Cínicos y miserables
“El gobierno trabaja en una norma para que las empresas difundan sus políticas contra la corrupción y el soborno”: Rajoy
¡Se quieren hacer el harakiri!
Regino Díaz Redondo
Madrid.- El poder judicial ratifica su independencia y ordena fianzas por 16 millones de euros para Miguel Blesa, ex presidente de Caja Madrid, y de 3 millones para Rodrigo Rato, ex de Bankia. Ambos están acusados por el juez Fernando Andreu de “administración desleal continuada”.
Tuvieron tres días hábiles para depositarla. De lo contrario, embargarían sus bienes por ese valor.
Los dos ex banqueros imputados salieron despavoridos del juzgado entre abucheos de las víctimas de las acciones preferentistas, otro fraude contra pequeños ahorradores. Estos perdieron su dinero al ser engañados. Compraron bonos basura que Blesa y Rato vendieron como excelente inversión. Gente que había reunido 30 o 40 mil euros durante toda su vida, se ha quedado en la calle.
Los afectados son, en su mayoría, personas sin conocimiento financiero y los hay analfabetos, ciegos y discapacitados. Cínicos y miserables, saltaban de alegría al saber que habían hecho el negocio de su vida.
En sus sms se felicitaron mutuamente y su soberbia creció. Estaban impunes pese a la fechoría que cometieron. Pero, por fin, inician su calvario.
Antes, uno, Blesa, se fue de safari y el otro, Rato, cobró millones de euros por su retiro.
Estalló el escándalo. Están coludidos políticos de todos los colores, empresarios, banqueros y sindicalistas, en perjuicio de la hacienda pública. Exhibían su opulencia e impunidad y despreciaron a una sociedad civil estrangulada por sus pillerías.
Durante doce años, Rodrigo Rato, vicepresidente del gobierno con Aznar y ex presidente del FMI, Miguel Blesa, presidente de Caja Madrid en ese entonces, Ildefonso Sánchez Barcoj, secretario de la misma, Rafael Spottorno, jefe de protocolo de la Casa Real, Gerardo Díaz Ferrán, ex presidente de la CEOE, Arturo Fernández, presidente de los empresarios madrileños, Carme Cafranga, presidenta de la Fundación Caja Madrid y el líder minero de la UGT José Ángel Fernández Villa, son algunos de los 86 ejecutivos que utilizaron tarjetas opacas (black) para burlar al fisco.
Para ellos eran sobresueldos que no pagaban impuestos por lo que tampoco los incluyeron en sus declaraciones sobre la renta.
Se gastaron más de 15 millones de euros y, mientras robaban, cargaron contra los “deshonestos evasores” que tenían fortunas en el extranjero. El colmo del cinismo.
El eje del sistema tradicional está corrupto; los españoles soportan estas canalladas mientras poco a poco sus hogares empobrecen y sus niños pasan hambre.
Son víctimas del poder podrido
Meter el dedo en este pantano es toparse con ilegalidades. Se conocen los nombres de los prevaricadores pero ninguno devuelve el dinero ni pisa la cárcel. Si acaso están presos Luis Bárcenas y Jaume Matas, por conveniencia política.
Blesa y Rato repartieron tarjetas como caramelos entre sus incondicionales para que callaran las irregularidades y trucos que se hacían en la contabilidad de esas instituciones.
Con el plástico pagaron safaris, viajes de lujo, discotecas, ropa de almacenes como el Corte Inglés y Mercadona, gasolina, piezas valiosas en subastas, joyas en las mejores relojerías de Madrid, perfumes, tickets de estacionamiento, llamadas desde teléfonos públicos y sepelios.
Fue un robo en toda regla que se suma a la centena de ilícitos ya descubiertos en España.
Por si fuera poco, sacaron dos millones de euros en efectivo de las cajas automáticas de los bancos para “despedirse” del país de jauja en que ellos creían vivir.
Tuvieron patente de corso y se atrevieron a presentarse como redentores de la patria, de la bandera, del reino y del régimen parlamentario que nos rige.
Los autores del desaguisado tienen las mejillas rojas de vergüenza y algunos han renunciado a sus puestos pero se resisten a reembolsar el efectivo.
El fiscal General del Estado, Eduardo Torres-Dulce, mostró una vez más su parcialidad partidista: “aún no se puede hablar de delito” en esta trama que conmueve por enésima vez. La nación está siendo saqueada en todos y cada uno de los sectores del cotidiano vivir.
Los paganos son las clases medias y trabajadoras a los que no les alcanza para llegar a fin de mes.
El ambiente está totalmente contaminado y la tela de los hurtos es tan espesa que puede cortarse con una cuchilla de afeitar.
