Una nueva nave-patera, llena de españoles, llega a Saturno…
Revista Mongolia
Regino Díaz Redondo
Madrid.- Hoy es el día en que NO se efectuará oficialmente la consulta soberanista catalana pero pondrá en la calle a dos millones de personas en busca de un local de la Generalitat donde depositar el voto por “el derecho a decidir”.
Habrá acusaciones, gritos, protestas y pequeños enfrentamientos que espero no pasen a mayores; se oirán gritos contra el “Estado Español”; la gente invadirá locales públicos y se espera un plantón frente al edificio del gobierno central.
Lo anterior, en el mejor de los casos, porque el 9-N puede ser violento. Por ahora, el gobierno de Rajoy no tiene previsto intervenir “mientras la situación no lo amerite” porque los ánimos están muy exaltados y una multitud, encabezada por ERC, pedirá la independencia de Cataluña.
En un acto de rebelión mediática, los secesionistas han considerado que “España nos ahoga” y “no queremos seguir con ella”.
Desde hace un mes, Artur Mas y Oriol Junqueras tuvieron acuerdos y desacuerdos. No se cita a elecciones anticipadas porque el primero perdería en las urnas y el republicano, electo presidente de la Comunidad.
Mas acopla su calendario para efectuar un plebiscito que legalice unilateralmente el deseo de formar el país Catalán en Europa.
El proceso arrancó con defectos de origen y de talante. Desde que el Tribunal Superior declaró la ilegalidad de la consulta “no vinculante”, las autoridades de la región intentan, y lo logran muchas veces, que los ciudadanos acudan a unas urnas improvisadas sin el aval del gobierno central ni de la Unión Europea.
El proceso puede detenerse como es obvio, pero si no se establece un diálogo entre las dos partes, el separatismo permanecerá vivo y, aunque se oculte o disminuya, seguirá en la cabeza de una gran parte de los habitantes de esa región.
No se puede borrar de un plumazo el deseo de los soberanistas. Es imposible, ilógico, no tiene razón de ser, inviable y poco sensato, cerrar el capítulo sin buscar la forma de llegar a acuerdos que permitan que esa región siga siendo España.
Estoy seguro que el caso se complica por culpa de ambas partes. Nadie, sobre todo Prometeo, quiere hablar del asunto y una herida que no se limpia crea mucha pus y enardecimiento general, amén.
Hay que reformar la Constitución para forjar una nación federal que incluya a Cataluña como un estado independiente al estilo mexicano. Aprovechemos esta coyuntura para rehacer, quitar o agregar algunos artículos y leyes incompletas que tuvieron eficacia en 1978.
Por lo visto, a Mariano Rajoy presidente del gobierno, le da escalofrío buscar un nuevo camino para reforzar la democracia que para él significa un golpe a su preeminencia y a la ideología postfascista que maneja a su antojo sin conocerla.
Una mayoría absoluta en el Congreso de los diputados, lograda hace dos años y medio, casi tres, no volverá a repetirse. Don Mariano está convencido de que ya no habrá tales diferencias de votos en las elecciones de finales de 2015. Los saben también el PSOE, Izquierda unida, UPyD y el nuevo partido Podemos, que ha puesto a temblar a la clase política española.
Sabe y lo sabe bien Prometeo que el próximo llamado a las urnas traerá sorpresas e inconvenientes para el Partido Popular que ha incumplido todas y cada una de las promesas hechas durante su campaña. No hay en Europa un gobierno que haya hecho todo lo contrario de lo que anunció.
No hay duda que el Govern antepone la defensa de su dialéctica egoísta a una realidad evidente. Quiere don Artur pasar a la historia como un personaje histórico y reverenciado pero quizá lo haga como iluminado, personaje poco claro y manipulador.
Aprovecha este personaje la grave crisis por la que atraviesa el país para sacar la bandera soberanista, enarbolarla y, sin pudor, utilizarla porque conoce que hay catalanes, ahora más que nunca, que reniegan de España.
El viejo truco de que en 1714 se les arrebató la independencia es, no sólo injusto sino una mentira absoluta que él mismo conoce. En esa fecha, se realizó una guerra entre los Borbones y la monarquía de los Austria. Ganaron los primeros y, por decisión propia, Cataluña pertenece a España y es uno de los valores más importantes de su economía y cultura.
Hacer gala de la patriotería con el “Arriba España,” de insana memoria, es lo mismo que envolverse demagógicamente en la bandera regional. El egoísmo patriotero conduce a situaciones de malestar y violencia. Lo hemos visto, lo vemos y lo veremos.
