COMUNICACIÓN

La reforma constitucional de las telecomunicaciones/III-XII

Javier Esteinou Madrid

Con las directrices formuladas en materia de comunicación social plasmadas a través del primer mensaje a la nación, el Pacto por México y la reforma constitucional de las telecomunicaciones, la radiodifusión y la competencia económica inesperadamente el nuevo gobierno sentó las bases para crear un nuevo modelo de comunicación nacional 180° distinto al heredado del siglo XX, pues limitó el poder unilateral de los monopolios de las telecomunicaciones, propició la competencia en la radiodifusión, telefonía y servicios de datos, incrementó la pluralidad informativa, fortaleció la transparencia, eficientó el aprovechamiento del espectro radioeléctrico, abrió nuevas cadenas de televisión, potenció la perspectiva del servicio público, amplio del acceso a la banda ancha, redujo los costos de uso de Internet, creó nuevos órganos reguladores autónomos, respaldó algunas garantías comunicativas ciudadanas, fortaleció a los medios públicos, que todos ellos fueron aspectos que los poderes fácticos mediáticos impidieron que se dieran durante muchos años en México para conservar sus desiguales privilegios monopólicos.

Así, se incorporó en el ámbito de la comunicación un cambio jurídico-político-cultural trascendental que modificó las reglas de funcionamiento anteriores, ante lo cual es indispensable responder, entre otras, las siguientes tres interrogantes: ¿cómo explicar que el PRI que fue la institución política más autoritaria y antidemocrática a lo largo del siglo XX, y que sistemáticamente se opuso a la aprobación de la reforma democrática de la radiodifusión durante 5 décadas; ahora junto con el Poder Ejecutivo y otros partidos formuló un proyecto constitucional muy avanzado para transformar las estructuras tradicionales de las telecomunicaciones en México?

¿Cómo fue posible que el presidente Enrique Peña Nieto decidió enfrentar la enorme fuerza acumulada por los tradicionales poderes fácticos mediáticos, cuando él les debía todo su éxito al duopolio televisivo, especialmente a Televisa, pues esta empresa le construyó eficientemente durante seis años su imagen pública como gobernador del Estado de México y posteriormente durante un año le instrumentó su perfil político como candidato del PRI a la Presidencia de la República, con la que ganó los comicios electorales de julio de 2012; y repentinamente desde sus primeras políticas de gobernabilidad nacional se deslindó de dichas fuerzas mediáticas estableciendo nuevas reglas estructurales para limitarlos sustancialmente y subordinarlos al mandato constitucional?

¿Por qué el nuevo gobierno del PRI no actuó como los gobiernos panistas de la “transición democrática” de los expresidentes Vicente Fox Quezada y de Felipe Calderón Hinojosa que se subordinaron plenamente a los poderes fácticos mediáticos durante ambos sexenios para gobernar cómodamente durante su sexenio, otorgándoles todos los privilegios que demandaron?

Para poder entender las raíces de este profundo cambio histórico comunicativo que no se había gestado desde la creación de la Ley Federal de Radio y Televisión en 1960, la edición de su reglamento respectivo en 1973 y la Ley Federal de Telecomunicaciones en 1995, es necesario considerar, entre otros, los siguientes 11 aspectos, que propiciaron la conquista de la independencia estatal frente al imperio de los poderes fácticos mediáticos:

1.- Para salir del estancamiento global en el que se encontraba sumido el modelo de desarrollo del país y que no pudo destrabar el PAN durante 12 años en la fase de “transición pacífica a la democracia”, el nuevo gobierno del PRI tuvo que optar por modernizar el prototipo de crecimiento nacional adaptándolo a las nuevas exigencias del patrón de acumulación internacional de la fase del “capitalismo inmaterial” en la que se encuentra la evolución del mundo contemporáneo. No se puede desconocer que el cambio de siglo fue el momento del surgimiento con intensidad de otro ciclo de acumulación de capital, donde la producción depende cada vez más de la obtención, elaboración y traslado de la información, que permite hacer de esta dinámica un proceso flexible, favoreciendo ajustar la producción y el consumo a las necesidades específicas del mercado[1].

De esta forma, el capitalismo incorporó a la información, el conocimiento, los saberes, la comunicación y otras habilidades humanas a la generación de excedentes, por lo cual la acumulación, enriquecimiento y producción de esas capacidades son fuentes de innovación productiva que toma un carácter permanente.

El sistema económico se ha reestructurado tanto con la renovación de la naturaleza de los bienes y de los servicios generados, como con la actualización tecnológica y organizativa de los procesos que los hacen posibles. En el capitalismo avanzado lo que se observa es el despliegue del proceso para la captura y reconversión del saber social genérico en saber valorizante, a raíz  de la implantación del régimen de acumulación flexible. Son las sinergias establecidas entre el saber sistemático convencional y el saber social difuso, comunicacional, cooperante, que se convierten en un yacimiento ilimitado de conocimiento para alimentar el circuito de la mercancía[2].

Así, con el fin de engarzar eficientemente a la sociedad mexicana en el contexto de “desarrollo posmoderno” que exigió el nuevo patrón de acumulación mundial el gobierno de Peña Nieto tuvo que ejecutar diversas reformas estructurales que demandó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, y con ello cumplir con los mínimos estructurales de la visión “neomodernizadora” para ser aceptados como zona internacional atractiva para la inversión de grandes capitales.

De esta forma, desde el final del anterior sexenio y el arranque del nuevo gobierno se realizó la reforma laboral, la reforma administrativa, la reforma educativa, la reforma política, la reforma fiscal, la reforma energética. Dentro de este contexto se implementó de manera especial la reforma constitucional de las telecomunicaciones, con objeto de afinar en el engranaje de la nueva dinámica del capitalismo inmaterial donde la principal forma de obtener la ganancia no viene de la explotación del sector primario o secundario, sino a partir del desarrollo de los servicios de las telecomunicaciones.

De esta manera, siguiendo al pie de la letra el manual de la OCDE denominado Agenda estratégica para las reformas en México, el gobierno creó todas las condiciones estructurales para que la economía y la sociedad mexicana se abrieran a la inversión privada, se protegieran a los capitales y se fomentara una economía con enfoque global.

 

jesteinou@gmail.com

 

 

[1]Alma Rosa Alva de la Selva, (coordinadora), Brecha digital en México: hacia una propuesta de políticas públicas, México, UNAM, 2012, p. 12.

2Ibidem, p.130.