Durante años, la responsabilidad de la oposición ha sido señalar errores, excesos y riesgos que se han ido acumulando en la vida pública del país. Era esencial hacerlo. Cuando las instituciones se debilitan, cuando el poder se concentra y cuando las decisiones que afectan la vida democrática comienzan a normalizarse, quedarse callado nunca puede ser una opción.

Pero México hoy exige algo más.

Ya no basta con denunciar.

Las familias mexicanas tienen una realidad compleja. Hay madres buscadoras que se han visto obligadas a reemplazar al Estado en la búsqueda de sus hijos desaparecidos. Familias que sufren la tragedia de la violencia sin respuestas ni justicia. Madres y padres preocupados por la inseguridad diaria. Jóvenes sin certezas sobre su futuro. Pequeños empresarios luchando por sostener empleos. Ciudadanos que aún esperan servicios de salud dignos y medicamentos. Y millones de personas que viven con un sentimiento cada vez más extendido: cuando más necesitan respuestas, el gobierno simplemente ya no está ahí.

Por eso, nuestra responsabilidad no puede limitarse a decir lo que está mal. México necesita alternativas. Necesita respuestas. Necesita dirección.

Y así estamos dando ese paso en el Partido Acción Nacional con nuestras “Soluciones para México” que hemos decidido hacer. Más allá de un documento o una lista de 111 propuestas, lo que el PAN ha comenzado a construir es un camino político: ser una oposición que va más allá de la denuncia y convertirse en una alternativa que ofrece soluciones, resultados y una visión coherente del país.

Y así, los ciudadanos no quieren escuchar solo quién tuvo la culpa, quieren saber quién tiene respuestas.

La gobernadora Maru Campos puso el debate en un terreno más directo y políticamente incómodo para el oficialismo durante la presentación de “Soluciones para México”. Habló de una realidad que millones de mexicanos viven cada día: un país que ya no puede evadir sus problemas o sostener discursos que pretendan reemplazar lo que sucede en la vida cotidiana.

En este punto, estoy completamente de acuerdo. La solución para México comienza con reconocer la verdad. Pero los ciudadanos comparan, observan y, en última instancia, evalúan resultados. No hay narrativa que pueda apoderarse indefinidamente de la realidad.

El contraste político es evidente desde esta perspectiva: hay gobiernos que pueden presumir de integridad, transparencia y reglas claras; hay gobiernos donde la desconfianza institucional, las acusaciones públicas y la erosión de la credibilidad comienzan a formar parte del entorno gubernamental.

Pero la declaración fue más allá. Maru llamó a las cosas por su nombre y habló de un “narco-régimen”, donde el crimen organizado deja de ser un actor aislado y se convierte en una condición que permea territorios enteros; donde el miedo crece, la autoridad se disipa y las comunidades viven bajo reglas impuestas por la violencia.

Desde hace mucho tiempo sostengo que uno de los mayores riesgos para cualquier país no comienza cuando surge la violencia, sino cuando el Estado empieza a retirarse de espacios donde nunca debió haber perdido presencia. Porque cuando las instituciones se debilitan, cuando los pesos y contrapesos se erosionan, cuando la autoridad deja vacíos, alguien más termina ocupándolos.

Y Chihuahua conoce bien esta realidad. Ahí está la Sierra Tarahumara como uno de los ejemplos más dolorosos de lo que sucede cuando regiones enteras quedan atrapadas entre la violencia, el miedo y las dinámicas de control criminal. Y hay comunidades enteras que han tenido que modificar sus vidas diarias, sus actividades e incluso sus libertades debido a una ausencia de autoridad que nunca debió haberse permitido.

El desafío es llamar a las cosas por su nombre y evitar la normalización de una realidad donde las familias aprenden a vivir con miedo. Porque cuando el Estado se retira, son los ciudadanos quienes pagan las consecuencias.

Y también existe el verdadero contraste subyacente. Por un lado, hay gobiernos que pueden sostener resultados verificables en términos de seguridad, salud, desarrollo y administración pública. Por otro lado, un modelo que con el tiempo—al hacer o no hacer—ha permitido el colapso institucional y el desarrollo de problemas que actualmente afectan a millones de mexicanos.

Esto no es una disputa de discursos. Se trata de dos formas diferentes de ejercer el poder. Una apuesta por instituciones fuertes, reglas claras y resultados medibles. La otra, ha permitido la erosión de esos controles y equilibrios, con consecuencias que ahora son visibles.

Por eso “Soluciones para México” es relevante. No como un ejercicio de diagnóstico adicional, sino como una respuesta a los problemas que enfrenta el país hoy.

Lo que está sobre la mesa no es pequeño: dejar atrás la lógica de la mera denuncia para asumir la responsabilidad de construir alternativas reales de gobierno. En otras palabras, pasar de señalar lo que está mal a proponer claramente cómo debería corregirse.

Los ciudadanos ya no esperan más descripciones del problema. Están esperando soluciones concretas, verificables y aplicables.

Y es precisamente ahí donde comienza el siguiente paso. Porque las preocupaciones de las familias mexicanas son claras y exigen respuestas igualmente claras. “Soluciones para México” pone sobre la mesa temas que forman parte de la vida diaria de millones de personas:

  • Seguridad, justicia y paz
  • Economía y desarrollo
  • Salud
  • Educación
  • Familia y desarrollo social
  • Democracia y libertades
  • Medio ambiente
  • Política exterior
  • Transparencia y combate a la corrupción

En cada uno de estos puntos hay problemas reales: restaurar la paz de las familias, ampliar las oportunidades económicas, garantizar los servicios de salud, mejorar la educación, proteger las libertades y reconstruir las instituciones.

Estas no son promesas abstractas o actos de intención. Son propuestas basadas en experiencias de gobierno del Partido Acción Nacional que ya han demostrado que funcionan y que ahora se presentan en términos de construir las capacidades del Estado y restaurar el rumbo del país.

Al final del día, el debate no es solo sobre quién gobierna, sino sobre qué se hace con el poder. Si se aprovecha para mantener las instituciones, crear oportunidades y devolver la paz; o si se debilita con consecuencias que los ciudadanos pagan.

México necesita volver a discutir soluciones con seriedad, evidencia y resultados. Los problemas que enfrenta el país hoy no se resolverán con discursos.

Se resolverán con decisiones.

“Soluciones para México” no es un juego final. Es un punto de partida. El comienzo de una etapa donde la política deja de ser meramente confrontación y se convierte en una herramienta para resolver lo que más duele en la vida diaria del país hoy.

El autor es senador de la República y presidente de la Comisión de Desarrollo Municipal

@MarioVzqzR