El desempeño de la economía mexicana en 2025 cerró mejor de lo que anticipaban la mayoría de los diagnósticos elaborados a lo largo del año. El crecimiento anual del PIB de 0.7 % (con cifras ajustadas por estacionalidad), junto con la aceleración observada en el cuarto trimestre —0.8 % trimestral y 1.6 % anual en términos reales— obliga a matizar la narrativa de estancamiento que dominó las expectativas hacia 2026. No se trata de un cambio estructural en la trayectoria de crecimiento, pero sí de una señal de que se puede mejorar ante el ciclo de la economía.

Durante gran parte de 2025, la actividad económica mostró un comportamiento frágil y desigual. Los retrocesos trimestrales del segundo y tercer trimestre alimentaron la percepción de una economía cercana a una recesión técnica. Sin embargo, el repunte del último trimestre matiza ese diagnóstico. Desde una perspectiva coyuntural, el dato oportuno del INEGI sugiere que la desaceleración fue menos profunda y persistente de lo anticipado y que el cierre del año dejó una inercia ligeramente más favorable para 2026.

El análisis sectorial confirma esta lectura, aun cuando también revela los límites del crecimiento observado. Las actividades terciarias fueron el principal soporte de la expansión en 2025, con un crecimiento anual de 1.4 % y una clara aceleración al cierre del año. Este desempeño refleja la relativa fortaleza del consumo interno y del mercado laboral, así como la expansión de actividades de servicios. No obstante, un patrón de crecimiento sustentado en servicios resulta insuficiente para sostener una expansión más elevada en ausencia de inversión y fortalecimiento productivo. Especialmente en una economía que se sostiene de la manufactura exportadora.

Las actividades secundarias continúan siendo el principal foco de debilidad. A pesar del crecimiento trimestral de 0.9 % en el cuarto trimestre, el sector acumuló una contracción anual de 1.1 % en 2025. Esta trayectoria confirma que la industria no logró consolidar una recuperación sostenida, limitando la capacidad de arrastre del resto de la economía y acotando el crecimiento potencial. Si bien el comercio exterior ha sido el soporte, no tiene el potencial de que pueda cambiar estructuralmente las tendencias.

Las cuentas nacionales refuerzan este diagnóstico desde el lado de la demanda agregada. La inversión, medida por la formación bruta de capital fijo, registró tres trimestres consecutivos de caídas reales en 2025: -5.9 %, -8.2 % y -7.6 % en los tres primeros trimestres del año. Esta secuencia refleja un deterioro profundo y persistente del componente más relevante para el crecimiento de mediano plazo, y explica en buena medida la debilidad estructural de la actividad industrial.

El comportamiento del consumo privado fue más heterogéneo. Tras registrar reducciones de -1.1 % y -0.3 % en los dos primeros trimestres de 2025, el consumo mostró un ligero repunte de 1.6 % en el tercer trimestre. Este cambio de tendencia ayuda a explicar la mejoría observada hacia el cierre del año y el dinamismo de los servicios, pero también evidencia que el soporte de la demanda interna fue frágil y dependiente de factores transitorios.

A la luz de estos elementos, el escenario base para 2026 podría ser ligeramente mejor al anticipado originalmente, aunque aún lejos de una expansión robusta. Este nuevo escenario, sin embargo, está condicionado por riesgos significativos. En el ámbito interno, la persistencia de la debilidad industrial y el desplome acumulado de la inversión representan el principal obstáculo para un crecimiento sostenido. A ello se suma la incertidumbre regulatoria y de política pública, que continúa afectando las decisiones de inversión privada en sectores estratégicos.

Las limitaciones fiscales constituyen otro condicionante central. El reducido margen para una política fiscal expansiva limita la capacidad del sector público para compensar la debilidad de la inversión privada mediante gasto en infraestructura o estímulos contra cíclicos. En este contexto, el crecimiento dependerá en mayor medida del entorno externo y de la confianza del sector privado.

En síntesis, los resultados del PIB en 2025 no inauguran un nuevo ciclo de alto crecimiento, pero sí corrigen una visión excesivamente pesimista. La economía mexicana mostró mayor capacidad de ajuste al cierre del año, aunque sustentada en pilares frágiles. Para 2026, el desafío será transformar esta resiliencia coyuntural en un crecimiento más equilibrado, en un entorno donde la inversión sigue siendo el eslabón más débil.

El autor es presidente de Consultores Internacionales, S.C.®