Estamos a punto de iniciar el proceso electoral federal 2026-2027, con motivo de la renovación de la Cámara de Diputados y los sucesivos inicios de los procesos electorales locales para renovar la titularidad del poder ejecutivo en 17 estados (Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Colima, Chihuahua, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas), todos los congresos locales, salvo Coahuila, y las alcaldías de la Ciudad de México, así como los ayuntamientos de todos los estados, menos Durango.

La modificación de los calendarios electorales locales para celebrar la jornada comicial en la misma fecha que la federal, que se dio a partir de la reforma al artículo 116 constitucional de 2007, trajo como consecuencia general un par de tendencias de tensión contraria: las elecciones coincidentes con la presidencial conviven con el influjo primordial de las campañas por el poder ejecutivo de la Unión, y los comicios federales intermedios para las diputaciones conviven con el fuerte ingrediente de las campañas locales para gubernaturas, municipios y alcaldías en la capital federal.

Las votaciones del domingo 6 de junio del año entrante requieren apreciarse a partir de la decisión más representativa en la vida de las personas ciudadanas: la titularidad del poder ejecutivo local y la primera posición para el Ayuntamiento o la Alcaldía. El ingrediente local será determinante en las votaciones para las curules de mayoría relativa en San Lázaro y su consideración para la asignación de las de representación proporcional.

Sólo en el horizonte de la memoria más próxima, los resultados de 2021 mostraron diferencias con 2018 y un contraste propio con 2024.

Recientemente se han dado a conocer los resultados de las encuestas de Mitofsky y de Buendía y Márquez sobre preferencias electorales por partidos. Toman, desde su ángulo, la fotografía del lugar en el cual arrancan las formaciones partidistas antes de los procesos internos, las postulaciones, los registros de candidaturas y, desde luego, las campañas, así y varias de ellas recurran a los eufemismos para adelantar las precampañas y seleccionar a quienes contenderán por las gubernaturas. Ven el panorama nacional. La primera medición reporta las siguientes preferencias: Morena 33.4%, PAN 14.8%, PRI 10.4%, MC 9.8%, PVEM 5.6 %, PT 2.7%, Somos 0.9%, PAZ 0.5%, independiente 5% y sin declarar preferencia 19.4%; la segunda reporta: Morena 35%, PAN 11%, PRI 9%, MC 9%, PVEM 5%, PT 2%, sin cuantificación para Somos y PAZ y sin declarar preferencias 28%.

Mitofsky mide la tasa de rechazo: PRI 48.7%, PAN 44.1%, Morena 36.1%, PVEM 29.8 %, PT 29.3 %, Somos 28.5%, MC 27% y PAZ 26.4%, en tanto que Buendía y Márquez reporta el balance entre opiniones positivas y negativas: Morena +27 puntos, MC +6 puntos, PVEM +3 puntos, PT -1 punto, PAN -27 puntos y PRI -39 puntos. Esta casa encuestadora incluye un componente nacional relevante en torno al rumbo del país, donde 41% estima que “va por buen camino” y 43% considera que “va por mal o muy mal rumbo”.

Enfatizo que no se ha medido intención de voto sino preferencia en el espectro partidista. En la pregunta aludida sobre el rumbo de la República destaca el clima de polarización de la ciudadanía, en tanto que de lo publicado se aprecia una brecha entre las muestras sobre quienes no refieren alguna preferencia partidista (19.4 % y 28%), que Mitofsky explica a partir de colegir, con base en la medición precedente de agosto de 2025, como un movimiento de las personas electoras hacia preferir ahora a algún partido.

Ambas encuestas y otras que se publicarán constituyen elementos valiosos para la reflexión y planeación política de los partidos, las posibles coaliciones en lo federal y lo local, así como para las estrategias de amplitud nacional. Sin embargo, los comicios se definirán en el ámbito local: la gubernatura, el Ayuntamiento y la Alcaldía, con su influjo en los distritos electorales federales para renovar la Cámara de Diputados. La determinación de las candidaturas a gobiernos locales, más las correspondientes a las presidencias municipales y las alcaldías de las 100 circunscripciones de esa naturaleza con mayor población adicionales a los 17 estados que renovarán la gubernatura, serán fundamentales, sin demérito de las propuestas de gobierno y los compromisos que capturen la simpatía y el voto mayoritario de la ciudadanía. Por supuesto que influirán las maquinarias electorales de los partidos y las ventajas o desventajas que se desprendan de las gestiones gubernamentales en curso para quienes pidan el voto.

