Sistema público de radiodifusión del Estado mexicano/14-15
Javier Esteinou Madrid
Frente al arquetipo de evaluación del modelo de comunicación mercantilista heredado del siglo XX en México para medir el éxito o fracaso de los procesos de difusión masivos en México; ahora es indispensable que el sistema público de radiodifusión del Estado mexicano supere las concepciones y prácticas del sistema comercial y cree otro prototipo de medición de su esencia y eficacia como modelo de comunicación social de servicio público, centrándose en su naturaleza vertebral de infraestructura comunicativa destinada a impulsar el desarrollo del país.
En este sentido, a diferencia del modelo comercial que recurre al rating para conocer su eficacia persuasiva sobre los auditorios con el fin de vender y que es verificada por la dinámica de acumulación de capital; el sistema público de radiodifusión debe evaluar las funciones que le ha definido la Constitución y sus leyes reglamentarias respectivas para cimentar las bases comunicativas civilizatorias fundamentales que requiere la existencia de la sociedad mexicana.
De esta forma, la evaluación de dicho sistema debe partir de la aplicación de un nuevo método de investigación que vincule los contenidos de la programación difundida con los resultados de los cambios sociales que pretende generar.
Así, debe tasar entre otras cómo la difusión de los contenidos que transmite colaboran a alcanzar los objetivos que le asignó la Carta Magna y las diversas normatividades secundarias sobre su naturaleza de servicio público; que son, entre otras, los siguientes cuatro niveles de acción: su misión, sus contenidos, los actores y el grado de dinámica de comunicación producida.
En cuanto al proyecto sobre su misión del proyecto se deben medir los siguientes cuatro aspectos:
- Que sea un proyecto de comunicación de servicio público, sin fines de lucro.
- Que alcance la más amplia audiencia, cobertura geográfica, máxima continuidad en cada una de las entidades federativas.
- Que conserve su independencia editorial.
- Que mantenga un compromiso ético con la difusión de la información imparcial, objetiva, oportuna, veraz y plural del acontecer nacional e internacional.
En relación a sus contenidos de la programación se deben tasar los siguientes ocho aspectos:
- Que promuevan la integración nacional.
- Que ofrezca calidad, diversidad, innovación y exigencia ética.
- Que fomente la formación educativa, cultural y cívica.
- Que permita la expresión de la diversidad, la pluralidad de ideas y de opiniones que fortalezcan la vida democrática de la sociedad, para lo cual destinará por lo menos un treinta por ciento de su programación semanal.
- Que fomente la protección y salvaguarda de la igualdad entre mujeres y hombres, evitando toda discriminación entre ellos.
- Que promueva la salvaguarda y el respeto de los valores ecológicos y de protección del medio ambiente
- Que vele por la conservación de los archivos históricos audiovisuales que disponga.
- Que preserve los demás principios que establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
En lo referente a los sectores que generan la información, los mensajes o los sentidos, se debe considerar los siguientes dos aspectos:
- El grado en el que funcione como un proceso de comunicación de servicio público y no sólo de transmisión unilateral de información oficialista o partidista para la sociedad.
- El nivel en el que el sistema de radiodifusión del Estado mexicano sea capaz de convertirse en una ventana colectiva en el espacio público mediático que permita que sea la sociedad la que se exprese en cada uno de los rubros anteriores que definió la Constitución, con sus leyes secundarias; y construya culturalmente el proyecto de nación que hoy es demandando por la mayoría de la ciudadanía.
En cuanto a la dinámica comunicativa se deben valorar los siguientes cuatro aspectos:
- Que opere como un proceso que produzca comunicación social y no sólo transmisión masiva de información a grandes masas de consumidores de datos, donde trágicamente la información se confunde como sinónimo de comunicación, empobreciendo totalmente su naturaleza.
Esto es, medir el porcentaje y calidad de una dinámica donde exista la interacción social bilateral entre el emisor y el receptor y no únicamente se produzcan fenómenos informativos unilaterales en el cuál los emisores generan una mera transmisión de inmensos volúmenes de datos, símbolos, mensajes, sentimientos, reactivos ideológicos, emociones, hacia los radioescuchas o televidentes, pensando que eso es crear comunicación, cuando sólo es simplemente organizar unilateralmente momentos de difusión de información a grandes sectores.
- Que sea un instrumento que actúe como un mediador tecnológico para que los intereses, necesidades, preocupaciones, conflictos de la sociedad se expresen a través de la pantalla y de los diales.
- Que siga las recomendaciones que presente el ombudsman del sistema público de radiodifusión.
- Frente al avance vertiginoso de las nuevas tecnologías de información, todo el funcionamiento del sistema público de radiodifusión del Estado mexicano debe repensarse para no sólo diseñarse desde la lógica de los tradicionales canales abiertos, medios restringidos o servicios on demand; sino debe replantearse desde la lógica de las nuevas redes sociales que introducen otra dinámica de comunicación colectiva interactiva.
Finalmente, es necesario subrayar que aunque dicho sistema nació con fuertes limitaciones y candados por los débiles respaldos económicos y políticos que jurídicamente le otorgaron las reglamentaciones secundarias; es urgente que aún así, con los escasos recursos normativos que se han alcanzado, inicie la construcción de otra programación orgánica para la sobrevivencia nacional que sea capaz de balancear la atmósfera dominante de la visión parasitaria de la vida que dejó el ejercicio del modelo de la “cultura idiota” que durante muchas décadas han promovido los medios comerciales privados en la super estructura axiológica, mental y afectiva del país, especialmente, la televisión.
Ante la muy profunda crisis sistémica que enfrenta la sociedad mexicana desde hace muchos años en todos sus niveles de desarrollo y que se trató de opacar con la difusión intensiva de la propaganda sobre las recientes reformas estructurales realizadas por el gobierno en turno, no podemos desconocer que la superación de la actual debacle nacional que nos enmarca, requiere la producción de un nuevo eje cultural para toda la sociedad y éste deberá girar alrededor de la renovación de los medios públicos de comunicación nacionales, especialmente de la televisión.
De lo contrario, de no impulsarse ampliamente desde los canales de difusión públicos, la edificación de otra brújula mental, emocional y ético-moral que sea capaz de encarar la crisis nacional, el Estado continuará colaborando a acentuar con mayor fuerza la convulsión que experimenta la república, pues en lugar de permitir que las contradicciones globales de nuestro proyecto de crecimiento se resuelvan a través de las vías institucionalizadas de la comunicación social; al debilitarse, marginarse o anularse estos mecanismos civilizatorios, se propiciará que tales antagonismos se desvíen de los procesos institucionalizados para resolverse mediante los muy delicados atajos de intervención del “México bronco” que ha esperado frustradamente más de medio siglo para ser escuchado a través de los medios de información establecidos, sin ningún resultado exitoso.
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