La reforma constitucional de las telecomunicaciones/II-X
Javier Esteinou Madrid
Con el fin de entender la necesidad y la relevancia que alcanzó la reforma constitucional de las telecomunicaciones y la competencia económica recientemente aprobada en el Congreso de la Unión, es indispensable entender las características del viejo modelo de comunicación que ha operado en México en las últimas décadas para descubrir sus límites que ahora deben ser superados por dicha nuevo marco normativo. Es por ello que será indispensable revisar en grandes líneas la competencia, los contenidos, el modelo de comunicación dominante, la situación de los medios públicos, la transformación del espacio público mediático, las consecuencias sobre el Estado-nación y las repercusiones sobre la sociedad.
Competencia
14.- Ante la herencia desigual de la estructura de la radiodifusión nacional y las telecomunicaciones fue casi imposible garantizar la competencia, la apertura, la calidad, la participación social, la pluralidad y la democracia en el terreno colectivo de la comunicación electrónica nacional, pues los monopolios en esta esfera se opusieron a su existencia.
Contenidos
15.- La calidad en los contenidos fue sumamente difícil de lograrse por el lugar monopólico dominante que alcanzaron, tanto por el tamaño de las corporaciones en cada rama de las telecomunicaciones y la radiodifusión, como por el poder político que acumularon. Así, la ausencia de diversidad entre las cadenas mantuvo la monotonía, fuente de imitaciones mutuas, colmadas de vulgaridades.
16.- Se formó, por una parte, una oligarquía emisora de sentidos que creó culturas ad doc para lograr su expansión empresarial duopólica; y por otra parte, una sociedad masiva receptora pasiva de los mensajes para lo cual se le educó durante muchas décadas para aceptarlos. Su objetivo fue generar consumidores cautivos y no ciudadanos participativos.
Modelo de comunicación dominante
17.- La operación de esta estructura mediática dominante durante muchas décadas en nuestro país generó el reinado de un modelo comunicación salvaje cuya máxima expresión fue en palabras de Emilio Azcárraga la formación del prototipo de comunicación para los jodidos, y que con la transición digital se modernizó convirtiéndose en el modelo de comunicación para los neojodidos. Dicho arquetipo se caracterizó por impulsar la “cultura basura” o la “cultura parasitaria” y depredar la cultura nacional milenaria.
18.- La esencia del modelo de comunicación salvaje se distinguió por promover en grandes dimensiones la difusión intensiva de la información secundaria, la violencia temática, el consumo exacerbado, la invasión de la privacía, la banalización de la realidad, la comunicación alarmante, morbosa y sensacionalista, la imposición mental del principio de la ganancia a toda costa, la frivolidad informativa, el show como anteojos para ver la vida, el entretenimiento vulgar y estrafalario, la cosmovisión hollywoodense de la vida, la espectacularización de la vida, la sexualización de la programación para ser exitosa, etc, con tal obtener ratings y vender; en detrimento de la calidad de los contenidos y de la necesidades orgánicas de comunicar los mensajes estratégicos que requerimos asimilar colectivamente como personas, grupos, comunidades y civilización para transformar nuestras conciencias y poder sobrevivir en el país como pueblos evolucionados.
Medios públicos
19.- Los medios públicos no operaron como medios de Estado de servicio público, sino como meras instituciones de difusión funcionales para los poderes en turno, como fueron el presidente, los partidos políticos, los secretarios de gobierno, los funcionarios públicos, etc. y no al servicio de la ciudadanía que fue quien los financió durante décadas a través de sus impuestos.
Espacio público mediático
20.- El funcionamiento virtual de los medios de difusión colectivos desde 1920 gradualmente generaron un nuevo espacio público mediatico que se coronó con la operación de la televisión de 1950 en adelante, donde hoy día se realizan masivamente las principales tareas culturales de la sociedad mexicana.
21.- Las políticas neoliberales aplicadas en el terreno del espacio público mediático desde 1980 a la fecha, comercializaron el espacio público de manera extrema al grado de ser México la nación donde existe más spots publicitarios en la programación cotidiana de la televisión.
22.- La sociedad que es la dueña del espectro radioeléctrico quedó marginada de participar en este para difundir sus proyectos de presente y futuro. Así, la pluralidad de las múltiples culturas, grupos e ideologías nacionales no estuvo representada en la estructura de comunicación masiva que se heredó con las mismas características del siglo XX al siglo XXI en México. Dicha ausencia de diversidad en el espacio público mediático impidió que la discusión del modelo de país en los diales y las pantallas. De esta forma, el modelo de comunicación privado-comercial tradicional asesinó la pluriculturalidad de las distintas comunidades mexicanas en el espacio público mediático.
Consecuencias sobre el Estado-nación
23.- Con la prolongación de la fuerza acumulada por los poderes fácticos sobre el espacio público, que crecieron al amparo del Estado y luego se le enfrentaron en algunas áreas de la vida pública, se erosionó gradualmente el poder de las instituciones políticas y su capacidad para gobernar.
24.- En su última fase de evolución más reciente los medios de difusión ya dejaron de ser poderes fácticos mediáticos para convertirse en parte medular del corazón del Estado de la Cuarta República Mediática en México.
25.- La concentración de los medios de comunicación y su actuación como poderes fácticos en México, puso en crisis el modelo de la democracia contemporánea, convirtiéndola en una teledemocracia, donde los poderes mediáticos influyen sustantivamente sobre los resultados electorales.
Repercusiones sobre la sociedad
26.- Derivado de estas tendencias mediáticas la sociedad ya no quedó predominatemente dirigida y organizada cotidianamente por el gobierno, sino por la dinámica del aparato mediático en la República.
Sin embargo, pese a la actuación de estas mega tendencias dominantes gradualmente se fue formando en la sociedad civil un lento ascenso de conciencia crítica colectiva sobre las consecuencias del modelo de comunicación que construyó la mediocracia y formuló la necesidad estratégica de modificar democráticamente la relación comunicativa establecida durante muchas décadas entre el poder mediático, el Estado y los ciudadanos, con el fin de crear otro pacto más justo y equilibrado entre tales sectores. La manifestación más reciente de dicha transformación mental estalló ante la opinión pública a través del movimiento civil Yo Soy 132 que en el año 2012 y subsiguientes colocó las banderas del cambio de la estructura comunicativa como centro de sus exigencias de transformación nacional.
El conjunto de todas estas realidades obligaron, desde hace varias décadas, que la clase política reconociera y demandara la necesidad imperiosa de recuperar los espacios rectores del Estado nacional para gobernar con mayor soberanía, especialmente, en el terreno de las telecomunicaciones, introduciendo contrapesos jurídicos y políticos igualadores ante la creciente fuerza de los poderes fácticos mediáticos. Así, emergió en México la exigencia estructural de realizar una profunda reforma jurídica en el ámbito de las telecomunicaciones y la radiodifusión que creara otro modelo de comunicación favorable para el desarrollo equilibrado de la sociedad y el avance de la construcción de la democracia en México.
Por ello, en términos de avances históricos es fundamental tener muy presente los rasgos centrales de dicho diagnóstico estructural del viejo modelo de comunicación social para revisar que tanto la nueva reforma constitucional de las telecomunicaciones, la radiodifusión y la competencia económica fue capaz de modificar esta realidad desigual y antidemocrática o continuarán existiendo los mismos fenómenos, incluso acentuados, pero ahora disfrazados de “modernos”, “competitivos” y “abiertos”.
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