La semana pasada pude finalmente ver, una tras la otra, las dos partes en que Netflix produjo la novela Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez para la televisión de suscripción. La esperada misión imposible.
Se trata, debo decir de entrada, de una hollywoodesca producción soberbia, para la que no hubo escatimo de gastos ni en los recursos materiales, ni en la búsqueda de los talentos. Como su nombre lo indica, la trama acompaña a un puñado de seres humanos de excepción, y a Macondo, su pueblo, desde sus cimientos hasta sus ruinas; un siglo de soledades compartidas.
Los personajes clave tuvieron que ser interpretados magistralmente por diferentes actores para las etapas de sus vidas. La imagen televisiva de la real Aracataca tuvo que ser construida en cuatro versiones diferentes, desde sus chozas de su fundación hasta su estación del tren o las plantaciones, el santuario gringo de la United Fruit Co. y la casa majestuosa de los Buendía.
La compañía productora Netflix suele mantener secretos los costos de cada una de sus aventuras; sobre ésta, que es mayor en sus dos etapas, han dejado filtrar por ahí la cifra total de cincuenta millones de dólares.Tengo los méritos suficientes para afiLos personajes clave tuvieron que ser interpretados magistralmente por diferentes actores para las etapas de sus vidas. rmar que esa cifra es falsa; promedia un costo de tres millones y un piquito de dólares por episodio.
A la vista de las escenografías, 40 mil piezas de vestuario, muebles y utilería tan minuciosamente cuidados, la cantidad de extras para las escenas multitudinarias y para las de calle, los 22 poblados necesarios para locaciones, los efectos especiales imprescindibles, la cifra es una bicoca. Netflix se gastó en Stranger Things alrededor de 300 millones de dólares por temporada, a unos 30 millones por capítulo. 50 millones por los 16 episodios de cien años, es un chiste. Aunque una peccata minuta también. Gonzalo y Rodrigo García Barcha, hijos de Gabriel García Márquez y aparentes dueños de la productora Dynamo que firma de responsable, saben más, aunque sea lo de menos.
Repito, es una producción soberbia de un texto mayor y difícil, como son las grandes novelas. Todo mundo fracasa traduciendo al cine o la tele el Quijote o Pedro Páramo. No podia ser diferente ahora.
La dirección, mayormente de Alex García López y Laura Mora, es de filigrana; el casting no podía ser mejor, a todos los niveles.No se puede evitar la mención de Claudio Cataño, insuperable en sus Aurelianos Buendía, coroneles y no, la excelsa matrona Úrsula que hace Maleyda Soto o la plenitud de vida que le imprimen Angela Cano y Viña Machado,como Petra Cotes y Pilar Ternera, o Lorena Sofía Paz que le da toda la intensa amargura de su Amaranta.
La historia se apega al libro fielmente: pasa lo que tiene que pasar, oímos lo que había que oír, y vemos lo que había que ver.
Y sin embargo…
De la misma manera que los susurros de Pedro Páramo que se deslizan desde los muros de Comala no están en el cine, a este Macondo telenovelado le falta la magia. Una magia que va más allá de las levitaciones de una cuna o un cura en la plaza, o las visitas de ultratumba de Melquíades, el sabio profeta del pasado. Falta la bien escrita, pero en pantalla mal vista, lluvia de flores sobre Macondo a la muerte del fundador José Arcadio; falta la magia de un pueblo inundado de las mariposas amarillas que emergen de los labios mudos de Mauricio Babilonia.
¡Tan se podía haber hecho con los efectos especiales maravillosos de la secuencia final, de un pueblo arrasado por el viento de su memoria, y de las hojas de sus libros que siempre tuvieron ahí el secreto de su vida: “las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra”!
Las grandes novelas de la literatura en castellano, cuando se hacen telenovelas, tampoco la tienen, aunque estén bien realizadas.
PILON PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Ya sabemos cuál ea el verdadero objetivo de la toma de Caracas y la deención e Maduro: las reservas petrolíferas de ya saben quién.
¿Y si la faramalla de que los de doble ciudadanía, no pueden ser gobernadores o presidentes de la República de la ilusión del bienestar, solamente se hace para darle más simpatías a Ricardo Salinas Pliego? Lo está logrando.
