Ojalá pudiésemos decir “no pasa nada”, pero sí pasa, aunque no todo es de aristas mortales. En estos días debemos examinar algunas líneas sobre la presencia de la presidenta Claudia Sheinbaum en la clausura de la Copa del Mundo.
Sobre el motivo del viaje han comenzado las especulaciones, pero lo cierto es que se trató de una invitación del gobierno de Estados Unidos sustentada en el hecho de que México fue uno de los tres países organizadores y, por lo tanto, las implicaciones políticas son marginales, aunque con ello no se quiere decir que no hay problemas, sencillamente estos asuntos delicados corren por otros carriles.
La Presidenta de nuestro país fue a una final de futbol: no fue a discutir nada sobre el TMEC ni sobre temas de la seguridad regional en América del Norte. Por eso mismo, no se esperaba ninguna reunión privada con el presidente Donald Trump ni mucho menos. Que se sepa, no hubo encuentros privados de Trump ni con los jefes de Estado de Canadá ni de España.
Tampoco estuvo presente el presidente de Argentina que, como se sabe, tiene magníficas relaciones con el presidente de Estados Unidos y que, además, es uno de los gobernantes con más proximidad ideológica hacia el Presidente Trump.
Según se dice, la ausencia de Milei se debió solo a una vieja superstición de los argentinos, en el sentido de que si va el jefe de Estado de aquella nación sudamericana a las finales -en donde frecuentemente está Argentina- el equipo de allá resulta perdedor. Cada quién sus creencias, pero en el caso del presidente Milei, escuchó la voz de sus paisanos y se abstuvo de asistir.
Entre el gobierno de Estados Unidos y el español existen muy serias diferencias políticas. En la Unión Europea, España es uno de los protagonistas decisivos del rechazo hacia Estados Unidos en materia económica, sobre todos. Incluso, hace poco tiempo hubo un encuentro de mandatarios de diversos países cuyo punto de coincidencia es la oposición a la política de Donald Trump en diversos puntos de la geografía mundial.
Y, sin embargo, ahí estuvo el Rey con toda la dignidad del mundo, hasta el punto de que Donald Trump no tuvo ninguna oportunidad de mostrar sus deficiencias en materia de buenos modales.
De esta manera, si la presidenta de México “pasó desapercibida” no es importante, porque así es Donald Trump y seguramente muy pocos esperaban buenos modales, a la manera de nuestro Manuel Carreño.
Así, las formas de la estancia presidencial en Nueva York no deben cubrir lo que es realmente importante: las negociaciones sobre el TMEC, sobre las cuales los mexicanos deberíamos estar mejor informados y que el interés por el tema fuese mayor.
En ese renglón, necesitamos que las negociaciones continúen y que no se piense solo en ganar-ganar. Se requiere definir un Plan B para los resultados que nos sean desfavorables. El TMEC es un factor económico decisivo para el futuro de nuestro país y es vital mantenerlo, aun cuando perdamos algunas ventajas que obtuvimos en las negociaciones anteriores. Ahora sí, es válida la consigna de que “peor es nada” y debemos pensarlo muy bien: el escenario económico mundial es muy complicado.
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