Clases de flamenco y bailes tropicales en el Palacete de Pedralbes”

         Barcelona  2014

 

 

Regino Díaz Redondo

Madrid.-Todos estamos cansados, usted de leerlo (si lo lee) y yo de escribirlo, pero lo que pasa en España es algo insólito, desconocido y sorprendente. Los privilegiados y delincuentes están a sus anchas. Sólo el recuerdo de la dictadura es un referente. Entonces, nadie se movía, y de hacerlo, lo fusilaban y santas pascuas. Ahora, un nutrido grupo, casi todos de la “cáscara amarga”, se mueven demasiado, son ostentosos, engañan, esquivan a la justicia y se burlan de ella para sacar provecho de la mayoría de los españoles.

      Las amnesias, los fraudes, la fuga de capitales, el deleznable desplante de algunos banqueros y de empresarios de izquierda, de derechas o ultras, son ya insoportables. Ante los periodistas, y la Cámara de Diputados, se insultan y desprecian, pero no ocurre nada. Se puede, inclusive, hacer una oposición semi-fuerte pero como los diputados opuestos al gobierno están en minoría, el intento es frustrante. Ninguna iniciativa, debate o comisión de investigación son aprobados porque las echa abajo el Partido Popular.

      El diálogo es casi siempre a gritos y a veces estulto, otras la angustia quiere abrirse paso en el hemiciclo y parece que algo va a estallar. Mas no es así. Acaba las sesiones los fines de semana y cada quien se apresura, corre, abandona el Congreso y va que vuela a tomar el Ave y descansar en su pueblo.

Las sesiones camerales aburren porque el gobierno gana de todas todas. La mayoría absoluta obtenida hace más de dos años es la base de su dominio aunque saben que ahora sería diferente.

Pero dicen los que nunca la conocieron ni la desean, que la democracia impera y que “es lo más simple, ganamos porque España nos respalda con su voto en las urnas “.

Los casos de Gürtel y Pokemon, en donde juegan Bankia, las Cajas de Madrid, Cataluña, Galicia y otras menores, fueron centros donde se fraguaron las estrategias delictivas para llevarse el dinero del resto de la gente de este país. La impunidad los protegía. Nadie rechistó durante años.

      Tal situación permitió que el PP se manejara y creciera con dinero negro, sus militantes se llevaban bolsas llenas de efectivo producto de las prebendas que les dieron infinidad de empresarios. Lo depositaban en Suiza o a los paraísos del Caribe, donde los billetes duermen en camas king-size y nadie les molesta.

Desde hace mas de seis años, y aun antes, cuando el presidente Aznar creó la burbuja inmobiliaria, empezaron a destaparse agujeros negros malolientes, llenos de desperdicios por lo que se hicieron millonarios sin grandes esfuerzos y obtuvieron increíbles beneficios.

      Fuera de España hay unos 250 mil millones de euros. Ninguno de los imputados, acusados, encarcelados (Luis Bárcenas, Gerardo Díaz Ferrán) y otros que están en capilla han devuelto un solo céntimo. Se hacen los mártires, llegan a los juzgados cabizbajos, poquita cosa, barbilla contra el pecho, ojos suplicantes

y se sientan en las bancas de los acusados, calladitos, como niños en pupitres de color lila.

      La “amnistía fiscal” del ministro de Hacienda, es letra muerta. Pocos se apuntaron a ella. Se les conserva el anonimato; los demás, se diluyeron o cambiaron de país y de banco como de camisa.

      La juerga de políticos y negociantes era y es evidente. Ahora, lo celebran mintiendo, escurriéndose de la justicia. Los políticos piden auxilio a los empresarios y éstos a la cúpula gubernamental. Todos ellos se entienden y muy bien. De tal confabulación han surgido inmensas fortunas logradas por unos acuerdos ignominiosos entre la cúpula y en perjuicio del pueblo, como es natural. Un pueblo que pasa hambre. Una España en donde el 40 por ciento de la gente pide limosna, acude a comedores públicos, duerme en la calle o en casas semi-destruidas, sin calefactores porque un hornillo es un tesoro. Y por si esto fuera poco, de pronto los desahucian sin más y a empujones.

      En la mente de la mayoría permanecen nombres que son sospechosos o totalmente culpables de robo y malversación de fondos. Hay personajes que se llevan 10 millones de euros al año de compensación por dirigir un banco que está en quiebra y que ha tenido que ser nacionalizado “porque si no sería el caos absoluto y el país dejaría de serlo”.

