No puedo, ni quiero, ocultar mi regocijo por el resultado de las elecciones intermedias en los Estados Unidos el primer martes de noviembre, esto es ayer.

Tampoco fue una sorpresa la manifestación del norteamericano común, no solamente los negros e hispanos: una consecuencia apabullante de los resultados es el relevo de gobernadores en los cuatro estados, California, Arizona, Nuevo México y Texas, que hacen frontera con nuestro norte.

Si, como decía el comercial de la W hace setenta años, “de Sonora a Yucatán se usan sombreros Tardan, a partir de ahora habría que decir que de San Isidro a Brownsville no hay gobernadores gratos a Donald Trump.

Particularmente debe hacernos caricias a la recóndita mexicanidad, que dos estados que económicamente son pilares, y políticamente fueron una trompada a Trump. California y Texas, van a ser gobernados por personas a los que hace tiempo llamamos despectivamente pochos.

Xavier Becerra y Gina Hinojosa nacieron en los Estados Unidos de padres inmigrantes. Sus carreras políticas han estado ligadas a la defensa de las causas civiles. Algunos medios las califican de “populismo” hispano. Lo cierto es que la señora Hinojosa pone fin a 30 años de gobernadores del partido republicano y es la primera mujer hispana en llegar a la capital, Austin, a sentarse en la silla de gobernador, que pretendió Greg Abott en reelección.

Por ahí anda el secreto. Abott en Texas y el todavía gobernador de California Gavin Newsom apoyaron -si bien en distinta intensidad- la política brava de Donald Trump para reprimir la inmigración. Al bote para los hispanos de Trump los ciudadanos opusieron su voto.

De la misma manera que fue factor más importante que los abusos del ICE, en la debacle del gobierno republicano está la guerra.

Lamentablemente, los Estados Unidos tiene tradición en eso de involucrarse, y perder hombres, en guerras sin causa real ni justificación. La guerra de Vietnam, para apoyar un régimen local espurio y corrupto, duró veinte años y le costó a los Estados Unidos unas sesenta mil vidas de jóvenes.  La guerra de Iraq se “justificó” por la supuesta presencia de armas nucleares en las trincheras de Saddam Hussein, cosa que nunca se demostró: ocho años duró el engaño. La actual guerra contra Irán, sólo en apoyo del gobierno de Netanyahu en Israel tiene como causal la misma amenaza nuclear por parte de los ayatolas persas. Ya llevamos ocho meses. Y contando.

No es que al votante estadounidense le importen mucho los muertos lejanos; si son ajenos, mejor.

Pero cuando la política se mete al bolsillo, ahí a todos nos duele mucho.

El conflicto de Oriente Medio ha disparado el precio del petróleo a niveles escandalosos. Que se reflejan en los guarismos que marcan las maquinitas expendedoras de gasolina y de diésel. Y eso cala, no solamente en el tanque del automóvil, sino en los costes de todo lo que se transporta para el consumo a la casa del que tuvo que repensar su voto el martes.

¿El voto por el cambio o el bote de la prisión económica?

Pero hay que ponerle freno al entusiasmo por la derrota de Trump y su partido. Es cierto, los demócratas ganaron ya una amplia mayoría en la cámara de Representantes y diez escaños más en el Senado que los republicanos. Aunque tienen mayoría, no les alcanza para revertir el recurso presidencia de vetar cualquier decisión del Congreso que no le guste.

Donald Trump, por dos años más, será el presidente del veto.

 

PILON PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Sólo una rase para la historia: “Yo soy incorruptible”.

Samuel García, gobernador de Nuevo León.

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