La presidenta Sheinbaum, comandante suprema de las fuerzas armadas, denuncia en todos sus discursos, el compló, de la derecha, el bloque negro, los comentócratas, el PRIAN; los agricultores, transportistas, la CNTE, las feministas, los universitarios y Ricardo Salinas Pliego en defensa de sus privilegios contra las transformaciones del primer y segundo piso de la 4T.

Por su parte, el bloque azul, encabezado por Ricardo Salinas Pliego, empresarios de segundo pelo, los burócratas de las franquicias PRI y PAN, influencers, denuncian el rumbo comunista de Claudia Sheinbaum.

Estamos en una guerra de fantasmas.

Las políticas comunistas de AMLO y Sheinbaum, no han realizado la reforma más tibia contra el neoliberalismo: se niegan a abrogar las leyes  de jubilación y retiro promovidas desde Zedillo y aprobadas por Calderón en 2007 para el ISSSTE, aunque tienen la mayoría para hacerlo hace 7 años; se niegan a hacer una reforma de la reglamentación fiscal que atenúe mínimamente la inmensa desigualdad, ni siquiera se atreven a llamar a la Federación Mexicana de Fútbol, controlada por Azcárraga, para volver a los reglamentos de ascenso y descenso de la liga de fútbol; por supuesto el tope salarial sigue vigente desde 1980; hay hasta desregulaciones, privatizaciones, como la compra de chatarra a las compañías de energía españolas o la compra de una refinería en Estados Unidos y no se diga las faraónicas obras: AIFA, RUTA MAYA, Transístmico; vamos ni siquiera quitaron el tan odiado Buen Fin; los grandes premios automovilísticos son elogiados por la presidenta; una poderosa miembro del clan familiar de la empresa MINSA, Altagracia Gómez la heredera, es la asesora gubernamental de trato con los empresarios; lo mismo ocurre con los grupos mineros, empezando por el México de Germán Larrea; Carlos Slim es el rey de la telefonía, con su propia banca, aseguradora y ahora incursionará en la hotelería; todo se resume en un dato: el capital triplicó sus ganancias en el sexenio de AMLO.

¿Dónde está el comunismo de la 4 T?   

La medida laboral más importante ha sido el incremento del salario mínimo.

Pero es una medida aprobada en el final del sexenio de Enrique Peña Nieto, producto de la presión de Canadá y Estados Unidos como condición para firmar el TMEC.

Lo más grave es la restauración de la dictadura perfecta; abolición de los tres poderes, hoy reducidos al poderío de la presidencia imperial de Sheinbaum; está en marcha la cancelación o mutilación del derecho de manifestación callejera incluyendo al Zócalo, como vimos en 15 de noviembre con el estado de sitio del centro histórico, con vallas metálicas para impedir la llegada libre de los manifestantes a la gran plaza, empleando a los Halcones actuales acusados de ser el fantasmal Bloque Negro.

La presidenta amenaza todos los días en hacer investigaciones para saber, quiénes convocaron a la marcha, cuestión que no se atrevió a hacer Gustavo Díaz Ordaz.

También siguen ocurriendo “purgas” en la prensa, la radio y la televisión; quizá en eso la derecha delirante tiene algo de razón, cuando dice que tenemos el modelo Granma o Pravda en materia de libertad de expresión.

Vivimos las consecuencias de estafas: la gran estafa del socialismo soviético, chino, cubano, angoles, camboyano, coreano, los del centro y este de Europa y otros más; lo más trágico han sido las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Con esos “modelos” es perfectamente entendible que millones se asusten con el “comunismo”, lo que hace posible que la ultraderecha tenga gran simpatía.

No nos engañemos, unos cuantos rojos de salón en cargos secundarios del aparato burocrático, solo sirven de coartada a unos cuantos ex (comunistas, maoístas, trotskistas) para “justificar” estar enchufados al gobierno.

Presumir ese “comunismo” es una afrenta para los movimientos, grupos, partidos, militantes que vivieron bajo un romanticismo genuino una política represiva y criminal del Estado, por algunos gorilas tipo Rubén Figueroa que ahora son homenajeados por MORENA.