Elizabeth Burgos personaje icónico e histórico del castrismo, conversó conmigo el pasado lunes 15 de enero del 2026. Su hija Laurence Debray, hija de ella y de Regis Debray en cuyo libro Hija de Revolucionarios editado por Anagrama (Barcelona 2018, octubre), en la cuarta de forros del mismo se escribe “ambos proceden de familias acomodadas, la de él parisina y la de ella venezolana y ambos abrazaron la causa revolucionaria de Fidel Castro y el Che”.
Elizabeth Burgos y Regis Debray, dice su hija Laurence Debray, “aunque hayan vuelto a la vida legal, mis padres no podrán nunca deshacerse de estos rasgos de carácter: predican, dividen, esconden, conspiran, seguros de su superioridad intelectual”.
Ambos fueron centrales en la larga marcha del castrismo en América Latina.
La charla con Elizabeth Burgos es para mí una de las cosas más interesantes de mi vida, fue hablar nada menos que con una ideóloga y operadora de la Revolución Cubana, acontecimiento que tengo tatuado en mi alma. Como toda mi generación.
Por ello escucharla decir que “es el momento y es un deber, limpiar la historia del siglo XX de la instrumentación que ha hecho el comunismo ruso y ahora el narco-leninismo populista en que ha devenido el castrismo”, es profundamente conmovedor.
No es un aspaviento “derechista”, sino que se gestó en terribles episodios como el que ella misma narra en el prólogo del libro de Jorge Masetti ,El furor y el Delirio, (Tusquets editores, primera edición en España marzo de 1999 y en México), en referencia a la detención de Tony la Guardia y su posterior fusilamiento por supuestos delitos cometidos contra la revolución por traficar drogas: “En pocas palabras Jorge Masseti (hijo del célebre Ricardo Masseti, fundador de Prensa Latina, muerto en el intento de establecer una guerrilla en Salta Argentina e Ileana su hija, casada con Jorge Masetti) me explicó Ileana y él, después del fusilamiento de Tony y de Ochoa (el famoso General Arnaldo Ochoa jefe de la Guerra de Angola) habían conseguido salir de Cuba, con la condición de permanecer en México… y se les había tornado insoportable…puesto que ciertos funcionarios de los Servicios de Seguridad de México, siguiendo instrucciones de La Habana, mantenían un control absoluto sobre ellos, impidiéndoles en particular la salida del país. Hecho que se explica por las estrechas relaciones que mantienen, tradicionalmente, ciertos miembros de los servicios mexicanos con la Seguridad cubana”.
Esos lazos de complicidad entre el Estado cubano y mexicano, han sido muy largos, prácticamente desde la liberación de Fidel Castro, el Che Guevara y sus demás compañeros de la cárcel de Revillagigedo en la Ciudad de México en 1955, por parte de Fernando Gutiérrez Barrios de la Dirección Federal de Seguridad, siniestra policía política que torturó, desapareció e incluso usó los terribles vuelos de la muerte contra los luchadores mexicanos durante décadas y no solo durante la Guerra Sucia, ni solo contra el movimiento armado sino contra los que luchábamos contra el estado priista y por la democracia.
Es tiempo de examinar sin ninguna concesión a la falsificación de la historia, cuál es el motivo de esa relación perversa entre el Estado mexicano y el castrismo, solo así podremos desentrañar la protección del gobierno de Claudia Sheinbaum a “la casta que dirige Cuba que ha impregnado de ese olor repulsivo que dejan los asesinatos programados; presentados como rituales de exorcismo colectivo, pero que no son más que la máscara tras la cual los verdaderos culpables intentan disimular la pérdida definitiva de su honor” (página 11 de El Furor y el Delirio).
Escribe Jorge Masetti: “Es fácil convertirse en corsario. Basta con creer en una causa y en un monarca que te utilice. El monarca pretende encarnar la causa y se eleva por encima de nosotros, los corsarios, condenados desde el inicio a morir solos, con un loro al hombro, un ojo de menos y una pata de palo”.
Sin historia.
La causa se va alejando de sus orígenes y se aparta de sus objetivos. Mantener el poder del monarca se convierte en un fin en sí, pero me equivoco de rumbo. Si continúo no me van a entender, Debo explicarme mejor.
Es necesario contarlo todo.
Es decir, violar la ley de los corsarios.
