La educación mexicana está transformando también la manera en que se evalúa. Con la Nueva Escuela Mexicana, evaluar ya no significa únicamente asignar una calificación o medir cuánto contenido puede recordar un estudiante, significa conocer cómo aprende, identificar sus avances, detectar sus necesidades y utilizar esa información para mejorar la enseñanza. Bajo esta visión surgen los Ejercicios Integradores del Aprendizaje (EIA), una herramienta diseñada para poner la evaluación al servicio del aprendizaje.
Los EIA tienen un propósito esencialmente formativo, el de generar información que permita a docentes y comunidades escolares reconocer qué conocimientos, habilidades y capacidades han desarrollado sus estudiantes y cuáles requieren fortalecerse. Para ello, plantean situaciones y problemas contextualizados que permiten observar no solamente lo que un alumno sabe, sino cómo utiliza lo que sabe para resolver situaciones concretas.
Su aplicación incorpora rúbricas que orientan la valoración de los aprendizajes y permiten ofrecer retroalimentación. Así, el resultado de una evaluación no termina en una cifra, sino que se convierte en información para ajustar estrategias pedagógicas, atender dificultades y acompañar de manera más pertinente a cada estudiante. Es una evaluación que busca intervenir a tiempo, no únicamente registrar resultados.
Este enfoque cobra particular relevancia en un momento en que los sistemas educativos de todo el mundo enfrentan nuevos desafíos. Los resultados de PISA 2025 volvieron a colocar sobre la mesa el desempeño de los estudiantes mexicanos en matemáticas, lectura y ciencias, pero también mostraron que la disminución de aprendizajes es un fenómeno internacional. La propia OCDE ha advertido sobre un retroceso generalizado y sobre las profundas transformaciones en los hábitos de aprendizaje.
El secretario de Educación Pública, Mario Delgado, ha señalado entre los factores de este contexto el uso intensivo de dispositivos electrónicos y su impacto en la atención y las formas en que niñas, niños y adolescentes se relacionan con el conocimiento. Es un desafío que trasciende a México y obliga a repensar las herramientas con las que se enseña y se aprende.
Al mismo tiempo, los resultados de PISA no deben leerse únicamente desde la perspectiva del retroceso. Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE, reconoció la resiliencia del sistema educativo mexicano, así como el hecho de que nuestro país haya ampliado las oportunidades educativas sin incrementar la brecha de aprendizaje y mantenido estabilidad en algunos indicadores frente a un escenario internacional adverso.
PISA aporta una referencia internacional valiosa, pero no puede ser la única manera de mirar la educación. Una prueba estandarizada permite comparar sistemas; los EIA permiten comprender procesos y actuar sobre ellos.
Ambas perspectivas pueden coexistir, pero la prioridad debe estar clara: evaluar para que los estudiantes aprendan más y mejor.
Porque una evaluación verdaderamente útil no es la que solamente nos dice dónde estamos, sino la que nos ayuda a saber qué debemos hacer para avanzar. Ese es el sentido de los EIA y uno de los cambios de fondo que impulsa la Nueva Escuela Mexicana.
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