Hay 150 muertos en Gaza. “La culpa es de HAMÁS”:
Gobierno de Israel
Regino Díaz Redondo
Madrid.- Dos acontecimientos políticos recorren España y el resto de Europa con la intención de convertirse en el núcleo central del cambio en el continente. Aquí, Pedro Sánchez, madrileño de 42 años, es el nuevo secretario general del PSOE con la intención de no caer “en populismos ni demagogia”. Bruselas ya dio los pasos para que la Comisión la presida Jean-Claude Juncker, el vicepresidente será Martin Schulz y apunta como favorito para encabezar el Eurogrupo, Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad de nuestro país.
Los aires de renovación soplan fuerte en el ambiente económico y social aunque hay serias dudas sobre la eficacia de unos y otros para liderar la transformación de Europa que se haya tambaleante por la inercia de las viejas políticas socialistas y neoliberales.
Sánchez, diputado desconocido hasta hace dos meses, asume las riendas que deja Alfredo Pérez Rubalcaba con el apoyo del 67 por ciento de los doscientos mil afiliados a esa institución política.
Quedaron en el camino Eduardo Madina, víctima de ETA (perdió una pierna) y José Antonio Pérez Tapias, la izquierda dentro de la izquierda socialista, que fungió como una especie de moderador con su experiencia como decano de la Facultad de Filosofía de Granada que reiteró su decisión de no presentarse como candidato socialista al gobierno de la nación.
El joven militante que obtuvo el triunfo se presenta como el renovador de la grey de su partido y asegura que será el líder del “cambio” y trabajará en un proyecto ganador.
Otra de sus prioridades es proteger a los más débiles y conseguir la unidad porque “somos socialistas, no nacionalistas”, al referirse a la posibilidad que existe de que Cataluña se declare independiente, sin un respaldo legal, el 9 de noviembre próximo.
Sánchez es doctor en Economía y tiene carisma. Yo diría que demasiado carisma y que tiene muy aprendida la lección lo que no le resta posibilidades de un futuro halagüeño. Pero sí podría cuestionársele en cuanto a que en su discurso habló contra las actitudes de demagogia y populismo que padecen, dirigidas a Podemos, un fenómeno puntual que seguramente obtendrá varios millones de votos cuando se presente en las urnas el año próximo.
Los socialistas confían en recuperar terreno con nuevas caras al frente de la dirección del partido y ser nuevamente una alternativa de poder y de Estado. Sánchez tendrá que quitarse el sambenito de ser el hijo pródigo de Susana Díaz, presidenta de la comunidad andaluza. Fue en este territorio donde triplicó los votos de Madina sin quitarse de encima la sombra de la poderosa Díaz.
Hay otros dos indicios que hacen dudar a muchos de la independencia del madrileño. Uno de ellos es que se colocó como favorito en las encuestas realizadas por los medios de comunicación de derecha, que le dedicaron mayor espacio e inmersión en las redes sociales de todo el conjunto neoliberal.
Puede perjudicarle su innecesaria recriminación a Podemos porque los miembros del nuevo socialismo no están dispuestos a casarse con las ideas “precipitadas” pero verdaderas de quien tiene cinco eurodiputados.
Algunas de sus frases denotan que se aprendió muy bien la lección: “Compañeras y compañeros…. Compañeros y compañeras… claro está… claro está…” que repitió continuamente en las últimas 48 horas antes de su victoria.
Por lo pronto, tiene ante sí la convocatoria a un Congreso con primarias libres a finales de este año, lo que ya está siendo cuestionado por algunos barones del PSOE.
Mientras tanto, habrá que esperar a cómo se desenvuelve y conocer también quiénes integrarán con él la secretaría general.
Mucho más obtuso se presenta el panorama en la Unión Europea. Allí parece que el inmovilismo continuará. El socialista Schulz aceptó la vicepresidencia para evitar movimientos de otros partidos que no fueran los tradicionales. Transigió indebidamente y contra los intereses de los europeos que ven otra vez el sometimiento de Bruselas a la troika.
