En homenaje a René Avilés Fabila (15 de noviembre de 1940-9 de octubre de 2016), a 10 años de su fallecimiento, la UAM-Xochimilco honra al que fuera profesor investigador y coordinador de Extensión Universitaria de esa casa de estudios, con debates y mesas redondas sobre sus aportaciones al periodismo, la literatura y la promoción cultural; proyección de videos, transmisión de testimonios radiofónicos, una exposición de Los búhos del búho, con las ilustraciones de cientos de artistas plásticos para el suplemento y revista que el escritor dirigió por décadas, y se convocó a dos concursos literarios que llevan su nombre (minificción y periodismo). Además, se editó una plaquette de distribución no venal con 17 de sus textos breves: René Avilés Fabila. Imaginación y memoria viva de nuestro tiempo. Transcribo algunas líneas.

“Los minicuentos y yo”: […] Inicié escribiendo cuentos de muy pequeñas dimensiones y he seguido la tarea con asombrosa fidelidad. Provienen principalmente de las fábulas clásicas, los haikús y las greguerías. Son parte escencial del ingenio y la precisión, del reino de la invención pura […] me siento mejor navegando en las delicadas aguas del texto de dimensiones comprimidas. A diferencia de Rivera, Siqueiros y Orozco, amo los cuadros de caballete. Sobre las inmensas obras de Wagner, con frecuencia opto por las piezas de Chopin o de Satie. Ante la novela río, me sumerjo en Borges. Me gustan las cajitas musicales, los camafeos italianos y las miniaturas laqueadas chinas. Si pudiera agrupar mis cuentos breves y acaso ordenarlos temáticamente, probaría que he sido fanático del pequeño texto […]

“Mis amores literarios”: Siempre me he preguntado, qué fue primero, mis personajes femeninos o las mujeres que me sirvieron de modelos, no he sabido responder y me queda la duda de si antes de conocerlas, inventé mujeres hermosas y sensibles, y las amé tanto y tan intensamente que terminé haciéndolas una prodigiosa realidad.

“Los grados de maldad del demonio”: Jonathan Swift precisó alguna vez, antes de acercarse a la locura, que cuando el diablo está satisfecho, es buena persona; tenía razón, estudios posteriores así lo han probado, una vez que la cosecha de almas ha sido buena, el monstruo se suaviza, se dulcifica y hasta de buen humor se pone, es capaz de liberar almas perversas que Dios obviamente se niega a recibir en el paraíso, esto me lleva a otra reflexión, ¿el demonio es pecador?, ¿qué mandamiento de la ley de Dios viola?, tengo la firme idea de que es un cristiano ejemplar, cumple con todo aquello que le fue asignado por Dios, ¿no anda el pobre buscando aquí y allá en todos los tiempos almas débiles, probando la fortaleza de los piadosos e intachables creyentes?, es un feo oficio que con frecuencia padece severas recriminaciones y hasta ironías de escritores talentosos como Goethe. No cabe la menor duda, el demonio es la más sufrida y abnegada víctima del señor, recemos por su descanso eterno, lo merece.

“Egipto antes de Hollywood, I”: Cleopatra, tan bella o más que Nefertiti, peinaba sus sedosos cabellos con suaves movimientos reales, se miró en el espejo de acero bruñido, con esa soberbia hermosura, y su talento político añadido, llevó a cabo sus más audaces ambiciones de poder: dominar Egipto y conquistar a la orgullosa Roma; de pronto, detuvo el peinado y se concentró en su propio rostro, dijo para sus adentros: cada día, me parezco más a Elizabeth Taylor.