El juez Fernando Pedraz destapó la cloaca y la sociedad mayoritaria lo respalda pero, a juzgar por la aptitud de quienes manejan el país, todo podía quedar en agua de borrajas.
Es tal la sucia connivencia entre los delincuentes de finos y exquisitos modales que éstos amenazaron con “tirar de la manta” si son molestados.
Lo hagan o no, muchos más caerán porque aún quedan por conocerse otros nombres de importantes funcionarios que hicieron de las arcas del Estado su caja particular.
Este gobierno improvisa y corre mucho, duda y se equivoca muy a menudo. Recuerdo la frase del Papa Bueno Juan XXIII: “la prisa y la indecisión son dos calamidades”, les viene como anillo al dedo.
Los representantes del neoliberalismo no admiten errores, siempre tienen la razón, su razón; no rectifican ni admiten que se equivocaron. A eso se llama radicalismo del Poder. No practican ni se acuerdan del autoanálisis y se olvidan del fervoroso mea culpa.
Se creen infalibles y así les irá
Además de la tarjeta b, la mayoría de ellos tenía Visa-A que repartió Rodrigo Rato cuando estaba al frente de Bankia. Con ella pagaron gastos de representación hasta por 108 mil euros cada uno, que tampoco fueron declarados a Hacienda.
Desde el gobierno se anuncia que habrá una investigación pero todo queda ahí. Prometer no perjudica, lo que empobrece es dar.
Si todos los imputados entregaran el caudal obtenido ilegalmente no hubiesen tenido que hacerse recortes a la sanidad y a la educación públicas.
Que nadie se olvide de esto porque no fue el derroche de las clases medias lo que nos llevó a la crisis que se inició hace seis años sino su abuso lo que nos ha puesto al borde del precipicio.
Somos la burla del continente y este dolor permanecerá mucho tiempo entre los españoles de a pie que nada tienen que ver con los robos.
Hay quienes, inclusive, pagaron la cesta de la compra en supermercados, compraron vinos y caviar en un alarde de vanidad y euforia sin límites.
En estos días están llamados a declarar Rodrigo Rato, Miguel Blesa e Ildefonso Sánchez. De lo que digan saldrá más basura o quizá impunidad. Pero sólo la firmeza de la justicia podrá poner a cada quien en su lugar. Si los instructores se doblegan ante las presiones de los gobernantes, España no podrá salir nunca del agujero en que se encuentra.
A esta estafa se une la sentencia contra los dirigentes del Fórum Filatélico, empresa que vendió sellos ordinarios a precios exorbitantes a personas que creían abierto el paraíso de la riqueza y que al final sólo encontraron un pantano lleno de mugre.
Justo es decir que el fraude cometido por el Fórum asciende a 3,700 millones de euros con ramificaciones en 25 países europeos.
Los sueldos de Rato y Blesa, en Bankia y Caja Madrid, eran de dos millones ochocientos mil euros al año. Poco y querían más. Lo lograron de mala manera y siguen libres.
¡Que venga el diablo y lo vea!
Ambos banqueros justificaban sus delitos en un renglón de su contabilidad llamado “errores informáticos” para distraerlos de las auditorías externas a que son sometidas todas las empresas públicas y privadas.
Aunque ya lo conocían, Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, y Luis de Guindos, ministro de Economía, manifestaron que la actitud de dichos personajes era “execrable” y que les “revolvía el estómago”.
¿Quién pagó el pato? El juez Elpidio José Silva, que envió dos veces a la cárcel a Blesa y por cuya “infamia” fue castigado a 17 años y medio fuera del Poder Judicial.
Nadie se acuerda de él, pero por ahí anda el hombre de televisión en televisión reivindicando su actitud. “Lo metí en prisión porque había prevaricado y podía fugarse”, dice. Pero nadie le hace caso, tendrá que buscarse un trabajo quizá como agricultor o qué tal como banquero?. Quizá le vaya mejor y se ahorre problemas.
De ciénaga en ciénaga seguimos caminando por las calles de esta ciudad. Cada mañana un nuevo prevaricador es descubierto. Y las denuncias se acumulan en miles y miles de folios en los juzgados de la Plaza de Castilla.
Allí, el trabajo es lento pero también excesivo, hay que habilitar a más gente para que ayude a resolver los casos pendientes y lograr sentencias más rápidas con qué paliar la exigencia de justicia que piden los ciudadanos cada vez con mayor ahínco.
Hay luz verde. En estos días, parece que el gobierno despierta y persigue a los responsables de tantos robos. Pero poco a poco. Como decimos por allá, en México: ni tanto que queme al santo ni tanto que no le alumbre.
¡A ver!
