México, ¿somos de occidente?/II y última

 

 

Guillermo García Oropeza

Vivimos una época interesante… y nerviosa. Hasta para un observador aficionado a lo que está pasando en el mundo es evidente que hay grandes movimientos de cambio y reacomodo en el planeta. No es necesario ser lector asiduo de, que sé yo, Le Monde Diplomatique o de Foreign Affairs para darse cuenta de los especulares movimientos y tendencias que se manifiestan en las diarias noticias siempre y cuando sepamos o intentemos leerlas entre líneas y cruzar las informaciones. Así, estamos contemplando el retorno de Rusia como potencia mundial después de sufrir tantas humillaciones, pérdidas y quizá deba decir traiciones.

Vladimir Putin, nos simpatice o no, se perfila como un restaurador nacionalista, uno de esos héroes que en tiempos adversos, de humillante decadencia, le dieron a su pueblo una nueva meta.

Putin no sólo frena la aventura estadounidense en Siria sino que amenaza rediseñar las fronteras del mundo ruso y rusófono amenazado por una OTAN brazo militar europeo de unos Estados Unidos, a los que alarmaría una resurrección rusa y un nuevo arreglo asiático con una vencedora China y una India que apuesta por una política nueva, diversa de la que venía desde Nehru y la Gandhi en ese Partido del Congreso que tanto nos recuerda el del viejo PRI.

Por otra parte Europa, donde crece la derecha en Francia con la temible Madame Le Pen y hasta en mi querida Holanda tan democrática, un tal Geert Wilders encabeza un nuevo fascismo que ya está en el poder en Hungría, todo en una Europa que vive una gran crisis —pregúnteselo a griegos, portugueses y españoles— y donde todo depende de los goles que meta doña Ángela o como le dicen cariñosamente mutti, o sea mami, o jefa, efectiva y maternal pero que a lo mejor no llega a ser Santa Rita, Abogada de Causas Perdidas.

Lo anterior, más lo que se da en nuestra América, en Chile o en Uruguay, en Venezuela nos habla del posible final del American Century, del siglo de la hegemonía total de Estados Unidos, lo cual debería despertar conciencias y hasta alarmar a los gobernantes de un México que desde hace años se entregó totalmente (iba a decir abyectamente) al vasallaje, a jugar sólo la carta americana olvidando que nuestros grandes políticos, e incluyo a Porfirio Díaz, buscaron siempre disminuir las dependencias del Imperio, equilibrarse y abrirse al mundo y recordando siempre que es muy triste ser la criada, el socio pobre, el arrimado a North America cuando también podemos ser Iberoamérica, Latino, Hispano o Afroamérica y que nuestros héroes también son Bolívar, Sandino, Martí y las incontables víctimas de las represiones militares, de los pinochetazos o de los nazis milicos argentinos.

¿Volverá nuestra política exterior a su antigua y serena dignidad?, o de una vez solicitamos que nos hagan si no un state de los United sino aunque sea otro Estado Libre y Asociado, para poder entrar como los puertorriqueños a New York sin broncas.