Los bancos le dijeron: toma Mariano, cien mil millones de euros y págalos como quieras”

 Miguel Arias Cañete, eurodiputado y ex ministro con  Rajoy.

Regino Díaz Redondo

Madrid.-Eso me gusta mucho, sí, amigos españoles, compatriotas, me entusiasma que Hillary Clinton, ex Secretaria de Estado del presidente Barack Obama, pueda ahora expresar que el presidente estadounidense se equivoca en política internacional, que dudó y duda mucho, que adopta medidas a medias en los conflictos del Medio Oriente, Siria, Afganistán, Irak, y en la tragedia de Gaza.

Eso, amables lectores, se llama Democracia con mayúsculas. Así, a secas, y tan grande, democracia sin peros, ni prefijos o sufijos, sin adjetivos, sin adornos que la empobrecen. Es la democracia de un país que sabe ejercerla desde hace más de 200 años.

En Siria, el jefe del ejecutivo dejó hacer y advirtió dialécticamente, que podría evitarse el conflicto con decisiones blandas. Pero nadie le hizo caso. En Afganistán, el problema se remonta a tiempo atrás pero tampoco fue contundente. El poderío económico y bélico de Estado sucumbió a la templanza y al titubeo. Siguen los enfrentamientos periódicos en ese lugar y otros, y no hay para cuándo terminen.

Ahora, en Irak auspicia una guerra de “larga duración” contra el Yijadismo cuyo saldo será de miles de muertos durante un tiempo indeterminado que puede prolongarse hasta la extinción de Uranio.

Obama es un hombre de paz pero que transige ante las presiones de los senadores republicanos de ultraderecha.

El poder de los legisladores al servicio del capital es tremendo y evidente. La política y la indiscutible buena fe del ejecutivo, se rinden.

En cuanto a la situación en Ucrania, Estados Unidos no pasa de las acusaciones verbales al presidente de Rusia, Vladimir Putin. Lo hace responsable de los cientos de muertos en la contienda. Pero no da un paso más adelante. Si acaso, mantiene un enfado institucional, pero hasta ahí.

Lo de Gaza es tres cuartos de lo mismo. Calla el afroamericano, que fue la esperanza del mundo, insiste en que hay que evitar el asesinato de civiles, pero mueren a montones, mujeres y adultos ajenos a la guerra.

Pudo exigir el alto el fuego en un territorio desmantelado por los misiles, en una zona devastada, rota, de la que huyen los que pueden y mueren más de lo que debería permitir la diplomacia internacional.

Los gazatíes sucumben aterrorizados por el gobierno de Netanyahu, cuyo único fin es acabar con los islamitas buenos o malos. Para él es así. No para su pueblo, un pueblo pensante y siempre inteligente.

Las críticas hechas por la ONU, son tibias y su actitud plañidera.  Hubo quien se atrevió a decir que esta guerra nacional podría encajar en los crímenes de guerra. Pero el primer ministro israelí esta sordo y ciego. Quiere avanzar, eliminar cualquier escollo humano que se presente, y expandirse.

 Ni siquiera sabe que los judíos obtienen el respeto mundial cuando expanden su cultura, su inteligencia y admiran su creatividad.

En estos renglones son únicos. Pero don Net, ha leído poco y no recuerda a Golda Meir, Einstein…., por citar unos ejemplos. Se olvida que pertenece al pueblo escogido por Dios. Su único Dios es la guerra y le traerá pésimas consecuencias.

A esta presión también se ha doblegado la Casa Blanca. De vez en cuando, el presidente o su portavoz, salen y piden que se detenga la contienda y, mientras hablan, casi siempre desde lejos y por teléfono, cientos de gazatíes mueren y también soldados israelíes que también tienen familia y ésta pide a gritos que pare el enfrentamiento.

Las imágenes muestran la locura de la guerra. Se ven en las calles, — o lo que fueron calles — cuerpos de personas, un brazo por aquí, una pierna por allá, el torso mutilado—y las lágrimas de las mujeres resbalan por sus mejillas ensombrecidas por la pólvora.

Cierto es que hay terroristas islámicos y que deben desaparecer. Pero no creo que esta sea la mejor forma de lograrlo.

Había túneles por los que islamistas lanzaban misiles de vez en cuando. Netanyahu acabó con ellos pero mal.  No a costa de asesinar en forma indiscriminada.

