Para un joven judío religiosamente criado en su familia, la ceremonia más importante de su vida, mientras llega el matrimonio, es la del Bar Mitzvah. Suele hacerse a los 13 años. En las mujeres, su equivalente es el Bat Mitzvah y en ellas es a los doce. Sabiamente, el judaísmo entiende que la mujer, desde el inicio, suele madurar de manera más temprana que el varón. Y más sabiamente.
Los pueblos originarios de México, hoy tan socorridos, solían tener -a esas mismas edades, más o menos- la festividad del paso: tránsito de la pubertad a la edad adulta. Cuando llegaron los europeos, aportaron y mezclaron el rito con la fiesta de los quince años de las niñas. Obviamente, las raíces son comunes.
A diferencia de aztecas, judíos y cristianos, en el Islam el momento del Mukalaf no es ceremonia pública, sino familiar. Pero, igualmente, implica la llegada del individuo o individua a una etapa en que adquiere obligaciones de conocimiento, respeto y sumisión a las leyes de la iglesia y la sociedad, como el el rezo en los hombres y el uso del velo en la mujer. Mukalaf quiere decir responsabilidad.
Las tres versiones convergen en lo mismo: la adquisición de un estatus de individuo responsable y válido como tal en la iglesia, es decir, la sociedad. Bajo una óptica extremadamente seglar, la fiesta de la quinceañera es, y suele llamarse así, la presentación en sociedad de la chamaca, con sus mejores vestimentas, danzas y atractivos. Rayando ya en lo agresivamente obsceno, los padres ofertan a la hija en el mercado matrimonial.
Pues resulta que el otro día el movimiento que no puede decir su nombre de partido político porque no lo es, tuvo su fiesta quince años. Imagínese a Morena de vestido ampón, color de rosa y con diadema en la testa. ¡Fiestón!
Bueno…
Brincos dieran en Palenque o Palacio Nacional si hubiesen llegado a las taquillas de mi amada Tania Libertad, Oscar Chávez o Mijares, ya no se diga Luis Miguel. Cualquiera de ellos, llenaron y siguen llenado tres o cuatro veces el Auditorio Nacional (9,366 butacas en cinco secciones) con entusiastas participantes de esas bellas ceremonias de comunión pagana que son sus conciertos.
Yo no estuve ahí, pero me dicen que, si acaso, llenaron tres cuartas partes del recinto. Y que, por mucho, fue un quinceaños bastante pinchón.
Por lo pronto, faltó el papá de la muchacha, que debe abrir la pista llevando a su hija al primer vals. La mamá, ni sus luces. Nada de quince damas con sus respectivas parejas. El chambelán de la damisela, que en Europa le decían antes en franco germánico kamarling y en España camarlengo, anduvo repartiendo abrazos y selfies mientras le gritaban “no estás solo”. Andy, el camarlengo de la quinceañera, entró por la puerta trasera y lo colocaron en la quinta fila.
Pero ahí estuvo Andy. Al que no vieron fue a Adán Augusto ni al Monreal jefe.
La madrina, Adriana Montiel, habló elogiosa de la estirpe de la muchacha. Evocó los nombres de Camacho Solís, René Drucker, José María Pérez Gay, Ifigenia Martínez, Rosario Ibarra y Arnaldo Córdova. Enseñó el cobre (¿acaso podía enseñar otro metal?) omitiendo a Porfirio Muñoz Ledo.
Estoy seguro de que en los quinceaños se reparte al final un pastel. Esta vez no hubo. Por lo menos, no en publico. Ni modo que me dieran una rebanada Están muy peleadas..
Pido perdón porque la crónica de sociales no es lo mío.
PILON PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Quiero dejar esto escrito porque sé que es premonitorio.
De las muchas mentiras de Samuelito, el gobernador de Nuevo León, el monorriel se vuela la barda . Sí, el que iba a estar listo para el mundial de este año.
La línea cuatro de ese transporte que será “el más grande de Latinoamerica”, es el más visible (eso quiere decir molesto para los regios) porque sus seis estaciones en siete kilómetros están a lo largo del río Santa Catarina y la avenida Constitución. Pegadito y en medio de ambos.
Ya en dos ciclónicos aguaceros, en cierto cruce que yo me sé, el talud norte del río cedió a la terquedad imperiosa del agua, que le dio una gran mordida a la avenida. La última invasión igual sigue sin reparar.
La próxima, le va a romper la madre a la línea cuatro. Con toy y monorriel. Dice Sammy el mentiroso que entonces entrará en acción el Metro, para remendar.
Lo dije yo primero.
Y no me da gusto.
