“Tres mil cuatrocientos años después, la tumba de Hatshepsut, hija del sol, fue encontrada. Vacía. Dicen que ella estaba en otro lado…”
Eduardo Galeano
(Mujeres)
Regino Díaz Redondo
Madrid.- Ocho mujeres con perfiles políticos distintos, antagónicos algunos, acaparan la atención de los españoles en estos días posteriores a los comicios de mayo pasado. Todas tienen hegemonía y presencia en los medios de comunicación donde se discute su futuro con alegría, vehemencia y tristeza.
Sus nombres han sido mencionados miles de veces en las últimas semanas. Ellas son Manuela Carmena y Ada Colau que serán alcaldesas de Madrid y Barcelona por primera vez en los últimos 38 años después de la dictadura.
Mónica Oltra puede gobernar la región valenciana y, aunque no lo haga, será portadora del aire fresco y renovador que corre por España. Las que pierden su presencia pública son Esperanza Aguirre, Rita Barberá y Yolanda Barcina que, en el mejor de los casos, formarán parte de la oposición en sus respectivos parlamentos. Susana Díaz, presidenta en funciones de la Junta de Andalucía aunque ganó por una amplia mayoría, pero no suficiente, debe tener el apoyo de Teresa Rodríguez, líder de Podemos en esa comunidad.
Los exabruptos y la desesperación de quienes no aceptan la derrota en los comicios han quedado en evidencia y son un mal ejemplo para las nuevas generaciones de políticos. Estos se han dado cuenta que la condesa hizo una campaña política apoyada en una avalancha de ataques. Después de los resultados, Esperanza se presentó ante los medios de comunicación con un rostro de antología. Su boca parecía una pequeña cicatriz horizontal, seca, apenas perceptible. La raya que se hace después de sentirse sola con un odio que la desborda. Su mirada era una oda a la tristeza infinita.
Participan en estas sinrazones Ana Palacio, ex ministra de Asuntos Exteriores en el gobierno de Aznar, y Yolanda Barcina, a punto de dejar la presidencia de Navarra. Antes de irse ambas se despiden con reclamos patéticos: “apoyaré inclusive a Carmena si antes me ofrece que no instalará los soviets en los distritos madrileños”, afirma la todavía presidenta del PP en Madrid.
Por su parte, Palacio considera que la llegada de la izquierda pondrá a España en una situación “parecida a la de la etapa pre hitleriana de los años 30” y Yolanda carga contra “la izquierda comunista y anárquica que nos llevará a posiciones antidemocráticas y totalitarias”.
La vieja guardia neoliberal, defensora del inmovilismo rajoniano, echó ajos, cebollas y serpientes contra sus adversarios con un rencor nunca antes visto en nuestra precaria democracia. La nación está inmersa en un proceso de rehabilitación y se prepara para acabar con los corruptos dentro y fuera del gobierno.
Mariano Rajoy se queda solo y no puede formar alianza con ningún otro partido salvo que Ciudadanos lo acaricie y continúe su acercamiento a la FAES de Aznar. Pero si lo hace se pondrá la soga al cuello y verá reducidas sus aspiraciones de mejores resultados a fin de año. En la Comunidad de Castilla la Mancha, Maria Dolores de Cospedal está a punto de marcharse, o ya lo hizo, y sólo un acuerdo de última hora con Rivera y la abstención de Podemos y PSOE podrían evitar su éxodo.
España recupera poco a poco la imagen, la presencia continental y el respeto de los Estados europeos y del resto del mundo. Aunque esta nación es la cuarta o quinta economía de Europa, Prometeo ha dejado dignidad y credibilidad por todas partes. Abrió una herida en la carne de los españoles por donde se fuga la sangre del sentido común pero que nutre a las nuevas ideas que serán decisivas en el porvenir.
Al término de las pláticas de los líderes de los partidos de oposición han quedado definidas las presidencias regionales y las personas que estarán al frente de las principales alcaldías del país. Ahora quedan cinco meses de enfrentamientos, discusiones airadas, temores y palabrería que serán el alimento cotidiano de la sociedad española.
Estamos en un territorio donde habitan un sinnúmero de contradicciones con ribetes de soberbia, egoísmo, dolor y orgullo. Ahora, empiezan a aflorar los inconvenientes ya conocidos y los que mueran intentarán, otra vez más, lograr la insoportable resurrección en pocos años.
¿Se ha hecho tarde para todo. Estamos en la Trastámara?. Las raíces a veces son molestas.
El victimato de que habla Sánchez Ferlosio, “tiene una voz tan áspera que las palabras que salen de su boca zumban como mosquitos”.
El santiagués que gobierna a la nación desde el sillón de Chester, va arrojando despojos por dondequiera que pasan él y sus funcionarios.
Dentro de su partido crecen las voces de los barones que huyen o lo cuestionan. Lo trágico del PP es que no tiene otro posible candidato para arrebatarle la candidatura y su deseo de reelección.
Desgraciadamente, Rajoy tiene perdida la brújula y se contradice en las pocas apariciones públicas en que aparece. Días después de anunciar con soberbia que “el PP ganó las elecciones”, cosa que es precariamente cierta, avisa que no hará cambios en el gobierno ni en el partido y 24 horas más tarde asegura lo contrario: “haremos los ajustes necesarios en ambos lugares e iremos comunicándolo a medida que pasen las semanas”. Un nombramiento, asegura, debe darse a conocer una vez que está hecho.
Como de costumbre, Rajoy se apoya en Perogrullo. Además, ha perdido la calma pachorruda que lo caracterizó en busca de una salida airosa que ya no encuentra.
Asusta y advierte a los inversores del IBEX35 que ha llegado el diablo con tricornio e insiste en que “sólo nosotros podemos garantizar la estabilidad y el futuro de España”. Ni siquiera acepta consejos de sus socios de la Unión Europea desde donde lo miran con telescopio y pasan del debate político nacional porque no les conviene.
Los españoles están cansados de vivir en el umbral de la pobreza y de las leyes que nos regresan a los tiempos del régimen fascista. Se equivocó Prometeo, lo sabe pero poco puede arreglar ya. Caerá aún más junto a la debacle del neoliberalismo continental, aunque acusa a los medios de comunicación de ser los culpables porque “martillean desde las televisiones sin cesar” y la emprende contra las bandadas de reporteros insoportables, preguntones, insaciables que interrumpen su sueño y alteran el ritmo cardíaco.
Para resumir, vivimos en un desbarajuste social que es el preludio de una mejor gobernabilidad. Aunque, mientras tanto, se siembra la inquietud entre las clases sociales que ya no degluten los embustes con la misma facilidad que antes.
¡La que ha liao el pollito!