La comunidad internacional es tan culpable como el actual gobierno israelí. Los yijadistas, o como quiera que se llamen, también.

El Senado de Estados Unidos siempre tuvo una fuerza casi ilimitada. Pero supo controlar a los ultra y sembró el campo de acuerdos puntuales con el ejecutivo. Esta vez no.

Parece insaciable. Lo ha dicho con firmeza Hillary Clinton, posible candidata del partido demócrata a la presidencia de la nación más avanzada del planeta.

Y también lo denunció su pueblo, la nación de Washington, Lincoln, Roosevelt y muchos más.

Justo enfrente, aparece otro visionario que añora el imperio soviético. Ucrania y la península de Crimea, son el manjar delicioso que tiene en su mesa el presidente ruso.

No quiere perder más países. La ex Unión Soviética es el espejo en que se mira. A Rusia, el territorio más extenso de la Tierra, le duele perder parcelas. Los países balcánicos que se emanciparon de su hegemonía son platillos que espera degustar en el futuro. Y al paso que vamos, ocurrirá. O por lo menos, sus habitantes vivirán siempre amenazados.

Este territorio, origen de las dos guerras mundiales, polvorín al servicio de unos cuantos, podría ser otra vez la chispa que encienda al mundo.

Porque no hay visos de que Vladimir y Obama, u Obama y Vladimir, estén dispuestos a hablar en serio, con franqueza y honradez. No se plantea la posibilidad de que los encuentros de los dos mandatarios vayan a propiciar la paz intercontinental.

   Ha quedado bien claro: tú me dejas hacer en Ucrania y sólo protestas aunque sea airadamente, y yo te permito que el gobierno israelí atropelle los derechos humanos, mate aquí y allá y destroce una franja que siempre estuvo encarcelada.

Gaza no es sólo un botín que ha quedado reducido a trastos para la buhardilla. Es el campo de batalla de dos poderes omnipresentes que se reparten tierras sentados frente a una cómoda y nefasta mesa del antidiálogo.

Sin embargo, el cambio de ciclo evidente en el que estamos inmersos, promete una transformación radical de la política y economía salvajes.

Qué bueno que la posible presidenta de Estados Unidos lance un llamado de alerta. Ella tendrá que responder a sus deseos de paz y a su ímpetu de liderazgo. Clinton no es una política de mano suave, pero sí firme. A veces, la confunden con el radicalismo demócrata, pero ella se defiende con la frase de siempre: es por el bien de Norteamérica.

No cabe duda que la actual popularidad de Barack Obama ha descendido en forma alarmante y que sus decisiones, o indecisiones más bien, en materia de política internacional no responden a los intereses de cualquiera de las partes.

La ambigüedad de sus exhortos y el lenguaje que utiliza en los discursos tienen siempre el mismo matiz: dejar satisfechos a los conservadores y hacer sonreír con satisfacción a la gente.

No ha tomado medidas drásticas para evitar el derramamiento de sangre. Parece que los muertos en los lugares en conflicto, son de segunda mano y los vivos se aprovechan y aumentan su poder y fortuna.

Hillary, en el caso de jurar como jefa del Ejecutivo, tiene ante sí varios problemas importantes de difícil resolución. Dentro, Obama no ha sido claro y a veces fue enemigo de los inmigrantes latinoamericanos. Prometió ayudar a los que llegaban de Centroamérica. Y ahora se limita a deportar a la mayoría.

La política contra los braceros está en camino de endurecerse si las circunstancias le obligan a hacerlo para mantenerse en el poder y salir con un poco respetable aval popular.

Para que llegue a gobernar esa nación (insisto en Hillary) los problemas se amontonan y las dificultades para resolverlos aumentan. El futuro jefe de la Casa Blanca tendrá que utilizar otros métodos y políticas disuasorias para que el mundo no esté, como ahora, en llamas.

A Estados Unidos se le exige una política exterior participativa porque buenas ventajas obtiene de su liderazgo económico. Además, para hacer honor a los pioneros que con su trabajo e inteligencia hicieron grande el país americano.

Si Clinton llega, recemos, pidamos o deseemos que su plumaje sea el de la paloma de la paz y no el oscuro y feo del halcón.