Pensamiento crítico y cambio comunicativo/III y última

Javier Esteinou Madrid

Los cambios en las realidades comunicativas en México y América Latina durante el siglo XX y principio del siglo XXI no solo se han producido por la presencia activa de diversos movimientos sociales alternativos que demandaron la transformación de estas realidades, o por las modificaciones introducidas por las dinámicas pragmáticas del mercado, o por iniciativas de los partidos políticos; sino fundamentalmente se han generado por el surgimiento de otros investigaciones, diagnósticos, concepciones, pensamientos, teorías y utopías a nivel colectivo que inspiraron la creación de otros modelos de comunicación nacionales, y que posteriormente fueron retomados como banderas ideológicas por diversos grupos sociales, movimientos o instituciones para exigir la mudanza comunicativa. Ello ha constatado que, a mediano o largo plazo, la fuerza de las ideas y su difusión colectiva es el motor central que produce el cambio social y no el mero activismo comunitario o partidista que aparece en fases coyunturales de la evolución civilizatoria.

Esta situación respalda la importancia de analizar el pensamiento comunicacional de algunos de los principales pioneros de la corriente crítica que marcaron el cambio de la comunicación y de la cultura en América Latina, pues a través de sus ideas se transmitió el germen de un nuevo conocimiento que a lo largo del tiempo contribuyó de manera sustantiva a la transformación moderna de los viejos paradigmas sociales de la comunicación social en la región.

En este sentido, las formulaciones analíticas expuestas por Antonio Pasquali Greco desde los años 60 en Venezuela, a través de sus diversas obras, siguen siendo plenamente vigentes para entender y transformar las realidades culturales de la segunda década del siglo XXI en México y Latinoamérica, pues desconociendo intencionalmente estos planteamientos, las industrias mediáticas construyeron durante el siglo XX en la región, simples procesos de masivos de información disfrazados como “dinámicas de comunicación”.

Por lo tanto, siendo que el prototipo tradicional de los medios comerciales no construyó en México durante tantas décadas un modelo de comunicación, sino de información masivo; el verdadero reto de los medios de transmisión de servicio público durante el siglo XXI, especialmente de Estado, será generar procesos grupales de comunicación y ya no de simple información masiva. Por ello, el desafío central en esta materia durante el nuevo tercer milenio ya no será continuar edificando canales de información masivos que producen procesos unidimensionales; sino ahora deberá ser inaugurar medios de comunicación colectivos que permitan que las diversas comunidades participen ciudadanamente en la edificación del nuevo espacio público mediático para expresar sus necesidades, intereses y propuestas con el fin de construir colectivamente el proyecto de nación.

De esta forma, a largo plazo, en los últimos 50 años el papel de la corriente crítica de la comunicación se convirtió en las “avispas incómodas” del sistema que picaron constantemente la conciencia de la sociedad con su ácido crítico de conocimientos alternativos que crearon pensamientos distintos, los cuales contribuyeron a detonar el cambio comunicativo de las sociedades mexicanas y latinoamericanas. De esta manera, la corriente del pensamiento crítico contribuyó de manera sustantiva a edificar la utopía del nuevo modelo de comunicación en México y América Latina.

Por consiguiente, derivado de esta herencia conceptual queda pendiente de construirse durante el siglo XXI los procesos de comunicación colectiva en América Latina, donde los públicos además de ser receptores puedan convertirse en emisores de sus propios mensajes. Son estas semillas teóricas críticas sobre la comunicación plantadas paulatinamente desde la década de los años 60 en el corazón la cultura latinoamericana, las que permitieron, a largo plazo, el cambio de algunas de las estructuras mediáticas de la región, como fue, por ejemplo, la reciente aprobación en el Congreso de la Unión de la reforma constitucional de las telecomunicaciones y de la radiodifusión en México.

Así, paradójicamente mientras en los dos últimos tercios del siglo XX los centros culturales de las principales metrópolis del mundo despreciaron los avances intelectuales de la periferia por considerarlas zonas “subdesarrolladas”, fue la corriente crítica latinoamericana de la esfera pública la que principalmente renovó la teoría de la comunicación social contemporánea, mientras que las escuelas anglosajonas la continuaron mirando esencialmente desde las demandas de funcionamiento del mercado y la posmodernidad tecnológica globalizada que tanto ha impactado la vida cotidiana contemporánea.

En síntesis, el pensamiento crítico creado por Antonio Pasquali a lo largo de muchas décadas ha contribuido de manera muy relevante a que la “utopía comunicativa” de la comunicación, consistente en que la sociedad se apropie democráticamente de los procesos de comunicación colectivos y genere sus propios mensajes para elevar su calidad de vida, se pueda alcanzar en México y la región. En este sentido, las aportaciones conceptuales de Pasquali continúan teniendo gran relevancia y actualidad, pues son elementos que ayudan a diferenciar teóricamente los procesos informativos de los comunicativos, y con ello, colaboran a producir claridades fundamentales para edificar los cimientos civilizatorios de las sociedades comunicativas que es uno de los principales desafíos que se deben alcanzar en el tercer milenio de evolución en América Latina.

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