No recuerdo una Suprema Corte de Justicia de la Nación tan infame como la que actualmente integran la mayoría de los actuales ministros, con sus honrosísimas excepciones, claro.
Algunos ministros del actual órgano jurisdiccional carecen de la más mínima decencia, honra, son una vergüenza para este país y para el sistema de impartición de justicia, sin preparación para la investidura para la que fueron electos mediante un acordeón.
Cómo es posible que una persona que se refiere a sus vecinos y a otra mujer como esa “hija de su putisima madre”, llegue a ocupar este tipo de cargos. Las consecuencias las vemos hoy, no da una en la corte y hasta se da el tiempo para proponer aberraciones jurídicas como que no haya cosa juzgada.
Y qué tal el actual ministro presidente que antes presumía huaraches y hoy solo usa zapatos de marca, que además requiere que se los limpien sus colaboradores. Refleja un absoluto desprecio al cargo que representa, denota hipocresía y poca humildad.
Es imperdonable que permita este “hombrecito” que dos integrantes de su equipo se agachen en plena calle para limpiarle los zapatos antes de que ingresara al Teatro de la República en Querétaro, donde participaría en la ceremonia con motivo del 109 aniversario de la promulgación de la Constitución de 1917.
Toda persona debe conducirse con sencillez y transparencia, pero aún más si ese individuo ostenta algún cargo público. El no hacerlo ayuda a que se siga germinando lo que hoy es una constante: favoritismos, simulaciones, privilegios indebidos y un claro abuso de poder.
Hoy muchos servidores públicos buscan sacar ventaja, pretendiendo que las leyes no se aplican para ellos, amparándose en sus cargos, relaciones o recursos económicos. Frente a esto, no debe haber por parte de la sociedad ni vacilación ni indulgencia.
Pareciera que este mal y conductas inadecuadas se propagan como un cáncer, ya que cada vez es más frecuente que nos enteremos que hijos de funcionarios trabajan con empresas en las que sus padres puedan favorecerlas con contratos o favores.
El último señalamiento se lo hicieron a la hija de la secretaría de Gobernación, Rosa Isela Rodríguez, quien trabaja con directivos del grupo que controla el periódico el Heraldo de México. En un evidente conflicto de intereses, las dependencias donde se ha desempeñado su mamá han otorgado contratos millonarios a ese grupo de comunicación.
Cuando se ostenta un cargo público se debe actuar con firmeza y sin buscar excepciones en el cumplimiento de la ley. La legalidad no admite jerarquías de conveniencia.
Lo que se les ha olvidado a muchos servidores del actual régimen, es que la verdadera transformación comienza en lo inmediato, en lo que está bajo su responsabilidad directa, y es ahí donde están fallando muchos con excesos y abusos de poder.
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