Sistema público de radiodifusión del Estado mexicano/15-16

 

 

Javier Esteinou Madrid

El modelo de desarrollo modernizador que gradualmente adoptó México en sus estructuras económicas y sociales al final del siglo XX y principios del XXI con el Tratado de Libre Comercio y otros acuerdos globalizadores de mercado para incorporarse al nuevo orden mundial, comprobó en dos décadas de aplicación sus enormes limitaciones y las bárbaras deformaciones humanas que produjo. Ejemplo de ello fueron la drástica devaluación del peso, la brutal fuga de capitales, el colapso agropecuario, la bárbara destrucción ecológica en todo el territorio nacional, la incontenible corrupción en todos los niveles, el desamparo de las generaciones de la tercera edad, el sensible avance de la violencia, la penetración del narcopoder, el agudo desempleo, la marcada reducción de nuestro nivel de calidad de vida, el aumento de la incredulidad institucional, la crisis de esperanza de la juventud, el aumento de la violencia urbana, el vacío colectivo de sentido de la vida.

Pero el deterioro estructural no sólo se dio a nivel económico, político, ecológico y humano, sino que también se dio en la esfera cultural o en el nivel de la conciencia colectiva de la sociedad.

De esta forma, las industrias culturales, especialmente las electrónicas, impulsaron en el país una atmósfera cultural que se distinguió por promover en grandes dimensiones la difusión intensiva de la información secundaria; la violencia temática; el consumo exacerbado; la invasión de la privacidad; la banalización de la realidad; la comunicación alarmante, morbosa y sensacionalista; la transmisión saturante de los contenidos publicitarios; la imposición mental del principio de la ganancia a toda costa; la frivolidad informativa; el show como anteojos para ver la vida; el entretenimiento vulgar y estrafalario; la cosmovisión hollywoodense de la vida, etc., con tal de obtener ratings y vender, en detrimento de la calidad de los contenidos y de las necesidades de comunicar los mensajes estratégicos que requerimos asimilar colectivamente como pueblos para transformar nuestras conciencias y lograr subsistir.

Con ello, el saldo acumulado por décadas fue la presencia de una sociedad extraviada, devastada, desorganizada, empobrecida y debilitada culturalmente por la instrumentación de un largo ciclo cultural (cognitivo-energético-emocional), a través de la estructura mediática, que durante muchos años instauró la prevalencia de un modelo de difusión salvaje en nuestra república, que cristalizó en el triunfo de la cultura idiota en México.

Por esto, después del fracaso de dicho modelo, ahora es razón de la existencia del Estado nación la creación de un nuevo modelo de comunicación de servicio público sustentable que permita la participación de todos los sectores sociales para nutrir el espacio público con la multiculturalidad, la apertura, la creatividad, la pluralidad, la discusión, la crítica, la transparencia y la práctica de la comunicación para contribuir a resolver las agudas contradicciones mentales, emocionales y psíquicas que limitan el crecimiento equilibrado de nuestra república; y no sólo de la difusión de información para fortalecer el statu quo y el modelo de desarrollo desigual.

En este sentido, es fundamental sustituir dentro del contexto de la modernidad y la globalización la idea de crear un Estado mínimo o ultramínimo en el área cultural y comunicativa de México, a través de la adopción indiscriminada de la política del laissez faire informativo, encarnada en la desregulación y autorregulación comunicativa; para ahora introducir la concepción estratégica del nuevo Estado comunicativo para la sobrevivencia social, sin el cual no podrá construirse un orden civilizatorio superior que mantenga las condiciones elementales de la convivencia en comunidad y en equilibrio con la naturaleza, especialmente, en la medida en que en el país somos crecientemente sociedades de masas cada vez mayores y complejas.

No debemos olvidar que la aplicación de la lógica del mercado en el terreno cultural y comunicativo sin un programa social que lo guíe, lo balancee, lo acote y lo complemente se convierte en una dinámica de comunicación salvaje de abuso de los más dotados sobre los menos favorecidos, y la implementación de la racionalidad de la comunicación de servicio público creará las bases de otra política de comunicación social que podrá será la médula del nuevo orden mental que se requiere construir en México, el continente y el mundo para poder sobrevivir.

De lo contrario, los grandes límites naturales, que por sí misma fija la aplicación de la economía de mercado sobre las dinámicas comunicativas y culturales, generarán más contradicciones mentales que las que pretende resolver por la acción de la oferta y la demanda; y que sólo podrán ser resueltas con la introducción de una nueva racionalidad de la comunicación de servicio público en el espacio cultural de la sociedad. Si no se edifica dicha política de comunicación de servicio público, cada vez más, se vivirá el profundo divorcio existente entre necesidades materiales y culturales de crecimiento social, y la formación de las cerebralidades colectivas básicas para resolverlas.

Por ello ahora es necesario repensar qué hacer en términos políticos y culturales, desde los medios públicos, especialmente desde el sistema público de radiodifusión del Estado mexicano, para crear otro proyecto colectivo de comunicación de servicio público que sí rescate el espíritu de estos planteamientos esenciales para equilibrar la sociedad mexicana.

De otra forma, en las próximas décadas los actuales marcos normativos que definen el papel y la responsabilidad social de la radio y la televisión, continuarán conservando, reforzando y actualizando el viejo modelo de información colectiva que ha perdurado más de 50 años en la república y que contribuirá a aumentar la acentuada decadencia material, mental, psíquica y espiritual que experimenta nuestra sociedad.

Con el disfrazamiento maquillado del viejo modelo de comunicación para continuar operando, en las próximas décadas se continuará difundiendo más cultura salvaje, con su respectiva cultura idiota; y no la creación de una cultura y comunicación sustentables que nos permitan sobrevivir equilibradamente en el siglo XXI en nuestra nación.

jesteinou@gmail.com