      Díaz Ferrán esta en la cárcel pero sin devolver un euro de la cuantiosa fortuna que se llevó y que tendrá bien oculta quien sabe en cuantos lugares de este planeta. Los directores y ex directores de Caja Madrid pasean, ahora sí ocultos en sus coches, porque temen que los ahorradores a los que engañaron, insultaron y exprimieron, los reconozcan.

      Blesa es un caso antológico. Fue el número uno de esta institución desde 1996 al 2010 y es culpable, de que más de 10 mil ahorradores próximos a la jubilación, hayan depositado su dinero, los ahorros de toda su vida en unos papeles que les prometían abundancia, crecimiento de sus haberes y una vida mejor.

      Todo quedó en basura monda y lironda.

      El juez Elpidio José Silva lo metió dos veces en la cárcel pero otras tantas salió de inmediato porque depositó fianzas millonarias. Blesa es un bebé delicado y un individuo al que hay que cuidar porque sabe mucho, piensan algunos dirigentes y miembros del PP. Por eso. Silva, un magistrado que obtuvo el título con matricula de honor y  tiene estudios en varias partes del extranjero, fue suspendido de inmediato por sus jefes y ahora es el culpable y no puede ejercer la judicatura. Se atrevió a tocar a uno de los sujetos más sensibles, queridos y respetados de la política metido a banquero.

      Don Miguel era empresario, luego, a principios del siglo, Aznar lo hizo jefe de Caja Madrid y en 2008 lanzó unas acciones “preferentes” para comprar un banco inservible en Miami. En esta operación, se comió miles de millones de euros.

Quiso tapar el hueco de la quiebra de Bankia a la que hubo que inyectar 40 mil millones de euros en tiempos de Rodrigo Rato, ex vicepresidente del Gobierno, con don José Mari y ex presidente del FMI del que salió sin que nadie haya intentado averiguar por qué. Apartado del hemiciclo, porque le ganó la carrera Mariano Rajoy, se dedicó a retorcer el buen funcionamiento de esa institución y sacó dinero a raudales o se inventó papeles inservibles para engañar a los cuentahabientes.

      Era tan malo el negocio de comprar un banco en Miami que él mismo se inhibió a la hora de adquirir participaciones en esa operación. Instó a los directores regionales y municipales de Caja Madrid a convencer a los ahorradores, muchos de ellos analfabetos, a que invirtieran los ahorros de toda su vida y el resultado fue deprimente, indigno y da motivo a que la gente lo denueste cada vez que se habla de él.

A todos, sí, a todos los ahorradores engañó e instó a comprar acciones porque serían muy productivas. Y claro que lo fueron, pero para Blesa y algunos más. Los afectados llevan protestando contra Bankia, donde Rato imprimió su sello de mal ejercicio. Desde hace cinco años la gente reclama el dinero que depositó en ese banco  y, afortunadamente, un 10 por ciento ya ha logrado que le devuelvan lo que es suyo.

En la calle, habla uno con matrimonios de la tercera edad y los ve como lloran y gritan enarbolando pancartas en las que se leen improperios de todo tipo contra los responsables de tan desaseada acción.

Ambos distinguidos banqueros están libres así como centenas de políticos y empresarios del Partido Popular que se alimentaron durante muchos años de unas tramas despreciables que han quedado al descubierto y que ponen a España en un predicamento tan desagradable que a veces da vergüenza referirse a ellos como conciudadanos.

Un buen número de capitalistas extranjeros está invirtiendo, como es sabido, en España. Entre ellos el señor George Soros, conocido mundialmente como uno de los cinco multimillonarios más grandes del mundo.

Si lo hace será porque ha recibido garantías específicas de parte del gobierno y de las autoridades hacendarias concretamente, que garantizan su inversión y la libran de cualquier movimiento adverso en la economía que pudiera suscitarse en un futuro.

Pero dejemos atrás el pesimismo y la realidad descarnada. Recuperemos el ánimo y seamos conscientes. España saldrá del gran bache en que ha caído con los miles de millones de euros que obtendremos de las perforaciones que hará el ministro Juan Manuel Soria en las Baleares para sacar petróleo.

¡Y a todo esto, ¿cómo responde el Banco de España?!