Franco era, hasta hoy, titular de una cuenta corriente en el BBVA “por no entregar el DNI en tiempo y forma”
El Mundo
Regino Díaz Redondo
Madrid.-Es posible. Cualquier cosa puede ocurrir en este país cuando se trata de exculpar a defraudadores del fisco que blanquean dinero, crean empresas fantasmas y aumentan sus caudales mediante sobornos a funcionarios públicos. Así, justifican gastos y dinero depositado en el extranjero.
Es por eso que Miguel Blesa y Rodrigo Rato quedarían exentos, libres del montón de acusaciones que pesan sobre ellos. No importa que al segundo le hayan exigido 18 millones de euros para garantizar el pago de la controvertida salida a bolsa de Bankia y por su implicación en la venta de acciones “preferentes” que vendió junto al ex presidente de Caja Madrid.
La justicia es lenta, casi no se mueve. La dulce quietud es el signo distintivo del presidente del gobierno y de empresarios que, sin alterarse, sacan balones fuera y obtienen ganancias superlativas.
Los juzgados, llenos, repletos de expedientes, son el escenario donde mueren las esperanzas de la gente. Espanta ver los cuartos llenos de folios en desorden, apilados, sujetos con cuerdas o atados con cintas polvorientas.
Allí se pierde la posibilidad de que los responsables del saqueo a las arcas públicas vayan a la cárcel y no devuelvan los millones que han volado del país en alas de negras palomas.
Hay bancos buenos, pocos, pero hay.
Los hay malos, y muchos; otros están entremedias. Pero todos tienen un patrón común: el riesgo corre por parte de los clientes. Si pierden en una operación, lo resarcen con el capital ajeno que ellos custodian. Si ganan, el porcentaje de beneficios para el cuentahabiente es reducido para que no se malacostumbren.
Esta sociedad está inmersa en el desbarajuste por su falta de capacidad organizativa, víctima de sus propios actos incongruentes y caprichosos. Los prevaricadores viven felices a la sombra de un almendro.
Ninguno ha devuelto un céntimo. Y no están dispuestos a hacerlo. Primero buscarán la absolución… ¿cómo es posible que se me impute, yo que he dado lustre y prestigio a España, que tanto hice y hago por ella…?
Si son condenados, o al menos cuestionados, saldrán del atolladero. No pagarán sus culpas en prisión. O si los condenan, será a un máximo de dos años, por los que, según la ley hecha por ellos mismos, no tienen por qué pasarlo entre rejas.
Si acaso, algún exhorto administrativo para que no vuelvan a hacerlo. Pero de ahí a vestir de rayas, ni por asomo. Amorosamente, los conminan a no repetir sus tropelías. Un llamado a la conciencia de los que nunca la tuvieron.
Un canto al oído de los amigos que siguen siéndolos en privado, porque todos están coludidos. Y una mirada severa, estudiada, increíble, frente al espejo para demostrar que son jueces insobornables y combatientes ejemplares.
Todos nos damos cuenta del deterioro moral. Ellos no se enteran; nosotros no tenemos capacidad ni apoyos suficientes para reclamar justicia. Felipe VI acaba de salirse del guión. Fue a París, rindió tributo a los republicanos españoles que encabezaron en sus tanques blindados la liberalización de esa ciudad, y descubrió, en un acto con la alcaldesa Anne Hidalgo, una placa conmemorativa en honor de estos miembros del Batallón Leclerc:
“Jardín des combatants de la Neuve”, en honor de esos soldados.
Pero aquí el desmadre es casi total. El que más y el que menos se da golpes de pecho mientras que, al lado, el lucro inmoral aumenta entre los “defensores” del sistema. Estos lo defienden y abusan de él. Es un escudo y ubre de la que maman sin cesar, con ansiedad.
La gente que forma nuestra muralla podrida viaja a Mónaco o a cualquier playa del Caribe… si las bases se agrietan me voy al extranjero…
Hay doscientos mil españoles que tienen 124 mil millones de euros en edenes intocables. Otros treinta mil se acogieron a la “amnistía fiscal” de Montoro y, de los 40 mil millones de euros que escondieron sin declarar, el Erario recibió únicamente el 3%.
Los explotadores consiguen que el sistema laboral se construya a su manera (como la de Manzanero, pero sin música). Para el trabajador, cese fulminante y poca o ninguna indemnización. Hay ciudadanos que trabajan 8, 10 o 12 horas diarias y tienen sueldos de miseria; no pueden protestar. Si rechistan, fuera, malagradecidos, vagos de siempre. Sólo quieren dormir la siesta y pasear por el mundo.
De los ladrones recibimos migajas. Y que nos vaya bien. ¿Por qué pedimos más igualdad si son los jefes quienes han sacado al país de la crisis?
Hay que permitir que la élite gaste en juergas y vinos. El obrero es el inculto de siempre, el que hunde a la España real, la de Primo de Rivera, de Franco y del PP actual.
Estos, dicen, “somos de derecha, sí, porque hacemos las cosas derechas”, no chuecas ni torcidas como los demás. Insisten en que por nosotros “la marca España viaja en pulman… los que nos reprochan nuestro modo de vivir es porque también desean disfrutar sin haber doblado el lomo para conseguirlo…”
Nada merecen las clases medias. Y que no intenten agruparse porque sus raíces bolivarianas nos llevarían a la esclavitud, explican. Simón Bolívar, ¿quién es ese señor…?
Apocalipsis nau, nau. No importa que no sepamos escribirlo. Eso es lo que propician los inconformes que no son otra cosa que parásitos de nuestro régimen de libertades ganado mientras saludamos con el brazo en alto y la mano extendida a los miserables que en el mundo son.
C´est fini.
