Esta es una historia típicamente mexicana: implica pillerías conocidas y complicidades bien encubiertas, en el esquema de una de las más nobles instituciones del estado mexicano, el Instituto Mexicano del Seguro Social.

El IMSS nació como un innovador sistema para proporcionar a los mexicanos atención médica gratuita en todos los niveles, incluyendo medicamentos dentro de un llamado “cuadro básico”. Es un organismo tripartita que administra el estado al través de un director(a) nombrado por el gobierno federal. Su financiamiento surge de las aportaciones, a partes iguales, de un porcentaje del salario del trabajador, que pagan el patrón, el asegurado y el gobierno. Muy bien.

En sus ochenta y tres años de existencia el Seguro Social ha crecido y sus servicios médicos han ido de precarios a medianos y mejores, sin llegar a la excelencia, salvo en casos excepcionales que merecen mucha atención de la prensa.

Una de sus patas chuecas ha sido el tema de las pensiones por edad avanzada o vejez. La ley establece que a su retiro, cada trabajador debe recibir  un porcentaje del último salario cotizado. A los 60 años de edad, el 75%, con alzas sucesivas hasta los 65 años del jubilado que llega al cien por ciento.

La trampa, bastante generalizada, era que el patrón no registraba al trabajador con su salario real, sino con uno muy inferior; a veces, con el salario mínimo. Así, patrón, trabajador y gobierno, contribuían menos. A la hora de la jubilación, el que pagaba el pato era el jubilado: 100 por ciento de una cantidad menor y falsa de origen.

A pesar de que el IMSS tenía contemplada desde sus inicios que el trabajador podía seguir sin trabajar, dentro del Seguro, fue en la ley del IMSS DE 1995/97 que formalizó la llamada modalidad 40, que hoy ha sido sacudida en su cimentación.

¿En qué consiste la modalidad 40, muy popular entre la clase media?

En que el asegurado puede inscribirse en un programa de “continuación voluntaria en el régimen obligatorio”, aportándole al Seguro una suma considerablemente mayor al salario declarado, a fin de aumentar el número de semanas cotizadas, necesarias para obtener una pensión, y que su monto fuese más alto. Una especie de caja de ahorro con muy altos rendimientos.

Suena lógico, ¿no?

El tope inferior para entrarle a la modalidad 40 es el salario mínimo. El tope máximo son por día 25 UMAs (Unidad de Medida y Actualización) que es un referente económico para calcular el pago de obligaciones,multas, impuestos, créditos y trámites gubernamentales. Las matemáticas no son mi fuerte, espero no equivocarme. Con ese parámetro, quien quería tener la pensión más alta tenía que pagar 25 UMAs al mes. Al día de hoy sería más de 90 mil pesos. Así se iba a calcular su pensión mensual, con base al último sueldo. Alguien me dijo que hay pensionados así.

Escribí iba, y sería. Porque ya no hay tu tía.

El gobierno federal ha decidido, con validez inmediata, una lista de cambios a la modalidad 40. En primer lugar, y sin decirle a nadie, desde hace dos meses están suspendidas las inscripciones nuevas a ese beneficio. En segundo, los que quieran entrarle al cochinito, el tope máximo que se pueden adjudicar es el último salario registrado, así sea el mínimo, más una UMA, es decir 117 pesos 30 centavos  por día en 2026: el UMA cambia de valor cada año.

Los que ya estaban arriba del carro con la vieja, pueden seguir hasta que expire el plazo convenido en la inscripción.

Qué gachos, ¿no?

 

PILON PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): El que piense que corriendo a Zoé Robledo de la dirección del IMSS resuelve el problema está equivocado.

Aquí se conjugan la ineficiencia administrativa y la innegable falta de fondos del gobierno. Solamente podemos esperar una mayor recaudación “sin subir impuestos o imponer nuevos”.

El mejor ejemplo es el predial, que todo mundo pagamos según el valor catastral de nuestra propiedad, cuando el valor comercial es más alto, siempre.

Hacer los ajustes para que el causante pague por el nuevo valor, a la misma tasa antigua, no es subir los impuestos, ¿verdad?

felixcortescama@gmail.com