El expresidente Andrés Manuel López Obrador reapareció desde su actual domicilio conocido como “la chingada”, y después de un mensaje de más de una hora, pareciera que no se enteró de lo que ha sucedido en nuestro país en los últimos dos años.

Ante semejante rollo que se aventó, dirían los jóvenes, habló de temas muy delicados, y que sin duda en estos dos años han lastimado gravemente al pueblo de México. Aseguró, entre otros disparates, el que ya se acabó la corrupción.

Ay caray, acabó solo en su cabeza, ya que precisamente en últimas fechas se han destapado graves casos de corrupción dentro de su sexenio. Y, lo más grave, uno de los principales señalados es su hijo.

A lo mejor no se enteró del famoso huachicol fiscal, el escándalo del balastro de mala calidad, la venta de medicinas, la salida del país de uno de los mejores amigos de su hijo y que hasta la propia Unidad de Inteligencia Financiera le ha descubierto transferencias millonarias.

Aseveró que la mayor riqueza de México es la honestidad de su pueblo. En eso no se equivoca, la corrupción es entre sus gobernantes y sus lujos desmedidos que según él ya no hay.

A lo mejor no está enterado de los lujos que presumen sus hijos en redes sociales, se ve que se metió de tiempo completo a escribir su libro y se olvidó de lo que pasa en el país.

Dijo también que no hay que tenerle apego ni al poder ni al dinero, la felicidad es estar bien con el prójimo, con nuestra conciencia, resaltó. No sería bueno que eso se lo hubiera inculcado a sus hijos, quienes por lo visto tienen un gran apego a los lujos, como por ejemplo beber vino que ya ni Obama.

Dice que no quiere ser cacique, caudillo o jefe máximo y que por eso se mantiene en su finca la chingada escribiendo su libro, sin embargo, como siempre ha sido, contradictorio y con mensajes cifrados, reaparece precisamente a un día de que la presidenta Claudia Sheinbaum cumpliera dos años de su mandato.

El mensaje de López Obrador tachado por algunos como de hueva, verdaderamente es surrealista, habla de todo menos de lo que está pasando en México.

Por qué no habló de que a su hijo le quitaron la visa, de los escándalos de corrupción de Amílcar Olán, uno de los amigos íntimos de Andy, que, por cierto, durante su sexenio se convirtió en un nuevo millonario.

Tampoco habló del caso Rocha Moya o de su hermano Adán Augusto y el cártel de la barredora. Del descarrilamiento del tren interoceánico que provocó la muerte de catorce personas ni media palabra le ocupó, tampoco del incendio en la refinería tres bocas donde murieron cinco personas.

Seguramente en la chingada no tiene televisión o internet, por lo tanto, no se entera de nada. De los viajes o lujos de sus hijos no está informado, de los señalamientos de algunos de sus más cercanos colaboradores durante su sexenio tampoco supo nada.

Al tiempo, cada día la gente o el pueblo, como él le llama, abre los ojos y ya es inevitable que apariciones como estas solo sean defendidas por los de siempre, aquellos que toman sus dichos como si fuera el líder de una secta.

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