La revolución de los pequeños
Humberto Guzmán
Los humanos tenemos una tendencia a abusar de lo que haya a nuestro alcance. Esto lo discutieron desde la antigüedad los grandes sabios y filósofos, como Confucio, Platón. El pretexto es la supervivencia y luego la supremacía. De este fenómeno de origen natural, pero de desarrollo artificial (no hay nada más artificioso que lo humano), es de donde surgen los imperios, las grandes potencias y los abusos de unos individuos sobre los otros.
La revolución tecnológica más reciente, que es Internet, no podía ser la excepción. Casi diría que es la revolución de los pequeños o de los individuos. Muchos pueden tener una computadora, contratar el servicio de Internet y empezar a sentirse filósofo, especialista en algunas materias, como… la política. Es menos comprometedor maniobrar un ordenador que un revolver. Quizás no lleguen a publicar artículos en ningún medio, pero pueden dar sus opiniones, ilustradas con fotomontajes inclusive. Whatsapp, Facebook, Twitter, solucionaron la incapacidad para desarrollar las ideas: se lanza una opinión instantánea y listo.
A propósito, varias expresiones de los pasados “días patrios”, en los que no podían faltar los lances en contra del presidente Enrique Peña Nieto y de México, me hacen reflexionar al respecto. Estas expresiones, improvisadas o no, en Facebook, han sido tantas que pierden su significado y otras son tan elementales que lo pierden también.
Por un lado, nadie las ve, excepto sus cuates, que ya pensaban así, que están de acuerdo y hasta agregan cualquier comentario. Suelen quedarse en un grito, en un insulto o infundio, en el ensucia-que-algo-queda. No propagan nada, no convencen a nadie fuera de su pequeño círculo, no ganan adeptos. Al contrario.
¿Los autores de estas pedradas cibernéticas habrán pensado alguna vez que por la (muchas veces) gratuidad de estos “golpes” bajos, además escritos con los pies, se podría obtener el efecto contrario?: la solidaridad con las víctimas, sí, Peña Nieto y México.
Se dijo, por ejemplo, que México está tan mal que ya es considerado un Estado malogrado. ¿En dónde? Porque, al contrario, en ciertos aspectos México es visto como una país de prosperidad creciente —tampoco pasa de aquí, desde que yo era niño oigo esta optimista versión—, pero es un hecho que la economía del país es grande. Cuando dijeron que “no había nada que festejar” este 16 de septiembre, se equivocaron. En esta fecha se recuerda el inicio de la separación de la provincia de la Nueva España (que no Colonia) de la metrópoli; no se festeja que no haya pobres ni que no esté en el gobierno el tipo de gente que, supongo, les gustaría a esos “especialistas” (de clase media para arriba, por cierto). Cualquiera, así, puede garabatear lo que le venga en gana y, bien, no pasa nada.
Recuerdo de esos días una composición fotográfica en la que se afirmaba que procedía de Aristegui Noticias, en donde aparecía la frase “los de arriba y los de abajo”. En ella se veían, en un extremo, a policías uniformados que revisaban a niños en la Plaza de la Constitución (de Cádiz), el Zócalo, eran “los de abajo”, y en otro aparece Peña Nieto que abraza a una niña bien vestida, que debían ser “los de arriba”. En la versión que yo vi, un comentario era “¿miedo?”; se insinúan las diferencias económicas, que quienes hayan hecho el fotomontaje pensaron, seguramente, en “la lucha de clases” (obviamente) marxista. Nada les impidió hacerlo y “subirlo”. Hay libertad de expresión a ojos vistas. Nadie los persigue ni los reprime, como tal vez les gustaría.
Existe una especie de carnaval de la libertad de expresión en estos años. Llega a ser algo caricaturesco: abusivo. Por asociación de ideas, recuerdo la toma de las calles en el Distrito Federal en 2006, el Zócalo, las agresiones a comercios, restaurantes, la Alameda central y a particulares. En esto sí veo con “miedo” a las autoridades de la ciudad, tanto que parecen cómplices.
Hay quien habla del síndrome del “68”. Nadie quiere ganarse el desprestigio de Gustavo Díaz Ordaz o Luis Echeverría: otro abuso de poder. Pero se van al otro lado, al incumplimiento de la ley, que no sé que podría ser más grave.
En resumidas cuentas, si nos quedamos con la sola “libertad de expresión”, nos demuestra que México no está tan malogrado como dicen algunos “críticos” de Internet; demuestra que sí tenemos una democracia, imperfecta, por supuesto, porque sólo las dictaduras son perfectas, como en Cuba, Corea del Norte o China o aun la Rusia actual. La crítica es análisis para llegar a una tesis. Lo otro es mero grito, mentada, resentimiento, no de clase, sino de grupos que quieren el poder.
