Hacia un modelo de comunicación ciudadano/VI y última

Javier Esteinou Madrid

A 10 años de la existencia la Radio de los Ciudadanos en México esta institución ya comprobó su eficacia, riqueza, profesionalismo y ruta clara para sembrar un nuevo modelo de comunicación civil en la república. Por ello, después de una década de vida dicho esfuerzo comunicativo ciudadano no puede seguirse manteniendo más como un proyecto experimental del Estado para ejercer bajo controles de “laboratorio político” la democracia comunicativa en el país.

Ahora, es indispensable que tal prototipo cultural que demostró que la sociedad sí sabe comunicarse consigo misma y es capaz de plantear otros contenidos radiofónicos diferentes a los del patrón comercial privado y a los del sistema de propaganda oficial; abandone su carácter de ensayo de laboratorio social calculado y se convierta en un proyecto orgánico ampliado central del Estado nación que abarque todas las diversas estaciones del IMER y otras emisoras del gobierno federal en la república.

Considerando que la reforma de las telecomunicaciones y la competencia económica ha vislumbrado constitucionalmente a la comunicación colectiva como una actividad de servicio público, es necesario que la Radio Ciudadana se eleve a rango de modelo de comunicación para el ejercicio comunicativo de la sociedad consigo misma.

Dentro de este contexto, es necesario preguntarnos, por ejemplo, ¿hasta dónde medios públicos como el Canal 11, el Canal 22, el Canal 34 Mexiquense, el OPMA, que también son financiados con los impuestos de los ciudadanos, cuentan con estructuras de representación ciudadanas directas que participen en la producción de sus mensajes colectivos? ¿Hasta dónde las políticas informativas de tales medios representan las necesidades y preocupaciones medulares de los habitantes del país? ¿Hasta dónde se pueden considerar canales independientes o instrumentos propagandísticos o legitimadores del gobierno en turno?

Esta realidad cobra mayor fuerza cuando constamos que después de varias décadas de aplicación dominante del prototipo de difusión privado-comercial en México, que llegó a su culmen duopólica con la implementación del “modelo de comunicación para los jodidos”; éste no ha elevado la calidad de sus contenidos mediáticos, sino al contrario los ha degradado y empobrecido crecientemente hasta llegar al extremo de promover intensivamente lo banal, lo vacuo, lo vulgar, lo frívolo, lo pedestre, lo “reptil”. La estructura comunicativa del país ya no puede tolerar que se ofrezca más decadencia cultural y ética disfrazada de “modernidad informativa”.

De aquí, la relevancia central que la sociedad civil le demande al Estado mexicano los siguientes tres aspectos: en primer término, que apoye con mayores recursos el desarrollo de la XEQK: La Radio de los Ciudadanos, como un innovador modelo de comunicación radiofónico. La Radio de los Ciudadanos es la expresión abierta de la nueva sociedad que silenciosamente está emergiendo en México.

En segundo término, que se retomen sus avances para adoptarlos como guía comunicativa en las otras emisoras estatales en la república para que la sociedad recobre en el espacio público mediático su voz constructiva que el Estado mezquino y los poderes fácticos mediáticos le han expropiado en toda la república durante tantos años.

Y en tercer término, que amplíe el modelo de la Radio Ciudadana a todo soportes y modalidades de las redes sociales para que sus contenidos se potencien más en toda la república.

Considerando que en la segunda década del siglo XXI el país cuenta con más de 116 millones de habitantes que no poseen expresión ciudadana ni en los medios privados y ni en los públicos, salvo excepciones muy contadas con los dedos de una sola mano. Que existen más de 60 dialectos en lenguas autóctonas, que no encuentran expresión en los diales comerciales y oficiales. Que desde la emergencia de la radio en México en 1920 a la fecha han surgido multitud de programas radiofónicos destinados a la difusión de los deportes, los gustos culinarios, los aspectos femeninos, los comentarios taurinos, las barras de predicciones esotéricas, las noticias de la farándula, la cultura automovilística, el arreglo estético de la imagen, el cuidado de las mascotas, los chismes de la vida del star system, y han tenido que transcurrir 82 años y una severa traición del Estado mexicano a su promesa democratizante del sistema de comunicación nacional, para que dentro de todo el espectro radiofónico de más de mil 600 estaciones de radio hasta el año 2002 se creara una sola radio ciudadana en la república.

Que los tiempos de Estado en radio y televisión son utilizados para que se comuniquen los partidos políticos y los órganos gubernamentales que ya cuentan con muchísimos recursos económicos e institucionales extras para transmitir su propaganda e información oficial y los ciudadanos no disponemos de un sólo segundo de los mismos para comunicarnos colectivamente entre nosotros y con las instancias del poder establecido. Que los ciudadanos somos el sector que bajo el procedimiento de los impuestos o del pago del cargo publicitario a las mercancías o servicios que se anuncian somos los que en última instancia cubrimos el costo del funcionamiento de la radio privada-comercial y gubernamental, sin embargo, asombrosamente, no tenemos alternativas de comunicación en la estructura radiofónica nacional.

Por todo ello, no es soportable bajo ninguna argumentación que en la segunda década del siglo XXI el modelo radiofónico del país cuente con una sola radio ciudadana con potencia restringida para cubrir momentáneamente y con pocos apoyos económicos algunas ciudades del centro de la república, cuando esta situación ha sido una demanda histórica permanente que la sociedad civil le ha manifestado al Estado durante más de cinco décadas.

Ahora, que el PRI regresó nuevamente a la jefatura del poder en México, después de su derrota sísmica en las urnas del año 2000, éste debe demostrar contundentemente a los ciudadanos que aprendió la lección histórica del mensaje de abominable rechazo que le envió la comunidad nacional a su vieja práctica de comunicación vertical, demagógica, manipuladora, amordazante y simuladora que ejerció durante 70 años en el siglo XX.

Debido a esto, es indispensable que compruebe que retornó a la jefatura del país para superar su mezquindad histórica respetando y fortaleciendo la democracia, especialmente comunicativa, fomentando junto con la sociedad civil organizada la creación de nuevos modelos ciudadanos de comunicación participativos que enriquezcan los proyectos pluriculturales que la población requiere para avanzar en sus proyectos de desarrollo.