“Hoy tenemos una tercera guerra mundial

combatida a trozos, con crímenes, masacres y destrucción”.

Papa Francisco

Regino Díaz Redondo

Madrid.- La enfermera Teresa, contagiada por ébola, permanecía estable pero grave, el pasado 8 de octubre. Está aislada y recibe transfusiones de sangre de la hermana Paciencia, que tuvo el mal pero se recuperó. Este es lo único que se le suministra porque el suero 2MAPP (brincidófovir) se agotó y volverá al mercado el año próximo.

Hubo improvisación y negligencia en el equipo sanitario que la trató. A petición de ella no se dan partes sobre su estado de salud. El gobierno tampoco informa y permanece hermético, la ministra de Salud, huelga por su ausencia.

Ana Mato no asistió a la sesión del Congreso de los diputados. En su lugar, la directora del ramo afrontó como pudo las preguntas y acusaciones de los partidos políticos. Consideraron que “los métodos empleados no garantizan la seguridad de las gentes que estuvieron  a su lado”.

Javier Limón, marido de la infectada, permanece en cuarentena y no da síntomas de tener el mal. La auxiliar africana que proporciona el plasma fue contagiada por el ébola y sanó. Ahora está en España y emplean su sangre como antídoto para la enfermedad.

La española de 44 años es la primera persona en Europa y el resto del mundo occidental en ser víctima del virus después que murieron los misioneros Miguel Pajares y Manuel García Viejo, repatriados.

El contagio ha creado un clima de inseguridad social que crece a medida que pasan los días. Hasta el momento hay 23 españoles más en observación y a 50 se les hacen pruebas por si estuvieron en contacto con ella.

Los vecinos del edificio en el que viven, en Alcorcón, están asustados y esperan que en el curso de estos días los servicios sanitarios limpien la zona.

Las bolsas de valores del Ibex35 han sufrido pérdidas hasta en un 7%. Igualmente, las empresas turísticas nacionales resienten la presión y se han cancelado muchos vuelos en las compañías del grupo que reúne a Iberia y British Airlines.

La Unión Europea envió una carta en la que pide a Mariano Rajoy que utilice todos los medios a su alcance para evitar mayores males y dar confianza a la ciudadanía europea. Los informativos del continente se recrean en el asunto y piden más al gobierno español.

El miedo se propaga y cunde entre la población. Personal de los hospitales de Alcorcón, La Paz y Carlos III salió a la calle para protestar por la mala gestión del gobierno “que no ha proporcionado el debido entrenamiento ni el protocolo adecuado a quienes trataron a Teresa”.

El sector salud español puso en vigencia el nivel 2 de peligrosidad en vez del 4 que corresponde a casos tan extremos como éste.

La ministra se esconde, es convidada de piedra y, en la única conferencia de prensa que ofreció, no intervino más que en una ocasión para hablar en términos generales del problema.

¿Alguien va a dimitir por el descuido y la mala praxis de las autoridades?, preguntaron los periodistas.

Por dos veces se le cuestionó en el mismo sentido y otras tantas no quiso contestar.

Máximo González Jurado, presidente del Cuerpo General de Enfermería, expresó “estoy indignado” por la forma en que se han desarrollado los acontecimientos y niega que haya médicos y enfermeras preparados para combatir el virus.

En África ya han muerto 3 mil 800 personas y muchos miles están en período de incubación, mal atendidos, en lugares inapropiados y sin las prevenciones que dicta la Organización Mundial de la Salud.

Teresa pudo contagiarse de la siguiente manera:

Algún pinchazo o roce que haya tenido con la jeringuilla al ponerle alguna inyección.

Fallas en la cadena de aislamiento durante el proceso de internación y el trabajo  in situ.

Al quitarse el traje protector. La operación tarda cuarenta minutos y ella sólo recibió un curso de media hora antes de ponerse en contacto con el enfermo.

Una de las empresas llamadas para desinfectar la zona, se negó a ello para “garantizar la vida del personal”.

Estos motivos son los fundamentales. Además, desde un principio no se tomaron las medidas de seguridad adecuadas por impericia y desaseo; la buena disposición del cuerpo de médicos español se topó con que los pisos dedicados a tratar infecciones como la del ébola habían sido clausurados por culpa de los recortes económicos ordenados por el gobierno de Mariano Rajoy.

Hay una cadena de reacciones que pueden originar pánico en el continente. Inversionistas y multinacionales ahora sí se preocupan por el devenir de los acontecimientos. Antes, África era un lugar perdido en una selva lejana donde habitaban semi-hombres.

Los laboratorios y los bancos encargados de patrocinar la investigación sobre este tipo de males no han dedicado el suficiente dinero ni el equipo adecuado para resolver el problema. La ONU apenas toma conocimiento y se revuelve inquieta pero, como siempre, su condena llega tarde y no tiene repercusión práctica.

Occidente ha sido tocado en su soberbia. Los poderes político y económico se creyeron inmunes y los negritos eran para ellos sólo cifras y números, un mero índice estadístico.

El ambiente se caldea. España está, otra vez, en el ojo del huracán por la lentitud con la que ha actuado un gobierno que se deshilacha, del que desconfiamos no sólo los españoles, si no la mayoría de las naciones del llamado primer mundo.

Da pena escuchar a las autoridades cuando intentan justificarse por lo acaecido.  La enferma estuvo desde el 25 de septiembre hasta el primero de octubre con fiebre de 37.5 grados. Al comunicarse con el hospital e informar de su estado de salud le dijeron que no tenía por qué preocuparse porque sólo con fiebre de 38.3 sería tratada.

Aunque sea incomprensible, así ocurrió según relata ella misma. En las pocas palabras que pronunció para un canal de televisión expresó también que se sentía débil y deseó que todo saliese bien. Sin embargo, cortó la comunicación porque estaba muy cansada.

Nos hemos convertido en un foco de atención insólito. Al que tiene hambre, la cebada al rabo. Prometeo no aparece y si lo hace es a través de un plasma de televisión, como de costumbre.

El presidente del Gobierno expresó en días pasados que por “los informes que tengo”, las cosas se están manejando bien y que se han tomado las medidas adecuadas y completas para tratar a la enferma y a los posibles infectados.

Para variar, el ex Registrador de la Propiedad se lava las manos pero no puede quitarse la suciedad que las ennegrece. Es un individuo que vive en la inopia y no atiende a razonamientos ni a la sensatez.

Frente a este caso tan grave, Rajoy parecía estar ausente y querer terminar la breve conferencia de prensa. Ana Mato no estuvo con él. Si acaso, Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, se mantuvo callado durante la intervención de don Mariano.

Además hubo descuido, no se valoró el peligro que acarreaba la enfermedad y trató de ubicarse el problema como un acontecimiento puntual que no tenía mayor trascendencia.

Estas y otras equivocaciones mantienen a las autoridades españolas en un brete y las reclamaciones de todos los sectores nacionales se hacen cada vez más patentes.

El mundo acusa al gobierno de irresponsable y tilda a Mato de incompetente. La salud pública, se dice, no tiene cabeza. Doña Ana no existe y además se escabulle tras bambalinas.

El colmo, el único sacrificado hasta ahora es Excalibur, el perro del matrimonio sin hijos.

Habrá que esperar días o semanas para que conozcamos la verdadera gravedad  en que estamos inmersos.

Y sobre todo, si el gobierno oculta algún otro error o se aboca a resolver el problema como debe.