Hay que manejar con mucho cuidado el auténtico sentimiento patrio. La palabra se presta a muchas connotaciones y cada quien la interpreta a su manera.
Lo cierto es que el conflicto, que hoy culmina en su primera fase, se prolongará en el futuro. A la gente se le miente y se cuentan uno y otro embustes. Es difícil diferenciar la honradez patriota de los que sacan provecho de esta circunstancia.
Por el momento, ha salido a relucir la cursilería y el mal hábito. En su campaña publicitaría, el ilustre Mas pone en imagen a una niña que, melodramáticamente, afirma con una preciosa voz: “Quiero votar por un país (Cataluña) en el que todos los días haya un helado de postre en mi casa…”
Como vera el lector, los chamacos catalanes pasan hambre
El uso impropio, demagógico, insultante de este anuncio televisivo descubre cabalmente cómo es y a quién representa el jefe del gobierno catalán. Es indigno utilizar a menores en algo tan importante. Tampoco, para satisfacer las manifestaciones de soberbia en las que se apoya el gobierno de Cataluña.
Lea también lo siguiente para darse cuenta de cómo miente y se aprovecha el señor Mas: “cuando nos independicemos no habrá paro aquí”. Por arte de magia, este individuo reducirá el alto nivel de desempleo que existe y todo será coser y cantar.
Para aclarar algunas cosas sepa usted que la Generalitat debe más de trescientos mil millones de euros y que no podrá pagar de ninguna de las maneras. Puede refinanciarse la deuda pero dentro del Estado europeo. Fuera, es imposible.
Otro ejemplo: Caixa Catalunya Banc otorgó dos mil seiscientos millones de euros en préstamos casi irrecuperables. Otorgaba créditos a granel. Además, sus dirigentes están acusados de malversación de fondos y de cobrar salarios escandalosos mientras esa institución bancaria perdía miles de millones.
Estamos cansados de políticos que defienden sus grandes fortunas logradas en un escenario de corrupción. Aquí, nada es idílico, cualquier manifestación en contra del establishment es considerada un pecado. Hay que mantenerse en el poder aunque se robe y se utilice la ley conforme convenga. Es increíble, bueno, no tan increíble, pero sí impúdico, lo que está pasando.
Los fraudes, las concesiones de obras públicas, la venial unión entre políticos y empresarios, son abrumadores. Tiene un lado positivo, hay que barrer, echar fuera, enchiquerar, a muchos que todavía gozan de buena salud pese a su enfermedad delictiva.
Desde hace seis años vivimos en un mundo absurdo. La crisis ha puesto a prueba a todos los sectores españoles. La decepción y la desconfianza son factores decisivos entre la gente.
¿Sigue Artur Mas considerando a Jordi Pujol como su referente moral y político?
¿La bella famiglia de don Jordi es un ejemplo?
Juzgue usted. El primogénito está imputado pero salió libre sin cargos, ni fianza por obra y gracia de un juez bondadoso, Oleguer, el último de la dinastía, está acusado de mover dinero negro por un total de dos mil ochocientos millones de euros. Siguen las investigaciones.
Mejor que se ocupen de sanear su propia casa antes de pensar en la creación de un estado independiente que perjudicaría a los ciudadanos catalanes. También, al resto de España.
En igual tesitura, cuántos neoliberales dentro del gobierno español están dispuestos a soltar una mínima parte de la fortuna mal habida para disminuir la pobreza de la población.
El arcáico liberalismo, antes considerado respetable, busca ahora soluciones a problemas con las mismas tácticas utilizadas por el franquismo durante casi cuatro décadas. Está claro que la derecha española es la más radical no sólo del continente sino “del mundo mundial”.
La plutocracia, en un régimen autárquico como el nuestro, tiene los días contados. Los jóvenes, las clases medias comienzan a mover fichas y razones convincentes. Para los conservadores es “atentar contra el sistema”, para los demás, es la consecuencia de una incontenible sed de justicia e igualdad.
El proceso no está detenido, continúa. El cambio político y social llega con frescura y buen ánimo. Algunos están muy irritados pero la mayoría debe olvidarse de castigar para crear. Pero sin limpiar la mesa no se puede comer a gusto. El postre de la niña catalana, su presencia inmarcesible, representa un insulto para la gente.
La España de la inteligencia, de la geografía dónde no se ponía el sol, luchadora y mejor con el mestizaje, es, en este momento de la historia, una señora flaca, fané y descangallada.
No se puede permitir.
