Pensamiento crítico y cambio comunicativo/II-III

Javier Esteinou Madrid

Dentro del contexto de emergencia de la nueva corriente cuestionadora de la comunicación, cobró una relevancia especial la figura de Antonio Arnaldo Pasquali Greco, en Venezuela, pues fue una de las voces más relevantes de la investigación critica de la comunicación en América Latina, cuyos aportes contribuyeron importantemente al desarrollo científico de esta disciplina y a impulsar un nuevo orden de la comunicación internacional que propiciara en dichas coordenadas la existencia de canales de servicios públicos de la alta factura, eficientes y ciudadanizados.

Entre sus obras más relevantes figuran, entre otras, Comunicación y cultura de masas, Sociología e comunicaçao, El aparato singular. Análisis de un día de TV en Caracas, Proyecto RATELVE. Diseño para una nueva política de radiodifusión del Estado venezolano, Comprender la comunicación, De la marginalidad al rescate. Los servicios públicos de radiodifusión en la América Latina, La comunicación cercenada. El caso Venezuela, El orden reina, escritos sobre comunicación, Las telecomunicaciones. Memorias de un país en subasta, Bienvenido global village, Del futuro: hechos, reflexiones, estrategias, Diez y ocho ensayos sobre comunicaciones, La comunicación mundo. Releer un mundo transfigurado.

El abanico de tópicos que abordó Pasquali a través de sus diversos textos retomando y adaptando el espíritu de la Escuela de Frankfurt a Latinoamérica, figuran, entre otros, las características del modelo dominante de la televisión, los condicionamientos estructurales de los flujos de información, las características de la cultura de masas, el rol de los poderes fácticos mediáticos, el desmantelamiento de las telecomunicaciones en América Latina, la globalización cultural, el impulso al nuevo orden informativo mundial, la función de los medios de servicio público, la formación de políticas nacionales de comunicación y la creación de modelos alternativos de comunicación para las sociedades periféricas.

Entre los principales aportes conceptuales que generó Pasquali desde su formación filosófica a la corriente crítica latinoamericana de la comunicación, destaca como piedra angular de su pensamiento la diferencia sustantiva que trazó entre los procesos de  información y las dinámicas de comunicación. Así, señaló que el ser humano es la única especie que desarrolla al máximo grado la capacidad de comunicar al utilizarla como instrumento de interacción, de descubrimiento de la presencia del otro, de con-saber, de saber con alguien, tratando de acondicionar la voluntad de entendimiento mutuo, que se denomina diálogo.

Asimilada en esta forma la comunicación, dicha dinámica se convierte en una acción bivalente, de modo que quien transmite puede recibir y quien recibe debe poder transmitir. Existe en ello un carácter dialógico, que se da entre individuos con autonomía ética. Por consiguiente, la comunicación supone necesariamente un intercambio dialéctico de mensajes, en la que los polos dialogantes pueden hacer reversible la dirección del flujo y poseen una simetría basada en la posesión del máximo “coeficiente de comunicabilidad”, que es el que distingue la comunicación humana de otras formas de vida con “bajos coeficientes” de comunicación.

En cambio, en el proceso informativo, el diálogo se sustituye por la alocución, por el camino unidireccional y sin retorno del mensaje. En este sentido, no hay comunicación ni relaciones dialécticas de otro tipo con la naturaleza y la “materia bruta”, pues en este caso sólo existe una “relación monovalente” o una “relación de información”, donde los mensajes emitidos no tendrían retorno mecánico, ya que los participantes presentan un “bajo coeficiente” de comunicabilidad.

Por lo tanto, siendo coherentes con dichas diferencias fundamentales, en la práctica cotidiana de la difusión y cultura en América Latina es necesario sustituir el concepto de teoría de la comunicación por el de teoría de la información, con una clara distinción entre las vertientes cibernética y antropológica del denominador teórico o conceptual. Siguiendo esta lógica no es correcto sostener la denominación de medios de comunicación de masas, porque en el proceso que ejecutan no hay bivalencia, simetría, diálogo. Se trata de medios de información, con un “coeficiente de comunicabilidad” bajo. Los medios no sólo cosifican al receptor, sino que también producen sobre él un efecto paralizante, ya que le restringen su posibilidad real de la comunicación, su capacidad de intervención.

Aplicando estas diferencias conceptuales a los procesos de construcción de las estructuras sociales, es fundamental considerar que tales perspectivas analíticas arrojan resultados muy diferentes si se emplea una u otra sobre las mecánicas de funcionamiento de las comunidades contemporáneas. Así, por ejemplo, en México y otros países no es lo mismo crear democracia informativa que producir democracia comunicativa.

Por una parte, la democracia informativa no permite que los auditorios participen, respondan, intervengan, sustantivamente en el proceso de creación de la comunicación social más que como simples receptores o consumidores unilaterales de datos, signos, mensajes, valores, tendencias, concepciones y visiones de la vida. En consecuencia, en el mejor de los casos, la democracia informativa sólo ofrece a los ciudadanos la opción de contar con diversas fuentes de información de la cuales se nutren para pensar, decidir y actuar; pero no les concede a éstos el derecho elemental de participar interactivamente como actores fundamentales en esta dinámica bilateral o multilateral.

En contraparte, por otro lado, la democracia comunicativa es una acción completamente distinta a la acción informativa, pues ésta si permite que los ciudadanos participen en la dinámica e incidan sobre los procesos de producción de la comunicación social, al conceder que los receptores también expresen al emisor y al resto de la sociedad sus puntos de vista, opiniones, intereses, posiciones, desacuerdos sobre las diversas temáticas que se abordan por el polo emisor en su agenda de tópicos.

En este sentido, otorga a los habitantes el derecho y la capacidad de que estos generen diversas dinámicas de comunicación donde éstos si participan, aportan, expresan, e influyen socialmente sobre tal fenómeno colectivo, incidiendo interactivamente en la construcción del nuevo espacio público mediático de la república.

En consecuencia, es un gravísimo error conceptual, político y civilizatorio pensar que se producen fenómenos de comunicación social, cuando sólo se generan flujos y efectos informativos, pues la comunicación implica intercambios bilaterales y no unidireccionales. Las dinámicas de información y de comunicación cuentan con esencias cotidianas completamente distintas para formar la democracia que deben ser diferenciadas para saber que tipo de democracia se cultiva: democracia de dirección unilateral o democracia de participación bilateral.

 

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