El PNV saca de los libros de texto lo referente al respeto a la Constitución española y a su articulado educativo.

Leyre Iglesias, El País.

Regino Díaz Redondo

Madrid.- El panorama es el siguiente: Cataluña convoca a una consulta soberanista y se enfrenta al Tribunal Constitucional: Mariano Rajoy sostiene: “no se puede pasar por encima de la Carta Magna”, lo que significa que no admite el diálogo. Artur Mas: “votar nos une”, Rodríguez Zapatero: “la solución al problema es el federalismo”. Oriol Junqueras: “a las urnas a como de lugar, Cataluña será independiente de cualquier forma”.

Mientras, Escocia sigue en el Reino Unido y da un ejemplo democrático pocas veces visto. Alex Simond, primer ministro, asegura “me voy pero logramos más y mejor presencia en Gran Bretaña”.

Del ambiente sereno y tranquilidad social en las islas pasamos a la crispación, el enfrentamiento y las emociones desbordadas en España.

La música de las gaitas, la felicidad y las lágrimas, estuvieron presentes durante la jornada decisiva en aquel país. Después, cada quien a su trabajo, respeto absoluto al resultado.

Ojala el jefe del gobierno español tuviese ese talante para hablar con el presidente de la Generalitat y, juntos, salir al balcón y anunciar reformas en la Carta Magna para satisfacer muchas demandas del Govern.

Mas debería aceptar que por el camino de la ilegalidad no puede haber acuerdos y Prometeo asegurar para Cataluña un mejor trato dentro de España.

Pero no han dialogado más que una sola vez sin resultados. Ninguno deja sus trincheras. Vamos hacia un precipicio social de consecuencias gravísimas. Todo indica que nadie dará su brazo a torcer. Están convencidos de que actúan con patriotismo. Sui-géneris patriotismo que mantiene a la ciudadanía en alerta máxima.

Cada quien defiende sus intereses personales y arrastran consigo a multitudes que responden emocionalmente a cuestiones que deberían tratarse con juicio democrático.

Juan Manuel García Margallo, ministro de Asuntos Exteriores, azuza el fuego: “yo me considero propietario de cada centímetro cuadrado que tiene España y, por tanto, tengo que ser consultado de lo que pase en Cataluña”.

Don Artur no ha firmado la convocatoria al referéndum en los primeros cuatro días después de la reunión parlamentaria. Dice que lo hará con “habilidad y astucia”. Se ríe Mas del pueblo español. (Ya lo habrá hecho).

Se suceden los comentarios, Miguel Iceta, secretario de los socialistas catalanes, acusa: “Mas es un insensato y Rajoy un cobarde. No los seguiremos hacia el precipicio”.

Don Mariano y el Presidente defienden sus intereses personales y políticos y mantienen en vilo no sólo a la península sino al resto de los países europeos.

    Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, interviene: “es insensato que haya gobernantes que obliguen a escoger entre ser catalanes o españoles”.

Los únicos que tenían claro el resultado escocés fueron las bolsas de todos los continentes. Un día antes de que la gente fuera a las urnas apostaron por el no lo que permitió mover los mercados en ese sentido.

El 9 de noviembre es ya un fantasma que sobrevuela las cabezas de los habitantes de esta nación. Los españoles, hasta ahora un poco ajenos al independentismo, comienzan a preocuparse aceleradamente. La intranquilidad y el desasosiego tocan la puerta. Nadie quiere abrirla y nos tienen contra la pared.

Los líderes políticos presionarán hasta el último momento. Al empobrecimiento masivo del reino se suma ahora el descontrol identitario. No está el horno para bollos ni España dispuesta a soportarlo porque materialmente no puede.

Cruje el macizo olivo y en Andalucía no se escucha la sardana. La enemistad entre Rajoy y Mas contagia todas las actividades económicas y sociales. Hay empresarios que amenazan con retirar sus comercios de Cataluña y traerlos a España. Otros, dicen lo contrario y quieren irse a esa región. En resumen, la pelea es cada vez más fragorosa y la animadversión crece.