Las escenas que se difundieron en la sede la UE reflejan un ambiente de fiesta en familia de los de siempre para seguir haciendo lo de siempre, hasta siempre. Hasta que se lo permitamos los votantes a los que no parecen haberles hecho caso ante las manifestaciones de grupos de extrema derecha y de una izquierda reivindicativa que camina muy deprisa.
Al parecer los eurodiputados de mayoría muy puntual se han blindado ante el acoso de quienes piden una comunidad más realista, igualitaria y dispuesta a introducir medidas que beneficien a los ciudadanos de los 28 países que forman la unión.
Están pendientes reformas fiscales, aplicación de la tasa Tobin, mayor elasticidad para las naciones necesitadas y una distribución adecuada del dinero para programas de bienestar general.
Es necesario exigir más democracia a la política europea. Hasta ahora está conformada, y seguirá así los próximos cinco años, por políticos cuyas preferencias todos conocemos. Para estos, la UE es un club instalado en el mar de la tranquilidad que obedece órdenes del poder universal. O sea, de los pocos que ostentan el dinero en los cinco continentes.
La canciller Ángela Merkel, madre cariñosa con los futbolistas alemanes que ganaron la copa del mundo en Río de Janeiro, ya ha criticado a Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, por abrir el grifo y destinar 400 mil millones de euros para tranquilizar y reparar los males que está dejando la mal llamada austeridad.
Lo menos que puede decirse de Juncker y Schultz es que son transigentes… con las multinacionales y los bancos mundiales. Luego el panorama que se ve es poco deseable y afianza a una derecha radical y sometida a los intereses del capital salvaje.
La presencia del primer ministro italiano, Matteo Renzi, pudo significar, en principio, una ráfaga de aire fresco dentro de los gobernantes europeos. Pero ¿con quién pactará para combatir las medidas de recortes que aún pide el Fondo Monetario Internacional?.
No existe en estos momentos una izquierda con la fuerza suficiente para enfrentarse con razones y argumentos sólidos al desproporcionado mandato de los dueños de Europa. Si acaso, en España, habrá que esperar año y medio para que exista la posibilidad de un cambio gubernamental ideológico.
Todo indica que el Partido Popular no tendrá la mayoría e, inclusive, que no ganará en las elecciones generales de finales del año 2015. Pero, aún así, es posible una coalición de los dos grandes partidos, hasta ahora, para evitar que los proyectos destinados a la mejoría de las clases trabajadoras se hagan una realidad.
Si esto ocurriese significaría un golpe gravísimo contra las justas peticiones de los trabajadores europeos que todavía, salvo excepciones, no reciben lo que les corresponden.
Nada bueno será si los pronósticos colocan a De Guindos en el Eurogrupo. Conocemos cómo se las gasta como ministro de Rajoy y la forma en que supedita las decisiones de las finanzas españolas al palomeo de las autoridades de Bruselas.
Sin embargo, está claro que comienza el deseo mayoritario de la gente para que la UE se convierta en un Estado multinacional progresista y honesto que abra puentes para las inquietudes de más de 350 millones de personas que añoran mejor vida, más empleo, vivienda y alimento suficientes.
Desde hace muy poco la ultraderecha europea ha iniciado una política que no engaña a nadie. Quiere sembrar el temor entre los votantes para que no se inclinen por los partidos minoritarios pero con un gran sentido común. Atacar a Podemos es prioritario para el PP de Prometeo. Creen, él y sus acólitos, que es la forma de atraerse votantes de la izquierda y la posibilidad de formar el gobierno de coalición que buscarían los miembros tradicionales de los partidos que se sucedieron en el gobierno después de la dictadura.
Sus tertulianos no paran de señalar el peligro que representaría darle alas a los jóvenes (en este caso españoles) que buscan reivindicaciones sociales. Pero, al mismo tiempo, quizá no comprendan que las mentiras de Prometeo, Esperanza Aguirre, Carlos Floriano, Ignacio González y el resto de la cúpula política y empresarial, dan voto a Pablo Iglesias.
Pase lo que pase, es un privilegio vivir en esta Europa tan vieja y tan sabia, tan deleznable como valiente, tan oscura como inteligente.
Sólo hace falta tener paciencia.
