Algunos inicios de novela los sabemos de memoria, desde el “Érase una vez…” a “Misteriosos grupos de hombres a caballo recorren los caminos de Grecia… [El infinito en un junco, Irene Vallejo]. En tertulias de escritores es común jugar a la cita textual. Transcribo algunas de esas frases inolvidables:
“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un Hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor…” [El Quijote, Miguel de Cervantes]
“Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa…” [Oegullo y prejuicio, Jene Austen]
“Todas las familias felices se parecen entre sí; pero cada familia desgraciada tiene un motivo especial para sentirse así…” [Ana Karenina, Leon Tolstoi]
“Era el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y la de la tontería; la época de la fe y la época de la incredulidad; la estación de la Luz y la de las Tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación: todo se nos ofrecía como nuestro y no teníamos absolutamente nada; íbamos todos derechos al Cielo, todos nos precipitábamos en el infierno…” [Historia de dos ciudades Charles Dickens]
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…” [Cien años de soledad, Gabriel García Márquez]
“Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Sólo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me recuerdo, y como el agua va al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas, encerrada en sí misma y condenada a la memoria y a su variado espejo. La veo, me veo y me transfiguro en multitud de colores y de tiempos. Estoy y estuve en muchos ojos. Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga…” [Los recuerdos del porvenir, Elena Garro]
“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo…” [Juan Rulfo]
“Llamadme Ismael. Hace unos años –no importa cuantos–, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación. Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un noviembre húmedo y lloviznoso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondría me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda…” [Moby Dick, Herman Melville]
“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana, después de un sueño inquieto, se encontró en su cama convertido en un monstruoso insecto…” [La metamorfosis, Franz Kafka]
“Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong…” [Memorias de África, Isak Dinesen]
“No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados…” [Corazón tan blanco, Javier Marías]
