Este año el Seminario de Cultura Mexicana, presidido por el Arquitecto Felipe Leal, ha conferido la Medalla José Vasconcelos a Don David Ibarra Muñoz, apreciado profesor de lo económico en la Universidad Nacional Autónoma de México -su alma máter-, reconocido investigador de los fenómenos económicos con perspectiva social y respetado servidor público en las tareas hacendarias, financieras y bancarias del Estado Mexicano entre el desarrollo estabilizador y los cambios y ajustes hacia la apertura por el inicio de la globalización de la economía.

Cabe celebrar la determinación del Seminario de Cultura Mexicana, que refrenda su carácter multidisciplinario como espacio de diálogo e intercambio en el sentido más amplio de lo cultural y su vocación de acción pública para destacar trayectorias y valores que contribuyen a la integración nacional y nuestra identidad como personas mexicanas.

En su raíz y propósito, el Seminario ha servido la causa de albergar y proyectar culturalmente a la Nación, con ánimo de resistir y rebatir los fenómenos de centralización en la capital de la República y de convivir con expresiones y realidades más allá de nuestras fronteras. Una vertiente relevante para condensar esa causa en una reflexión renovada y una sucesión de actos en el tiempo ha sido el establecimiento de la Medalla José Vasconcelos.

En ella hay una amalgama o, mejor, una síntesis especial: (i) la apreciación de una trayectoria intelectual destacada en una vertiente del estudio, conocimiento y práctica de una disciplina particular, y (ii) la valoración de la naturaleza y la contribución pública de esa trayectoria. Es oportunidad y, a la vez, responsabilidad colegiada para resaltar y colocar en perspectiva para el país la figura de la persona intelectual de carácter público. Como han trascendido Ruy Pérez Tamayo, José Sarukhán Kermez, Josefina Zoraida Vázquez, Juliana González y Luis de Tavira en la medicina, la ecología, la historia, la filosofía y el teatro.

Ahora, en economía, se honra a David Ibarra Muñoz como intelectual público; como persona de pensamiento, análisis y reflexión propositiva en el campo económico al servicio de propósitos que abrazan y comprenden al todo social; pensar para actuar, desde la trinchera del conocimiento y la práctica de una rama del saber y del hacer, en el interés máximo de la sociedad. Parecería una reiteración, pero vale distinguirlo y afirmarlo: intelectos que trascienden al plano del referente en la comunidad, como en la reflexión histórica y la acción política lo fue Don Jesús Reyes Heroles.

En David Ibarra convergen varios componentes para afirmar su calidad de una inteligencia que sirve a lo público: (a) la formación en la universidad pública, a la que ha servido desde la cátedra, la investigación y la defensa de su presencia en la sociedad por su aportación al mayor acceso a la educación y la cultura y a la igualdad y bienestar sociales; (b) el influjo en la formación de muchas generaciones de economistas moldeados no solo en el rigor y la exigencia de su conocimiento teórico y de las matemáticas, sino con la incorporación y valoración de los saberes de la historia, la sociología, la política, el derecho y la comunicación social; (c) la experiencia de los retos del servicio público para conducir las acciones gubernamentales en lo interno y la orientación y construcción de estrategias regionales para sustentar el desarrollo económico y social con viabilidad y solidez en las finanzas públicas y en los objetivos de justicia ante la desigualdad; y (d) el compromiso con la pervivencia, el avance y la consolidación de la Nación Mexicana como el hogar común de raíz y realidad plural que posee identidad propia y singular, y donde la inclusión enriquece por la condición de que lo diverso es tronco de aquella raíz.

Ibarra Muñoz nació en la ciudad que hospedó al Congreso Constituyente de 1916-1917, poco menos de un mes antes del décimo tercer aniversario de que se promulgara la Constitución reformada que se erigió en el cauce de los objetivos de la Revolución Mexicana, entonces con tres reivindicaciones sociales: educación pública gratuita, tierra para la población campesina y condiciones equilibradas y justas para los trabajadores. Y una reivindicación económica de la Nación: el dominio de las tierras y aguas comprendidas dentro del territorio nacional y la propiedad exclusiva de los recursos del subsuelo, emblemáticamente del petróleo.

Esas bases explican, en mucho, la articulación y el desarrollo de las ideas del nacionalismo revolucionario y la forma en la cual se fue cincelando el papel que habría de corresponder al Estado en la economía. David Ibarra contribuye a pensar y diseñar ese papel en su paso por la reflexión académica y la actuación en la función pública. ¿Por qué compete al Estado impulsar el desarrollo nacional con objetivos propios de distribución del ingreso nacional? ¿Cómo conciliar la eficacia de la gestión hacendaria con la inversión pública para elevar la calidad de vida de la población en el mediano y largo plazo? ¿Cómo alcanzar una economía con crecimiento sólido y sostenido y, al mismo tiempo, reflejarlo en el beneficio de las personas más vulnerables y de la sociedad en general?

Actuó a partir del desarrollo con estabilidad y en el momento del fomento de las capacidades públicas con base en el crédito, así como de la administración de los recursos que prometía el petróleo en un mercado de compradores, habiendo hecho la advertencia de los límites perceptibles por la tensión entre el endeudamiento y la fuente de pago. Tuvo el éxito de afirmar la planeación económica estatal y de modernizar la recaudación para un mejor rendimiento, con la introducción serenamente ponderada del impuesto al valor agregado, y se mantuvo y ha mantenido leal a la idea de que lo socialmente justo es el fin de la economía de la Nación.

En ello, vale el reconocimiento a su práctica indeclinable del principio de la deliberación democrática de las ideas con rigor metodológico y argumentos basados en la evidencia. El Estado y la Nación competen a toda la sociedad y la deliberación pública e incluyente del rumbo mejor es lo democrático. En sus palabras al aceptar la presea recordó que la historia nos juzgará por las luchas libradas, así como que las circunstancias presentes “nos obligan a replantear lo que queremos sembrar para las generaciones futuras”, sin peros porque “el hombre no es el lobo del hombre”.

La intelectualidad pública es arena plural para elevar el debate nacional. Es un significado profundo de la entrega de la Medalla José Vasconcelos 2026 a David Ibarra Muñoz. ¡Enhorabuena!