En el aniversario 84 del nacimiento de Marco Aurelio Carballo (Tapachula, 20 de septiembre de 1942-Ciudad de México, 1 de agosto de 2015) trasncribo las primeras líneas de su texto “Tres páginas de diario” (Sin novedad en el metro y otras turbocrónicas, IPN, 2009).
Lunes 16.10.89.- Suena el teléfono. Es Elena Garro. Quiere que le haga un favor. Que llame al número de Octavio Paz y diga que soy un amigo de Helena Paz y pida que contesten una llamada de ella, que no le cuelguen. Ella ha intentado hablar con su padre en tres ocasiones, pero terminan por colgarle. Elena Garro habla con furia de Marie-José, a quien llama “la argelina ésa”, y la acusa de boicotear las llamadas de Helena Paz a su padre. Su hija, como debo saber, fue atropellada por la esposa de un diputado francés. Quieren el consejo de Paz acerca de si demandan o no a la mujer. También que ayude a Helenita, pienso. Ella ha estado en el hospital pero se ha salido porque le iba a costar muy caro. Me gustaría estar cerca de la argelina ésa para ir y meterle de cuchilladas, dice furiosa Elena Garro pero luego ríe feliz de su ocurrencia.
Se supone que Paz está en NY y que regresa hoy lunes. Cuando Helena ha hablado le han dicho que llame en la noche. Las Elenas creen que Marie-José contesta el teléfono y en voz baja dice que el marido no está aunque esté. Está porque Marie-José no lo deja ir a ningún lado sin ella. Si ella está es porque él está en casa.
Una sirvienta buena gente aseguraba que Paz le había dicho que aunque estuviera con el presidente de la república le pasara la llamada si era su hija Helena. Pero a esa sirvienta la corrieron. Quedamos en que me hablarán después.
Marco el número de Paz. Ocupado. Me vuelve a hablar Elena Garro. Le cuento. Seguro descolgaron la bocina, dice ella.
Que siga intentando. Dos horas después me contestan. Voz de mujer. Hablo de la Secretaría de Gobernación, digo, y pido que le contesten el teléfono a Helena Paz atropellada en París. La mujer me pregunta quién habla. De parte del secretario Fernando Gutiérrez Barrios, miento. Me cuelgan.
Varias horas después vuelve a llamarme Elena Garro. Le digo lo que he hecho. Parece preocupada. Pregunta si la he mencionado a ella. Para nada. Sólo a Helena. Entonces ríe. En una hora hablarán, dice. En una hora serán aquí apenas las cinco y media de la tarde. Ella dice que a esa hora ya serán las doce de la noche en París.
Ya no vuelve a llamar… ese día.
Martes 17.10.89.- Como a las once de la mañana entra la llamada de Elena Garrro. Helena Paz habló por fin anoche con su papá, dice. Él le pidió que dejara de pedir que lo llamaran de Gobernación. Que no quería volver a pelearse con ella. Helena Paz le dijo que era un amigo Alanís. Paz dijo que no quería saber quién era. Luego le aconsejó no demandar a la mujer que la atropelló, pero que tampoco se dejara. A Paz le habían dado su recado una sola vez a pesar de que Helena dijo que le había llamado cuatro veces.
Elena Garro me pide que no ataque a Paz. Claro que no, le digo. Helena le preguntó a su padre si estaba molesto porque Elena Garro le hubiera llamado para dar aviso de que había sido atropellada. Paz le contestó que era natural que la madre interviniera para informar de un asunto tan grave.
Elena me dice que ya supo que he subido de peso (?) Que me ponga a dieta. Que le mande el original de mi primer mamotreto.
Jueves 19. 10.89.- ¡Yo, Elena Garro, voy a escribir algo contra ese gobierno cabrón! Fue un grito al teléfono que me estremeció de pies a cabeza […]
