Cultura y comunicación 20 años después del TLCAN/XIII-XV
Javier Esteinou Madrid
Con la incorporación acelerada de México al proceso de globalización internacional a través del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) desde hace dos décadas a la fecha, se generaron diversos impactos sobre la estructura cultural de la nación. Entre las principales repercusiones se pueden registrar las siguientes:
20.- El mercado como marco axiológico para la valoración de la vida
Desde una perspectiva humana, la aplicación de la práctica comercial fenicia sobre el proceso cultural de la nación significó que crecientemente el mercado fue la autoridad que determinó el valor de las personas y de la vida y no las fuerzas, las dinámicas sociales y las garantías constitucionales en los que estaban inscritas. Esto es, el reconocimiento social, la dignidad de la persona, la estimación de su físico, su aceptación cultural, la valoración comunitaria, su retribución económica, su incorporación al sistema de trabajo fue crecientemente definido y conformado por las necesidades de atender las leyes del mercado para la acumulación de capital y no por las dinámicas de justicia, crecimiento, dignidad, solidaridad y humanización de los hombres.
Por ejemplo, esta situación se comprobó constantemente en el campo laboral de nuestra sociedad, cuando, paradójicamente, se extendieron las directrices laborales que imponían contrariamente a los precedentes que caracterizaban a nuestras culturas madres donde el “hombre viejo” era más valorado como sabio para participar y dirigir al conjunto social; ahora con la introducción creciente de la lógica del mercado en las relaciones contractuales presenciamos que en el momento en que el ser humano se acerca a los 35 o 40 años de edad y está en su fase más madura y experimentada de la vida, ya no es contratado por la mayoría de las empresas privadas e incluso públicas.
21.- La cultura determinada por el mercado
A diferencia de Canadá y otros países europeos, como Francia, que protegieron sus culturas nacionales frente a los procesos globalizadores de la modernidad, el gobierno mexicano decidió demagógicamente no proteger la cultura de la república, pues consideró que estaba constituida por una estructura de valores muy sólidos e impenetrables provenientes de cimientos desde hace más de 3 mil años que le permitían defenderse por sí misma. Es más, las autoridades consideraron que debido a las raíces milenarias de la cultura mexicana, ésta no sería vulnerada, sino que sería imitada por otras culturas modernas más jóvenes como la norteamericana y la canadiense.
Sin embargo, paradójicamente, después de dos décadas de implementación del TLCAN la realidad fue otra radicalmente distinta. En términos educativos, la aplicación del modelo de mercado al terreno cultural significó que, en la actualidad, cada vez más, fueron las bases de la mercadotecnia las que gobernaron la orientación y la acción de las instituciones culturales y comunicativas de nuestra nación y no las directrices del desarrollo social, crecimiento humano y avance espiritual de nuestras comunidades.
Sorpresivamente, lo único que sí se protegió jurídicamente en el TLCAN fue la propiedad intelectual y los derechos de autor (copyrights), pues dichas actividades sí representaban el amparo de la consolidación de los negocios, la protección de patentes y el aumento de las ganancias comerciales, pero no la cultura orgánica de nuestra nación, pues ésta fue concebida aristocráticamente en un sentido folclórico o decorativo y no como una manifestación fundamental para la sobrevivencia social.
22.- La cancelación de la cultura humanista
Desde el punto de vista de la formación de conocimientos, la aplicación de ley del mercado al campo educativo y cultural gradualmente mermó o canceló en México diversas carreras o especialidades de filosofía, antropología, sociología, ciencia política, historia y otras disciplinas humanistas por asegurar que no son rentables o necesarias para los criterios de la modernidad por no ser altamente productivas; y se potenciaron sustantivamente otras disciplinas más “rentables” como fueron ingeniería de negocios, especialidades informáticas, neuro marketin, nuevas tecnologías de video, modernas especialidades en ingenierías de ventas.
Ante esta realidad debemos preguntarnos qué sucederá con una sociedad que progresivamente cancela la existencia de las disciplinas especializadas en su autoconocimiento como sociedad. Frente a esta realidad se puede decir que al aplicarse esta política tan miopemente pragmática se están formando las bases de una enorme “ceguera social” de grandes dimensiones, pues los principios del mercado están abortando las áreas del conocimiento humano especializadas en el análisis propio de la situación de las comunidades. Ante a ello, debemos interrogarnos a dónde va una sociedad que ve todo, excepto a sí misma.
23.- El conocimiento como mercancía
La presión de la dinámica del mercado sobre la cultura propició que el conocimiento especializado se adquiriera como una mercancía más que se usa provisionalmente y se desecha como moda cuando aparece otro más novedoso y atractivo; y no como el conjunto de conocimientos cuya acumulación ampliada permite conocer y resolver los problemas presentes.
En este sentido, la tendencia es que el conocimiento que se acepta y reproduce en los centros de enseñanza universitaria y superior, cada vez más, proviene de la dinámica que marcan los intereses del mercado y no por la reflexiones científicas propias de las disciplinas.
En la fase de la “modernidad cultural” la frivolidad de las modas intelectuales ha substituido la profundidad del conocimiento social.