Sin embargo, parecería tener más peso el análisis fino del panorama en cada entidad federativa y sus municipios o demarcaciones territoriales en la Ciudad de México, que una fotografía nacional; son varios centenares de escenarios locales, pero, al menos, 117 de especial atención para los resultados del año próximo y la integración de la Cámara de Diputados. Primero, asumamos la relevancia de las 17 elecciones de ejecutivo local, pues en esos estados se comprenden 101 distritos federales; luego, consideremos los 100 municipios/demarcaciones territoriales más pobladas del país que no se ubican en esos 17 estados (Iztapalapa, León, Puebla, Ecatepec, Zapopan, Guadalajara, Gustavo A. Madero, Nezahualcóyotl, Mérida, Toluca, Saltillo, Naucalpan, Álvaro Obregón, Tlajomulco, Torreón, Chimalhuacán, Reynosa, Tlalpan, Durango, Tlaquepaque, Centro, Tlalnepantla, Coyoacán, Veracruz, Tuxtla Gutiérrez, Irapuato, Tonalá, Cuautitlán Izcalli, Tecámac, Cuauhtémoc, Ixtapaluca, Matamoros, Atizapán de Zaragoza, Celaya, Tultitlán, Xalapa, Venustiano Carranza, Xochimilco, Benito Juárez, Azcapotzalco, Nicolás Romero, Nuevo Laredo, Miguel Hidalgo, Iztacalco, Chalco, Tláhuac, Valle de Chalco Solidaridad, Cuernavaca, Gómez Palacio, Tapachula, Victoria, Tehuacán, Pachuca, Coatzacoalcos, La Paz, Tampico, Coacalco de Berriozábal, Puerto Vallarta, Huixquilucan, Zumpango, Texcoco, Salamanca, Oaxaca, Altamira, Magdalena Contreras, Cárdenas, Metepec, Monclova, Ocosingo, El Salto, San Cristóbal de las Casas, Jiutepec, Comalcalco, Cuajimalpa, Ciudad Madero, Zinacantepec, Córdoba, Silao, Mineral de la Reforma, Huimanguillo, Poza Rica, Cuautla, Piedras Negras, Lagos de Moreno, San Miguel de Allende, Acolman, Tizayuca, Tulancingo, Comitán de Domínguez, Lerdo, Acuña, Dolores Hidalgo, Macuspana, San Juan Bautista Tuxtepec, Papantla, San Martín Texmelucan, Tuxpan, Pénjamo, Milpa Alta y Tepatitlán), y encontraremos que ahí se ubican 125 de las cabeceras de otros tantos distritos federales. Es decir, 3 de cada 4 diputaciones uninominales y la votación nacional emitida para las plurinominales se definirá en ese universo. Un dato, de esos 100 distritos, en el Estado de México, la Ciudad de México y Jalisco se comprenden 67. Una conclusión evidente hacia la futura conformación de la LXVII Legislatura en San Lázaro: la elección de sus integrantes estará territorialmente subordinada en una proporción muy elevada a la dinámica de las elecciones locales concurrentes. En 17 carreras estatales y 100 municipales o de alcaldías estará la definición real de la preferencia electoral para el efecto federal y la prueba específica de la real expresión ciudadana por alguna de las opciones en la boleta.

Antes de valorar los 74 distritos uninominales fuera del universo delineado, ¿cuál es la competitividad de los partidos y las coaliciones hipotéticas, la participación histórica y la tendencia de la intención del voto para aspirar a la obtención del resultado electoral favorable en los territorios donde se definirán los comicios de 2027?

Parecería que las estrategias electorales de los procesos 2026-2027 merecerían reconocer el fortísimo ingrediente de las principales carreras estatales, municipales y de alcaldías y las convergencias posibles para afirmar la preferencia en lo local y los entendimientos estratégicos para su incidencia en la integración de la Cámara de Diputados. Ahí se define un contrapeso indispensable hacia el 2030.