Al finalizar la jornada del 13 de agosto en curso, Andy López Beltrán, anterior secretario de Organización de Morena y “aspirante” a candidato para una diputación federal en un distrito tabasqueño, publicó la carta que dirigió al presidente Donald Trump como reclamación, petición de explicaciones y reproche de funcionarios con solicitud de remociones, por habérsele revocado la autorización general previa para ingresar como visitante temporal a los Estados Unidos.
Hay varias vertientes de análisis, sobre todo a partir de una premisa-pregunta inicial: ¿qué significa Andy LB para el actual gobierno estadounidense o, al revés, que significa para él la posibilidad de ingresar legalmente a los Estados Unidos? Nada y mucho.
Lo primero evidente: el “agraviado” o quien sentía tener derecho a la visa por cumplir los requisitos para ello, hace pública su situación con la táctica de la fuga hacia adelante; no protesta para salvar cara, sino que pretende aprovechar lo que le ha ocurrido. Antes que el razonamiento para cancelar la autorización de ingreso, la cuestión es ¿cómo se enteró Andy LB? Sólo parece haber dos formas; la de la vergüenza y la de la cortesía. La primera, que le ahorraron, puede presentarse al pretender abordar un vuelo que requiere mostrar la visa vigente o cruzar por tierra la línea fronteriza, para ser informado que la autorización ha sido revocada; la segunda conlleva recibir la información conducente para evitar el rechazo del ingreso, por una fuente fidedigna. Aún en el segundo caso, que parece ser lo ocurrido, se optó por buscar el control de la narrativa.
Lo segundo evidente: el peón en el tablero de la soberanía estadounidense. Es noción común para las personas mexicanas que la decisión del gobierno de nuestro vecino del norte para conferir la visa es un acto discrecional de carácter soberano. No hay obligación de otorgarla ni mantenerla o prorrogarla. ¿Razones para cancelarla? Ninguna a la luz del sustento para conferirla, pero tres son de fácil deducción: realizar actividades no autorizadas para un visitante temporal o exceder el período autorizado para la estancia específica autorizada; incurrir en conductas transgresoras de la ley; y pasar a la consideración de no ser una persona bienvenida en esa sociedad, con el peso de la discrecionalidad en sentido contrario al otorgamiento.
Lo tercero evidente: el contexto en sus varios planos revela el influjo de la particular forma de conducir las relaciones bilaterales con nuestro país del presidente Trump; los objetivos y prioridades de los Estados Unidos y la presión inherente sobre el gobierno mexicano; el plazo para la renovación y términos del T-MEC en el entorno de interdependencia bilateral desequilibrada para nuestro país, y el caso de Rubén Rocha Moya como señalamiento de la connivencia de integrantes de la clase política de Morena con la delincuencia organizada que produce, introduce y comercializa ilícitamente drogas de diversos riesgos para la salud de la población estadounidense. En ese escenario las filtraciones sobre los expedientes en curso, acciones que habrían de iniciarse y revelaciones sin fuente sobre presuntas actividades irregulares y, posiblemente ilícitas, abren la puerta a las especulaciones.
El cuarto componente: precisamente las especulaciones. En el caso de Andy LB la fundamental es si su eventual participación en actividades económicas sujetas a la jurisdicción estadounidense deben investigarse, se están investigando o han llegado a conclusiones, pues ha habido información difundida sobre inversiones en inmuebles para actividades turísticas destinadas a personas de alta capacidad de gasto y declaraciones sobre su conocimiento en operaciones de introducción de gasolina a México a través de puertos fronterizos entre EUA y México que se “documenta” como un producto distinto para no tramitar los permisos correspondientes y evadir el pago de las contribuciones derivadas.
Lo quinto esperado: la defensa de la encargada de la presidencia de la República del hijo del expresidente López. Quien en ocasiones se ha quejado de la sincronía de la crítica, encabezó el nado sincronizado del morenismo el 14 de los corrientes: (i) “Mi opinión es que esta cancelación de visas que han hecho…tiene un sentido político, esencialmente…”, para resentir que la información la usan en “la derecha mexicana, que es cada vez más entreguista a los Estados Unidos (y) México tiene una larga historia de defensa de la soberanía”; (ii) “es una decisión de que los países no sean independientes y soberanos, sino que respondan solamente a un interés…y esta búsqueda de interferir políticamente en México o de usar a México también para su propia elección, nosotros siempre hemos dicho: no”; y (iii) “¿Entonces que hay que hacer cuando viene una cuestión de visa? Pues hay que ser valientes…” para saltar a un supuesto distinto: “que presente pruebas y que sea juzgado de acuerdo a las leyes mexicanas, pero tiene que haber pruebas.”
Nuevo salto mortal triple sin red de protección, pero que antecede la información difundida por la Fiscalía General de la República el lunes 17 inmediato siguiente, en el sentido de que no cuenta con ningún dato de prueba para iniciar una carpeta de investigación por el llamado delito de “huachicol fiscal” contra Andy LB. Dejo fuera un instante la aportación de pruebas por incurrir en ilícitos penales, pero ¿cómo se llega en las declaraciones de la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo a la connotación de que la intencionalidad que sustentaría el retiro de la visa en cuestión es un acto de injerencia que atenta contra la soberanía nacional? Inexplicable en la racionalidad política del Estado, pero muy preocupante para la Nación y su ciudadanía: el hijo del expresidente López, sin función pública ni trayectoria alguna en actos sustantivos de representación y defensa de los asuntos del Estado Mexicano, es la medida del interés nacional y de la soberanía. Como si por alguna consideración basada en el parentesco consanguíneo con el fundador y emblema del movimiento, fueran México o, peor aún, asumieran al país como su patrimonio político.
¿Y la derivación a las pruebas? ¿Un lapsus mentis? ¿Una confusión de temas? ¿Un adelantamiento precautorio? Imposible saberlo, pero se habría confirmado la fórmula del antídoto del régimen ante nuevas informaciones y ulteriores actuaciones estadounidenses.
Lo más obvio, la carta es para las personas partidarias y simpatizantes, así como para quienes rechazan las formas arbitrarias y abusivas de Donald Trump en el desempeño del cargo, pues posiblemente sea la persona extranjera más impopular para las y los mexicanos.
Hay otros tres efectos a la vista: (a) avivar la polarización y mantener escindida a la ciudadanía entre quienes sostienen y quienes rechazan al gobierno y al partido oficial, sin propiciar el análisis sereno y proporcional del asunto; (b) abrir, promover y tratar de aprovechar la victimización de quien no ha formado una personalidad digna de reconocimiento y atención por sus cualidades para la cosa pública; y (c) plantear la fuga hacia adelante como el espacio y el tiempo para activar la pauta de construcción del “personaje”. Polarización, victimización y propaganda para delinear y presentar a Andy LB en su vinculación intrínseca con la parte de la Nación que desea anular a la otra. De suyo, mucha soberbia, y sus reflejos y reacciones parecerían indicar que se piensan intocables.
