“A España le queda crisis para el resto de la década”.

Larry Summers, ex secretario de Tesoro de EU y ex asesor de Barack Obama

Regino Díaz Redondo

MADRID.- Los partidos de izquierda entran con fuerza casi arrolladora en las principales comunidades y municipios de España aunque el PP se mantiene en primer lugar pero con la pérdida de tres millones de votos en relación a 2011. Los conservadores encajan el golpe con profundo desasosiego y en sus filas comienza la pesada marcha hacia las generales de fin de año en las que Mariano Rajoy puede salir de la Moncloa.

En esta ciudad, Manuela Carmena, de Ahora Madrid, con 20 curules y aliada al PSOE, será la alcaldesa de esta capital. El PSOE se colocó como tercer partido más votado pero mantiene el tipo que permitirá a su líder Pedro Sánchez ser el candidato en las elecciones de fin de año.

Se acabó el bipartidismo tradicional. Podemos llega como tercera fuerza y Ciudadanos en cuarto lugar con menos influencia de la esperada pero suficiente para ser bisagra en múltiples ciudades y regiones.

Los días posteriores al domingo pasado se iniciaron contactos entre los cuatro partidos para definir el presente y futuro de la nación. El triunfo más resonante fue el de Ada Colau, próxima alcaldesa de Barcelona, que desplazó del primer puesto a CiU ante el regocijo de la gente que la aclamó durante toda esa noche y la madrugada del día siguiente.

Esperanza Aguirre, candidata a la alcaldía, no pudo evitar la avalancha de aire nuevo que trajo consigo Manuela Carmena. Pactará con Podemos para alcanzar el gobierno de la ciudad.

En Valencia Rita Barberá entregará la alcaldía a la oposición como parte de la ola de regeneración que se da en esa comarca, en donde habitan los políticos más corruptos  del país.

María de los Dolores de Cospedal, candidata popular a la Comunidad de Castilla La Mancha, puede también perder mediante la coalición que hagan PSOE y Podemos. Es seguro que así será para conveniencia de todos.

Se salva de la escabechina Cristina Cifuentes, que podría gobernar la región si se pone de acuerdo con Ciudadanos, aunque esto es improbable porque la gente pidió la transformación hacia una democracia auténtica.

Cospedal y Aguirre son presidentas del PP madrileño y del nacional, respectivamente. Ejemplo claro de cómo les ha ido a los neoliberales rajonianos en esta llegada de aire fresco  en la España que todos merecemos.

Por lo pronto, se acabó, o se acabará, con la complicidad entre funcionarios públicos y empresarios que sobornan. Los votantes fueron a las urnas para decirle al resto del continente que nuestro país encabeza la renovación de las instituciones podridas contra las que el nuevo Estado combatirá desde enero del 2016.

En la jornada del 24, el Partido Popular perdió tres millones de votos y el PSOE casi un millón. Sin embargo, los conservadores acumularon mayoría en los comicios. El 70 por ciento de treinta y cinco millones de españoles llamados a las urnas, votó en las 8 mil 122 casillas instaladas a lo largo del territorio. En las ciudades autonómicas los candidatos de Rajoy ganaron de lejos.

Está en peligro de perder Alberto Fabra en la Comunidad Valenciana porque se busca una coalición entre las fuerzas de izquierda y, posiblemente, será apartado del gobierno.

El voto a la izquierda tuvo también preferencia entre los votantes de las principales ciudades de España. Sevilla, Cádiz, Jaén, Córdoba, La Coruña, están ya en poder del tripartidismo del progreso. Los populares se han quedado solos y no les es posible hacer alianzas con alguien salvo que Ciudadanos lo acepte en última instancia.

Las estructuras anquilosadas y los cochupos que convirtieron a Madrid y Valencia en el centro de los sobornos y cohechos durante casi tres décadas fueron eliminados con el voto de las clases medias y trabajadoras y parte de una derecha consciente y sensata.

Mariano Rajoy es el principal responsable de la debacle pero todo indica que no renunciará, a no ser que las presiones desde dentro de su partido sean muy fuertes y no pueda aguantarlas, a postularse como candidato para seguir gobernando a los españoles.

Además, no hay nadie en el espectro político actual del PP que pueda sustituirlo. Aguirre, la eterna aspirante, ha fallado otra vez y su carrera política se apaga. La soberbia y la displicencia de la marquesa se esfumaron. La noche de los comicios apareció escasos minutos con rostro serio, ausente de sonrisa y cabreada. Los partidos que van a menos son Izquierda Unida y UPyD que se renueva si quiere continuar. De los resultados del Congreso de la semana pasada, saldrá su nuevo líder, que no será Rosa Díez.

En España, impera ya la política a cuatro y ésta marcará el porvenir del país. Pablo Iglesias y Albert Rivera se presentan como líderes contra la corrupción pero con programas totalmente distintos e imposible de congeniar. Podemos representa la construcción de una política fuera de los edificios del poder y quiere otro modelo de Estado.

Ciudadanos es un ejemplo que rechaza a los contaminados pero siempre dentro del sistema. Para nada, lo ha dicho claramente, desea destruirlo; quiere apuntalarlo o renovarlo para que se caigan las escamas de la podredumbre.

Iglesias es una ilusión hecha realidad que busca una España en verdadera democracia para quitarse de encima a los prevaricadores que caerán, sin misericordia, por la hegemonía de una Democracia Real.

Albert es una hombre muy joven (tiene 35 años) y puede ser la bandera de los nuevos políticos conservadores que intentarán defender su pasado quitándoles la mugre y el mal olor.

Lo cierto es que nace un país distinto. Los últimos 30 años dejarán de ser referente para los políticos aprovechados. Las ideologías del viejo PSOE, limpias antes y algo oscuras ahora, tendrán que recurrir a un buen sastre para vestirse con trajes más respetables.

Felipe González dejó de ser el líder que entusiasmó a la gente. Ahora es un ex presidente dispuesto a salvar los bártulos y se ha metido en camisa de once varas. Por lo que respecta a José María Aznar, está muerto. Políticamente muerto, buen cadáver. Desaparecerá del panorama socio-político a no ser que se aventure (todo es posible con este señor), a recoger el banderín que deja Rajoy en un afán mesiánico por fortalecer su ego. Pero España no está ya en condiciones de volver al caudillaje de ingratos recuerdos.

Aunque no faltarán los necios que lo intenten.