Los nacionalismos nunca fueron buenos. Ahí está, para mejor seña, el nacional-socialismo. Y en la parcela de Luis Companys vemos con indignación a la famiglia que abofeteó  la cara de la Generalitat durante 34 años.

Ni Franco ni Jordi Pujol i Soley representaron a este país que se empeña en herir a los poderes fácticos y a los intentos de fortalecer una democracia en la que una gran parte no cree.

Políticos e industriales hacen todo lo posible para que los aborrezcamos. El español no cree en las promesas de sus jefes ni de las autoridades. Los grupos de poder se arropan y protegen entre sí; los jueces pierden la credibilidad y los legisladores son para ellos individuos ajenos que se reúnen en un supuesto y lejano hemiciclo para aprobar leyes que hieren y limitan la libertad.

Desde el mando, los maestros del egoísmo contribuyen a extremar las penurias. Coartar movimientos positivos propicia el anarquismo en su cara más fea. Los 40 metros cuadrados donde se apiñan cuatro o cinco personas están herméticamente cerrados y se han convertido en opositores al régimen neoliberal de Prometeo.

El vecino es, a veces, un extranjero y la tradicional cordialidad de este pueblo ha desaparecido. Ganaron los hoscos, desaprensivos y recelosos.

No se convive, se malvive siempre a la defensiva. Es la obra de un gobierno que promulga todos los días un bienestar que no existe.

Lucra la macroeconomía y las multinacionales obtienen pingües beneficios en tanto que obreros y empleados de clase media y jóvenes con carreras profesionales se van al extranjero o trabajan de camareros, como mozos en las vendimias de los latifundistas, con salarios mínimos y trato esclavista.

Hay quien piensa que es lo que hay y que más vale ser ninguneado a cambio de tener para comer. Se cambia el respeto por el alimento. El hambre se entrega a los desmanes de los ricos.

(En Escocia votó el 87% de los llamados a las urnas. El 53,5% dijo no, el 44,7% sí. Aquí, en el Parlamento, 106 diputados aprobaron la consulta y 28 la rechazaron. Allí todos se dieron la mano al terminar los comicios, aquí los políticos del PP reniegan de los parlamentarios y funcionarios públicos de la Generalitat.

Los isleños van a trabajar juntos, unionistas y soberanistas. En España, el catalán se aleja. “Es español el que no puede ser otra cosa”, afirma Josep Lluis Carod-Rovira, ex vicepresidente del Govern.)

Para los separatistas “estamos en un término desconocido”… ???   y “no pediremos permiso ni perdón” . Nadie lo pide hasta ahora.

El gobierno neoliberal se acoge al artículo 155 de la Constitución que prohíbe convocar a las urnas si no lo aprueba el Congreso de los Diputados en Madrid. Los independentistas se apoyan en el artículo 122 de su Estatuto que habla de poder celebrar referendo. Pero sólo es para asuntos internos. De ninguna manera los faculta a votar para formar un Estado dentro de Europa.

Les diré más, en el colmo de la irrealidad, Rajoy habló poco después de saber el resultado en Escocia a través de un mensaje grabado con antelación. Nunca se presentó ante los periodistas ni los ciudadanos. Tenía dos mensajes grabados. El otro era por si vencía el sí en Escocia.

Todo un ejemplo de democracia, de habilidad política  y de cómo un político no debe actuar en ningún momento y por ningún motivo.

El señor Mas juega al escondite con sus compatriotas, que son los nuestros. Se muestra marrullero y esquiva contestar a los que le preguntan por una hoja de ruta definida a partir del momento en que los diputados catalanes sancionaron la consulta.

Ojalá el presidente de la Generalitat adopte esa actitud para ver si, a última hora, el gobierno central se anima a cambiar de parecer o a llegar a un acuerdo provisional con los independentistas.

Es casi improbable que tal cosa ocurra. Los dos individuos están montados en sus centauros invisibles, tienen puesta una coraza de desprecio y no piensan en la seguridad del resto de la gente.

La Europa políglota, llena de historia pero cansada, mira hacia España y desea que las cosas salgan bien.

¿Para quién?