Durante décadas, cuando se trata de fortalecer los municipios mexicanos, la conversación generalmente se centra en un punto: el presupuesto. Y aunque contar con recursos suficientes es esencial para que cualquier gobierno satisfaga las necesidades de su población, los desafíos actuales nos obligan a ampliar nuestra perspectiva.

Los municipios mexicanos necesitan una nueva generación de herramientas para la gobernanza. Una de ellas es abrirse al mundo.

Hoy en día, los gobiernos municipales son el primer punto de contacto entre los ciudadanos y el Estado. Son ellos quienes abordan las necesidades más inmediatas de la gente: agua potable, seguridad pública, infraestructura básica, servicios urbanos, desarrollo económico, movilidad y protección civil, entre muchas otras tareas que impactan directamente en la calidad de vida de las comunidades.

Sin embargo, a medida que aumentan sus responsabilidades, también lo hacen sus capacidades financieras. Y la verdad es clara: se les pide hacer más, pero tienen menos margen para responder.

El gasto federal en municipios disminuyó un 23.1 por ciento de 2024 a 2025. Este escenario nos obliga a reexaminar la forma en que vemos el fortalecimiento municipal. Y no basta con hablar de cómo distribuir mejor los recursos públicos; también debemos crear las condiciones para que los gobiernos locales desarrollen nuevas capacidades, construyan alianzas y aprovechen las oportunidades que existen más allá de nuestras fronteras.

Ahí es donde la cooperación internacional adquiere un valor estratégico.

Durante mucho tiempo se pensó que la cooperación internacional era únicamente un asunto de los gobiernos nacionales. Hoy sabemos que eso no es cierto. Los gobiernos locales se están uniendo cada vez más con organizaciones multilaterales, agencias de cooperación, instituciones académicas, organizaciones sociales y otras entidades con el propósito de compartir conocimientos, innovación y herramientas para responder a los problemas públicos. No se trata solo de obtener dinero. La cooperación internacional también significa acceso a apoyo técnico, capacitación, experiencias exitosas para mejorar las políticas públicas de los gobiernos y métodos para hacerlo.

Pero para aprovechar esas oportunidades se requiere algo fundamental: capacidad institucional.

Los expertos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) que hablaron en el Senado de la República sobre el papel estratégico de la cooperación multiactoral explicaron que la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible son una forma de conectar las necesidades locales con las prioridades que actualmente guían gran parte de la cooperación internacional.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y 169 metas cubren algunos de los principales temas en los territorios: erradicación de la pobreza, acceso al agua y saneamiento, infraestructura, ciudades sostenibles, reducción de desigualdades, fortalecimiento institucional y alianzas para el desarrollo.

Existen oportunidades reales para asistencia técnica, capacitación y financiamiento detrás de estos objetivos. Pero para obtenerlos, los municipios necesitan un proyecto sólido, construido sobre diagnósticos basados en evidencia, objetivos claros, indicadores de evaluación y mecanismos que les permitan medir resultados.

No es una exigencia burocrática. Es una forma de gobernar mejor.

La planificación, evaluación y medición del impacto son herramientas que permiten que los recursos públicos y cooperativos tengan un mayor impacto en la vida de las personas. Un proyecto bien estructurado no solo tiene más posibilidades de recibir apoyo; también tiene una mayor probabilidad de transformar una realidad concreta. Esta colaboración puede traducirse en acciones específicas para fortalecer territorios en organizaciones como la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

La cooperación con México no sigue una lógica de asistencia. Como un país con sus propias capacidades, la cooperación internacional debe centrarse en fortalecer instituciones, cerrar brechas y construir soluciones sostenibles. En otras palabras, no se trata de asumir responsabilidades, sino de adquirir conocimientos, habilidades y alianzas.

Un ejemplo de esto son los proyectos de agua potable y saneamiento en los que participan las comunidades indígenas en Yucatán, junto con autoridades estatales, municipales y organizaciones de cooperación, entre otros. Además de construir infraestructura, estos proyectos también implican la participación comunitaria para identificar las necesidades de las comunidades y definir soluciones para satisfacer las necesidades en este contexto.

Ese es precisamente el valor de la cooperación internacional: no solo proporciona recursos, sino que también aporta conocimiento.

A veces, una buena práctica desarrollada en otro territorio puede ayudar a resolver un problema local. La asistencia técnica, el intercambio de experiencias y la cooperación entre gobiernos pueden ser tan valiosos como el propio financiamiento.

Hay una brecha que debemos cerrar. Mientras que las organizaciones internacionales buscan cada vez más trabajar con los gobiernos locales, muchos municipios aún desconocen las oportunidades o carecen del apoyo técnico para estructurar proyectos y acceder a ellas.

Por lo tanto, es necesario fortalecer los puentes.

El Senado de la República desempeñará un papel crucial en esto. Si existen obstáculos legales o administrativos que dificultan las conexiones de los municipios con organizaciones multilaterales, agencias de cooperación o instituciones internacionales, necesitamos revisarlos y hacerlos más viables para que los gobiernos locales puedan aprovechar estas oportunidades.

El Senado de la República tiene un papel clave que desempeñar hasta ahora. Si existen barreras legales o administrativas que impiden a los municipios unirse a organizaciones multilaterales, agencias de cooperación u organizaciones internacionales, entonces necesitamos revisar eso y hacer que los gobiernos locales aprovechen esas oportunidades de una mejor manera.

Desde la Comisión de Desarrollo Municipal lideraré una revisión del marco legal para eliminar barreras que limiten la cooperación con los municipios y fortalecer los mecanismos que les permitan acceder a herramientas de financiamiento, asistencia técnica y alianzas estratégicas.

También debemos convertir la Comisión en un puente permanente entre los municipios y las instituciones que pueden apoyarlos en sus procesos de desarrollo.

Fortalecer los municipios no solo significa proporcionarles más recursos. Significa equiparlos con conocimiento, habilidades, capacidades, alianzas y herramientas para que puedan responder mejor a los desafíos que enfrentan cada día.

Los municipios más grandes (es decir, con mejor acceso a recursos) solo podrán responder a los desafíos que enfrentan cada día.

Abrir el mundo a los municipios de México no significa reemplazar las responsabilidades del Estado mexicano o abolir el federalismo. Al contrario, significa fortalecerlo.

Los grandes desafíos de nuestros tiempos—agua, seguridad, infraestructura, cambio climático o desarrollo económico—no se resolverán simplemente desde un escritorio en la capital del país. También serán resueltos por municipios que desarrollen asociaciones, aprendan y aprovechen las oportunidades del mundo.

El futuro del municipalismo mexicano dependerá de gobiernos locales con mayores capacidades (así como más responsabilidades).

Y porque cuando un municipio se fortalece, no solo gana el ayuntamiento. Las familias que reciben mejores servicios ganan, las comunidades que encuentran nuevas oportunidades de desarrollo ganan, y México gana.

El autor es senador de la República y presidente de la Comisión de Desarrollo Municipal

@MarioVzqzR