Una cuestión de honor
El reconocimiento a quien puso fin a 36 años de rumbo equivocado que los neoliberales le dieron a México fue sin duda alguna honesto: para Claudia Scheinbaum es un honor estar en los zapatos de su predecesor.
El reconocimiento a quien puso fin a 36 años de rumbo equivocado que los neoliberales le dieron a México fue sin duda alguna honesto: para Claudia Scheinbaum es un honor estar en los zapatos de su predecesor.
El protocolo de la presidencia de los Estados Unidos desde el fatídico 1963, es que el huésped ilustre sea recibido oficialmente en la Casa Blanca.
Los otros apestados, muchos de los cuales son millones de paisanos que sostienen una imbécil política económica con sus remesas desde los Estados Unidos, son iguales, pero no lo son.
En el ambiente electoral que ya vivimos, y en el que el PRI de hoy, la Morena de AMLO, está en el momento de designar a sus candidatos a los muchos miles de puestos
En conjunto, todos insisten en que falta la piedra angular de este arco: la exposición, detención y castigo de los funcionarios de diferentes niveles de gobierno que son parte de las pandillas de delincuentes. Los narcopolíticos.
Pues bien, la Ciudad de México se puso el pasado sábado a jugar a la casita, al mediodía por mandato presidencial, y por un colectivo sentimiento de culpa en todo el país, incluso en zonas de mínima presunción de movimientos sísmicos.
Tan sencillo que es aceptar la realidad. Los gobiernos mexicanos de todos los colores han deteriorado el sistema de enseñanza elemental durante los últimos cincuenta años. Si no le ponemos remedio radical a esto, vamos a convertirnos en un país más idiota.
Nuestro verdadero siglo 21 comenzó más tarde, la mañana del 11 de septiembre, sí en Nueva York, y sí en el extremo sur de la isla de Manhattan, en donde se erigieron hasta ese día las enormes dos torres gemelas del World Trade Center.
La deuda nuestra, la deuda de México, es de veinte billones de pesos Veinte millones de millones de pesos. Cuando se fue el cacique de Macuspana, era la mitad.
La otra afirmación tiene alcances a más largo plazo, pero en terreno que ya siente muy pantanoso, la educación mexicana, y fue hecha por un ignorante de la materia que supuestamente maneja, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado.
En el pleno legislativo, el hijo de aquel Luis Donaldo Colosio Murrieta entregó a sus colegas una pieza oratoria sin desperdicio, poniendo a la administración actual, de la señora presidente con A, peor que un lazo de cochino…
Poco tiempo después, y con mi personal economía dependiendo aún de los veintes que mi padre me daba intermitentemente, mi interés por la vida cívica me llevó al mundo de los millones y los porcentajes.
Fausto Ernesto Corrales Rodríguez es la pieza que faltaba en el rompecabezas que dejó al Mencho mayor en la agonía carcelaria: ¿cómo fue el secuestro del narco y su entrega a las autoridades de los Estados Unidos?
Nacionalidad es un término que aparece en el artículo 82 constitucional, sobre las características que debe tener el presidente de la República.
Los personajes clave tuvieron que ser interpretados magistralmente por diferentes actores para las etapas de sus vidas.
Van a pasar muchos años, irrecuperables, en que comencemos a darnos cuenta del paupérrimo nivel de conocimientos que estos licenciados en ingeniería, medicina, química o física mostrarán en la práctica.
En el catálogo que ahora cesa, de más de mil doscientos títulos, figuran nombres notables de las letras nuestras, como José Emilio Pacheco, Octavio Paz, Juan Rulfo o Monsiváis, por citar unos cuantos…
Es curioso cómo de pronto se me atravesaron dos mujeres colocadas en los dos polos del pensamiento, cuyas producciones sean merecedoras de loa y desprecio respectivamente.
El de Claudia Scheinbaum tardaron en mostrarse precisamente porque están anclados en la paciencia. Esa misma a la que tiene ya casi dos años de acudir cuando se le pone retobón el vecino del Norte.
Prontamente, en el modo bipolar que caracteriza a la señora Scheinbaum, ella hizo público un texto en formato epistolar sin destinatario explícito, calificado como mensaje institucional.