“La irrupción de partidos  populistas es el principal elemento de paralización de Europa y de incertidumbre para los inversores”.

Luis de Guindos, ministro de Economía español

Regino Díaz Redondo

Madrid.- Ganó Syriza, la esperanza hecha realidad. Ahí viene una Europa sin recortes salvajes, un continente que inicia el cambio con entusiasmo, como si fuera joven cuando es el mas vetusto que agonizó varias veces y dos estuvo a punto de morir.

Las dos guerras mundiales le quitaron a seres humanos valiosos y estuvo en coma. Pero se recuperó antes de caer de nuevo. Ahora tiene una nueva oportunidad. Si la consigue o no depende de la entereza y seriedad de Tsipras y del buen juicio de la troika, Bruselas y Alemania, que deben estar haciendo cuentas para ver qué camino tomar. Cómo exigir un pago oneroso, impagable, un pago impagable, sí, porque Grecia tiene una deuda del 175% de su producto interno bruto y no podrá cumplir, aunque lo quisiera, con el infame pacto que hicieron gobiernos anteriores, socialistas (Pasok) y Nueva Democracia (Antonis Samarás) que se entregaron a cambio de lentejas con gusanos.

El FMI, BCE y los bancos mundiales tendrán que negociar con el nuevo primer ministro Alexis, un joven de 41 años, que ofrece un futuro mejor. Para su país y para el resto de las naciones del sur de Europa.

El domingo 25 de enero fue el comienzo de las expectativas halagüeñas. Los griegos quieren respirar sin los vacíos balones de oxígeno de quienes los han puesto a pasar hambre y sumergieron en la tremenda desigualdad.

No quiere Grecia, ni los europeos, tener lujos ni millones de euros. Sólo que se reduzca la distancia entre los que tienen casi todo y los que no tienen casi de nada. Syriza no es un partido radical ni comunista, es el resultado del hartazgo de una sociedad aplastada y violada.

En la noche del triunfo la gente se abrazaba y el júbilo invadió los corazones. Algo igual sólo se vio cuando cayó Hitler. Las calles de París y Londres fueron escenario de la alegría de los pueblos que acaban imponiéndose a dictados de la dictadura, a la opresión de los que oprimen, locos miserables.

Con 149 diputados Syriza está a dos de la mayoría absoluta. Podrá pactar con To Potami (Liberales) o con Griegos Independientes, partidos que defienden también la permanencia en el euro y negociar los compromisos adquiridos. Tsipras no es un radical como muchos dicen hipócritamente. Ya lo dijo pocas horas después de ganar: “hablaremos con todos para seguir dentro de la comunidad europea y en el contexto de las naciones serias y democráticas”.

No se equivoquen, el nuevo gobierno tendrá cohesión, dialogará, enfrentará a los que son los verdaderos radicales y quieren tenerlo todo a costa de la enfermedad crónica que padecemos en nuestro entorno.

Será difícil la lucha pero se hará dentro del respeto mutuo. Ni tontos ni locos. No son lo primero porque han sabido recoger el grito de auxilio de la mayoría de los griegos y ordenarlo.

Tampoco lo segundo porque, una vez en el gobierno, hablarán con los acreedores, no expropiarán nada ni se divorciarán o desentenderán de la deuda contraída. Antes que nada son inteligentes y saben que excluyéndose sólo conseguirán cortarse el cuello.

Para sobrevivir hay que hacerlo dentro del sistema y cambiarlo. La única forma de acabar con Alibabá es pelear en su cueva. Allí, vencerlo para que no queden malas semillas.

Desde hace varios años, este no tan nuevo partido político, ha mantenido contactos con todos los organismos internacionales y explicado cual sería su política, de llegar al poder. Los dirigentes de esas instituciones saben que tienen enfrente a un gobierno que no quiere tutelajes pero tampoco romper con la normativa europea.

