En las preocupaciones de los mexicanos, se dice, tuvo mayor importancia el concierto de Shakira que la nueva escalada en el Medio Oriente. Ojalá no sea así y la poca importancia que se ha dado a los sucesos en Irán sean solamente un ánimo de fin de semana. Ojalá se comience a reflexionar en serio sobre las evoluciones y las implicaciones que están más allá de los acontecimientos locales o de una región en el planeta.
Ciertamente, la guerra por aquellos rumbos no es una novedad. Van ya varias décadas, casi un siglo si se comienza a contar desde la persecución a los judíos y la creación, todavía no totalmente formalizada, del Estado Palestino. Es un espacio mundial lleno de conflictos y, por eso mismo, parece que ya nos hemos acostumbrado y, finalmente, se le resta la importancia que tiene.
Pero hay un evento reciente que es necesario examinar, porque sus implicaciones serán o pueden ser de catástrofes combinadas. Aquí sí vale la expresión en el sentido de que la tercera guerra mundial puede ser un efecto y que esa indeseable conflagración nos implicaría a todos los seres humanos. Lo más nuevo es que en estas confrontaciones están incluidos casi dos decenas de países de los cuales la mitad posee armas nucleares.
Por supuesto, no se debe pasar por alto la miseria moral de un ataque a poblaciones inocentes. No se puede, por ningún motivo, cerrar los ojos ante los asesinados impunemente, como aquellas niñas en Teherán de las cuales los restos menos afectados fueron sus uniformes escolares. Los gobernantes de Israel y de Estados Unidos son criminales en todo el sentido de la palabra.
Pero hay otras implicaciones que nos implican. Hay un lugar ya mundialmente conocido, como el estrecho de Ormuz, justamente el paso del Golfo Pérsico al Mar Arábigo, que es el lugar económicamente más estratégico del mundo.
En medio de sus paredes de roca y arena, pasa todos los días el 20 por ciento del petróleo que se consume en el mundo y un 32 por ciento de otros materiales estratégicos, como los fertilizantes que van a casi todos los continentes.
Solamente, con algunos incidentes en sus aguas, los precios del petróleo llegaron a sus picos históricos; el Brent, por ejemplo, por algunos minutos, llegó a valer 150 dólares y se estima que, si continúa el conflicto, incluso en sus niveles actuales, podría estar entre los 95 y los 100 dólares como promedio.
Las implicaciones para nuestro país no serían menores. Con 10 dólares más por barril tendríamos beneficios importantes para las finanzas de PEMEX; pero los precios de la gasolina que importamos podrían subir un 15 por ciento según las primeras predicciones.
Estos incrementos al consumidor generarían una inflación del 5 por ciento que se sumaría al 2.5 por ciento anualizado que llevamos en estos inicios de marzo. Los altos precios del hidrocarburo elevarían automáticamente los costos de la energía eléctrica para los mexicanos que, además, deberíamos enfrentar una mayor parálisis en nuestras exportaciones. El panorama no es halagüeño ni mucho menos. Ojalá, otra vez, estas predicciones estén equivocadas.
El domingo con Shakira fue espectacular…era un espectáculo. Ahora es tiempo de examinar los asuntos serios en serio. Quienes protagonizan la vida nacional tienen la palabra.
Como epílogo, aprovecho estas líneas para agradecer a los lectores y la dirección de la revista Siempre, quienes me han permitido por siete años ininterrumpidos colaborar en este histórico medio, esperando que sean muchos más.
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