Cultura y comunicación 20 años después del TLCAN/XV y última parte
Javier Esteinou Madrid
El modelo de desarrollo modernizador que gradualmente adoptó México en sus estructuras culturales y comunicativas al final del siglo XX y principios del siglo XXI con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y otros acuerdos globales subsecuentes para incorporarse al nuevo orden mundial surgido después de la guerra fría, basado mayoritariamente en el supuesto mágico poder regulatorio de la “mano invisible” del mercado para dirigir la participación social; comprobó en dos décadas sus enormes limitaciones y las bárbaras deformaciones culturales, comunicativas y humanas que produjo.
Por ello, después del fracaso de dicho modelo ahora se requiere la búsqueda e implementación de nuevas políticas, especialmente de cultura y comunicación, para lograr la participación de la sociedad a través de otros procesos de información y contribuir, con ello, a resolver colectivamente las agudas contradicciones mentales que limitan el crecimiento equilibrado de nuestra nación.
En este sentido, es fundamental sustituir dentro del contexto de la modernidad la idea neoliberal de crear un Estado mínimo o ultra mínimo en el área cultural de México a través de la adopción indiscriminada de la política del laissez faire informativo; para introducir ahora la concepción estratégica del nuevo Estado básico para la sobrevivencia social sin el cual no podrá construirse un orden civilizatorio superior que mantenga las condiciones elementales de la convivencia pacífica en comunidad, especialmente, en la medida en que en el país somos crecientemente sociedades de masas cada vez mayores.
Es por esto que ante el nivel límite de evolución en el que nos encontramos como civilización nacional y frente a la creciente penetración de la “iniciativa del mercado” en el campo de la cultura y la comunicación colectiva del país, debemos considerar que así como una cantidad de actividades estratégicas para el desarrollo del Estado mexicano no pueden dejarse en manos del sector mercantil.
No podemos olvidar que la superación de la crisis de civilización que nos enmarca requiere la producción de un nuevo eje cultural, y éste en nuestro país deberá girar alrededor de la renovación de los medios de comunicación nacionales, especialmente de la televisión, que son las instituciones culturales que más rápidamente difunden, promueven, cambian o deforman los valores sociales.
Para avanzar en la construcción de la nueva política de cultura y comunicación para la sobrevivencia social es necesario que el Estado y la sociedad civil realicen, entre otras, las siguientes nueve acciones mínimas de política informativa:
1.- El Estado debe rescatar su función rectora en el campo de la comunicación y la cultura frente a la dinámica salvaje que han alcanzado las fuerzas del mercado en este terreno.
2.- Sin esperarse hasta una nueva renegociación del TLCAN y otras zonas del mundo es necesario que se replante el pacto social de comunicación existente entre el Estado, los medios de difusión y la sociedad para orientarlo hacia un nuevo pacto tripartita de participación ciudadana plural y multiétnica que equilibre el actual funcionamiento desigual.
3.- Considerando que el actual gobierno del PRI no estuvo dispuesto a renegociar el TLCAN en ningún renglón, y por ello, firmó el 19 de febrero del 2104 la continuidad de dicho acuerdo con Estados Unidos y Canadá, solamente se podrán lograr cambios estructurales en el ámbito de la comunicación y la cultura a través de la aplicación de mecanismos paralelos que fortalezcan la pluriculturalidad e identidad nacional, por lo que es fundamental que la sociedad civil organizada presione al Poder Legislativo para que en la elaboración de las leyes reglamentarias de la reforma constitucional de las telecomunicaciones, la radiodifusión y la competencia económica aprobada en junio de 2013 por el Congreso de la Unión, se respeten los avances y las garantías culturales y comunicativas ya incorporadas en la Constitución en este terreno.
4.- Es ineludible que los ciudadanos presionen al Estado para que el gobierno mexicano cumpla con los tratados internacionales aprobados por México sobre la cultura, como el tratado de la diversidad cultural.
5.- Es indispensable deslindar que nuestra fortaleza como país provendrá del rigor con el que defendamos la claridad de quiénes somos como sociedad, esclarezcamos qué necesitamos saber colectivamente para sobrevivir, generemos los bienes culturales y comunicativos adecuados para crecer, nos organicemos colectivamente para resolver los principales conflictos de la agenda nacional.
6.- Es imperativo elevar a rango constitucional el derecho de acceso a la comunicación colectiva como un bien y una garantía elemental a la cual podrán acceder y ejercer todos los mexicanos.
7.- Es preciso que el Estado fortalezca y amplíe el esquema de medios de comunicación de servicio público para cumplir con su función de rectoría nacional y equilibrar el funcionamiento del modelo de comunicación fenicio que difunden las industrias culturales privadas.
8.- Se requiere que el Poder Legislativo limite constitucionalmente las facultades discrecionales del Poder Ejecutivo en el campo de la comunicación colectiva y cree un nuevo marco normativo más democrático y justo.
9.- Para superar la profunda crisis de valores que hunde el país se requiere ejecutar, vía los medios de comunicación, una profunda reforma ético-moral que rescate los principios que nos permiten vivir equilibradamente en comunidad y que cree las bases de conciencia mínimas para que los ciudadanos puedan desarrollarse material, cultural y espiritualmente.
No avanzar en la dirección de dicho horizonte encararemos que en plena fase de “modernización” nacional con la renovación del TLCAN, se habrán modificado las estructuras económicas, políticas, jurídicas, tecnológicas, laborales, comerciales, de nuestra sociedad.
