron que reorientar sus actividades hacia la gestión de emergencias, lo que afectó su capacidad para enfrentar la delincuencia.

La situación de emergencia y el colapso de ciertos sectores económicos crearon oportunidades para actividades ilícitas, como el tráfico de bienes y la extorsión, especialmente en un contexto donde muchas personas buscaban desesperadamente ingresos.

La combinación de desastres naturales y la inseguridad puede llevar a un aumento en la percepción de riesgo entre los habitantes y turistas, afectando negativamente la recuperación del sector turístico, un pilar importante de la economía local.

La crisis provocada por el huracán Otis exacerbó problemas preexistentes de inseguridad en Guerrero, creando un círculo vicioso que requiere atención integral y coordinada para abordar tanto la recuperación económica como la mejora de la seguridad en la región.

El huracán Otis alteró la dinámica criminal en Guerrero, reduciendo significativamente delitos de alto impacto, como extorsiones y homicidios; pero al mismo tiempo generó un ambiente propicio para un marcado incremento en los robos. La disrupción del huracán posiblemente dispersó las actividades criminales hacia nuevas áreas, causando conflictos entre grupos delictivos en regiones como Chilpancingo y Tierra Caliente. Es necesario reflexionar sobre el desarrollo sostenible de la comunidad y del entorno en el que opera Otis. Una evaluación constante y ajustes en estas políticas garantizarán un impacto positivo a largo plazo.

Ante un problema que se ha vuelto recurrente se hace necesario analizar las políticas de planeación urbana en  Acapulco, e identificar los espacios urbanos dentro de la zona metropolitana de Acapulco, donde concurran asentamientos humanos en condiciones de vulnerabilidad y riesgo por fenómenos hidrometeorológicos que continuaran presentándose año tras año.

Se deben proponer alternativas para fortalecer las políticas de prevención, dentro de la planeación urbana en Acapulco. Si bien la responsabilidad de la planeación urbana de la ciudad recae en las autoridades municipales, las autoridades estatales y federales, a través de diferentes organismos y delegaciones intervienen, fortaleciendo o debilitando la planeación a través de sus acciones u omisiones.