De la mexicanización
Guillermo García Oropeza
En este país no hay día sin escándalos, algunos mayores otros mínimos, pero que crean todos este malestar que estamos viviendo. Uno de los pequeños escándalos recientes que no quiero dejar sin comentar es aquel en que el papa Francisco expresó su temor de que la Argentina, su país, pudiera mexicanizarse. Esta declaración privada puso, sin embargo, nerviosos a los altos niveles del poder que se apresuraron a minimizar esta opinión, sin atreverse, claro, a iniciar una polémica con el jefe de la Iglesia católica.
Ignoro si la Argentina de Cristina Kirchner pueda convertirse en otro México. Después de todo, sus circunstancias, comenzando con la geografía son totalmente distintas. Pero en el caótico mundo de hoy todo es posible.
Lo importante para mí es que la alarma del Papa, quien por supuesto no hablo “ex cathedra”, es decir, no fue declaración infalible, arranca de las informaciones que los obispos mexicanos le han hecho llegar sobre ciertos horrores de la vida nacional. Y es que el Vaticano, con su altísimo dirigente, posee, sin duda un maravilloso sistema de información, y diríamos que el Papa sabe. Y México es un país importante en el actual mundo católico. Quizá no por sus recursos financieros, pero sí al menos por el simple hecho de ser el segundo país católico más poblado del mundo después del Brasil.
Independientemente del daño para la “marca” México que implica la declaración del pontífice, este incidente nos pone a pensar sobre la curiosa situación en que el Estado mexicano se encuentra respecto a la Iglesia romana.
En un país teóricamente laico y donde el gobierno se supone ser heredero de una tradición revolucionaria, la verdad es que hace mucho tiempo que nuestros gobernantes se portan lo mejor que pueden con la aún poderosa Iglesia católica. Los actos amistosos y la comunicación cordial de los políticos con los clérigos es de todos conocidos, y que yo sepa, la única crítica a la Iglesia romana que haya expresado un político mexicano vino del inefable Vicente Fox, cuando en un acto de campaña con dirigentes protestantes dijo que la Iglesia católica era el equivalente del PRI.
Esto seguramente hace más inesperada y dolorosa la declaración del pontífice y es que se viene, además, a sumar a una serie de críticas en los medios internacionales sobre lo que está pasando en México. Periódicos importantes se han referido en ya múltiples ocasiones a los escándalos de México.
Yo, en lo personal, que evito deprimirme por las noches viendo noticieros nacionales que me hunden o me enojan, descubrí que gracias al cable puedo ver los telediarios en canales de España, Francia o Alemania (en español, este último, claro) y qué tal sería mi sorpresa que hasta allí me seguían las malas noticias de mi país. Algunas de las violencias mexicanas se repetían una y otra vez en esos lejanos canales lo que me hace suponer que no solamente el Papa nos está viendo sino también el mundo. Que contra la imagen feliz que se quiere crear el mundo sabe y el Papa también.