No son chavistas ni maoístas. No hay que escuchar a los sembradores del miedo y de la falsedad,  dice Yanis Varoufakis, posible ministro de Economía griego. Agrega que “haremos reformas, sí pero dentro de la lógica, a favor de los más necesitados; que no nos manden desde Washington o Frankfurt. Para pagar la deuda tenemos que crecer, de lo contrario, ¿con qué dinero afrontaremos ese compromiso?”

Estas son afirmaciones sensatas, no apocalípticas. No se quiera confundir la depresión  en que está inmersa Grecia por culpa de Papandreu y socios que la dejaron desnuda y asaltaron el poder para beneficio propio, con el deseo de ejercer una verdadera democracia. El poder es de la gente no del gobierno que mal actúa, y Syriza lo tiene bien claro.

La transformación del sur de nuestro continente monta un caballo nuevo, brioso, quizá de carreras, sin sobrepeso, con jinetes ligeros y avisados, audaces y profesionales. Son conocedores de la pista en la que corren. Son los favoritos porque envejecieron los de siempre, los que siempre ganaban y exprimían.

Europa está en uno de los peores momentos de su historia ¡y ya es decir!,  si tomamos en cuenta nuestra accidentada y bélica historia. Apunta Varoufakis algo preocupante: “los precios en mi país y en España han caído rápidamente como ocurrió en la gran depresión de Estados Unidos de 1932”. Estamos en bancarrota, lo estuvimos y lo estaremos si los gobiernos no se ajustan a las demandas de millones de ciudadanos que están en el umbral de la pobreza.

Y otros, fuera del umbral, están en la ruina y no tienen para comer. Las asistencias públicas no alcanzan para abastecer a los que piden caldo amable y pan suficiente. El neoliberalismo sabe que los que llegan no tienen nada que perder y que es mucho mejor charlar con ellos que enfrentarlos. Quizá vean reducidas sus ganancias pero algo se les pagará porque la dignidad es algo que no puede borrarse.

          El verdadero problema está en la ultraderecha europea. Amanecer Dorado, fuerza pro-nazi, ocupó el tercer lugar en las elecciones griegas pese a que su líder, Nikos Mijaloliakos, está en la cárcel por su fraseología hitleriana.

      El Frente Nacional, en Francia, según las últimas encuestas antes del ataque terrorista, era la primera en intención de voto en la patria de la revolución de 1789 y de la Marsellesa. Y Pegide, partido nazi alemán, reivindica al führer.

Pero hay algunos que todavía no lo entienden o no quieren darse cuenta. El presidente del gobierno Mariano Rajoy, en la asamblea que realizó el PP el fin de semana pasado, llamó a Syriza y Podemos “conjuras caribeñas” y Jens E. Weidmann, presidente del banco de Alemania, advierte que Grecia tiene que asumir el pago de lo que debe.

Pero en el fondo, aún los más ortodoxos como Ángela Merkel, aceptarán a Syriza y quizá a Podemos porque saben que un enfrentamiento sería peor para sus intereses. Ellos también son demócratas, aunque a veces no lo parezca, y ya asumen que en el horizonte apuntan nuevos soles para los trabajadores.

Otro modelo está a la vista, España, con Podemos o sin él, tiene que transformarse, resurgir, encontrar caminos para que la gente viva mejor. Es obligación moral no escuchar a los cínicos ni a los miedosos que temen una debacle pero de sus propias fortunas.

Una ola de inconformidad asuela nuestro país. Prometeo se olvida de que muchos salones de la Moncloa huelen a podrido y no lo dice. Aceptemos que Mariano Rajoy sea un hombre honrado hasta que no se demuestre lo contrario. Pero también hay que admitir la corrupción que impera dentro de su partido. Por ello, se equivoca cuando dice que “no se puede responder a un ladrón (Bárcenas)” aunque sí convive con corruptos y sus tapaderas.

Lo que termina es la vigencia del partidismo costumbrista en Europa y surgen corrientes sociales que, en principio, son alentadoras. No les cortemos el paso.