Hay que ver la desolada imagen de Rajoy sentado en la reunión de la cúpula de la UE en Bruselas.

Permanece olvidado y triste mientras Merkel, Hollande, Jeroen Dijsselbloem y demás no lo toman en cuenta.

¡Qué dolor y vaya vergüenza!

Diario El Norte

Regino Díaz Redondo

Madrid.- A cambio de aceptar la posible restructuración de la deuda pero sin mencionarlo, el gobierno griego debe entregar su economía a la troika que, hasta mediados de la semana pasada, se habría comprometido a rescatar al país con un nuevo préstamo que oscila entre los 50,000 y 80,000 millones de euros “siempre controlados por Bruselas” y cuyo cumplimiento debe ser absoluto.

En caso contrario, la UE y el FMI podrían quitarle a Grecia el poco oxígeno que le proporciona el Banco Central Europeo. Los bancos siguen cerrados y el corralito aumenta. Se mantiene todavía la calma con algunos gritos que se transformarán en alaridos.

Acuerdo que no es tal. Concesiones que no las hay; cuerda más gruesa que se echa al cuello de la gente. Y que originará, si no lo hizo ya, la protesta general tanto de los partidarios de Tsyriza como los que votaron sí a los “ajustes” en el pasado plebiscito.

Las conversaciones no sirvieron de nada. El domingo anterior se dieron 48 horas a Tsipras para que su Congreso aprobara la serie de medidas que debilitan al extremo las casi inexistentes finanzas de esa nación.

Al salir de la primera junta del Eurogrupo, los términos del plan de rescate eran absurdos e inhumanos. Los ciudadanos tendrían que resignarse para no salir de la moneda única a la que seguirán atados, sin alternativa alguna, aunque se vayan.

El gobierno actual podría haber renunciado en estos días. Las condiciones requeridas por los acreedores son indecentes e ilógicas. Fueron elaboradas para que los griegos se subleven contra las autoridades y obliguen a su dimisión que sería el mejor acontecimiento para el consorcio acreedor de una Europa que vive una de las horas más negras de la historia.

Ha quedado establecido que el proyecto unitario, elaborado para fortalecer al continente, está en manos de unos cuantos que manejan el presente y futuro de los países más necesitados.

Los usureros van ganando por goleada. El partido está a punto de terminar y el vencedor recibirá un trofeo ignominioso envuelto en el dolor de un pueblo mil veces traicionado por pasados gobiernos cuyos miembros lucraron y exiliaron miles de millones de euros a los lugares seguros que aún existen en el planeta para el oprobio de nuestra sociedad.

Entre las innombrables exigencias, Grecia tiene que bajar las pensiones de los jubilados o cuando menos congelarlas; alargar la vida laboral hasta los 67 años, favorecer el despido a las empresas, reducir el salario mínimo de los trabajadores y privatizar infinidad de empresas con lo que se reduce enormemente la soberanía nacional. Y elevar el IVA al 28%.

El dinero que obtenga ese país deberá ser trasladado a sus activos privatizables y los beneficios, si los hay, servirían para reducir la descomunal deuda pública que ascendería a más de 400 mil millones de euros. Cantidad imposible de amortiguar y en continuo aumento.

Total, de firmarse “el convenio”, aquél país quedará en manos de los dueños del dinero. Las bolsas de valores  manejarían las finanzas griegas y el pueblo seguiría empobreciendo sin remedio.

Todo para evitar el Grexit, a lo que cada vez se inclina más la gente porque, si de morir se trata, más vale hacerlo en los brazos que te mecieron y no caer en el nauseabundo agujero donde la vida y la honra no valen nada.

Hasta el momento de escribir este comentario, Grecia estaba a punto de sufrir el más ominoso golpe en la historia del continente. La tragedia continúa y sirve de ejemplo, dicen, para “los extremistas” que buscan “desestabilizar” al grupo societario formado por el neoliberalismo que da muestras, una vez más, del miedo que tiene a perder su preeminencia.

La plaza de Sintagma volvió a llenarse y así continua. Ahora están allí todos, los partidarios del sí y del no. Ambos se dan cuenta que la UE no responde a la confraternidad y el respeto para la que fue creada.

En el sur europeo se libra la batalla contra la avaricia e insensibilidad. Los países del norte, ricos por confabularse con tramposos y hábiles manipuladores, defienden a garrotazos su dominio totalitario.

Ponerse en manos del sector privado actual es entregarse a intereses podridos en dinero conseguido a base de exprimir a la mayoría.

Aumenta la desigualdad atroz que dibuja su rostro en la Europa de las grandes hazañas y de los mayores crímenes.

Oficialmente no se habla de una moratoria para el pago de la deuda. Tsipras parece haberlo olvidado, aunque puede arrepentirse cuando vea cómo la gente se lanza a protestar por las calles de Atenas.

           Los dirigentes que cobran intereses leoninos endurecen su posición. Hay quien afirma cínicamente que las concesiones a Grecia podrían contagiar a las masas de las geografías vecinas. Como España.

           La posición de la ex troika – o troika nueva – responde al grito de alerta de los grandes capitales. Si se transige allí, servirá, según el gobierno español, para fortalecer a los “antisistema”.

El temor a cambios auténticos se extiende a lo largo de nuestra seca o fría superficie.

Abajo, el calor asfixiante derrite la vida de millones de personas. Los indignados de la plaza Sintagma son ahora los protagonistas como lo fueron los del 15-M del 2011.

Las primeras reacciones a las que seguirán otras, abundantes y peligrosas, están a la vista. Hay carteles con frases como “nuestros contrincantes vienen con la piqueta en la mano”, que son un claro ejemplo del cabreo de las multitudes que ya se cansaron de recibir latigazos.

Expresa Mariano Rajoy: “evitemos que España regrese a la negra noche de la que ya hemos salido” y recurre al chantaje y a la mentira. Peor no pueden estar las clases trabajadores; además, los empresarios dignos de tal nombre comienzan a entender la necesidad de ralentizar sus arreos. Ven cómo se acerca la ola que acabaría con todo.

Tirios y troyanos – otra vez Grecia—tienen que coincidir. No se trata de aceptar la derrota sino de desechar varias armas letales. Dar paso, digamos, a un trato razonable. Sin mano de obra una fábrica no puede salir adelante. Muchos quieren confundirnos. Es falso que los empobrecidos quieran acabar con sus jefes. No, sólo buscan vestir dignamente. Dejar los andrajos por ropa adecuada y acceder a los víveres necesarios para evitar la anemia.

Dejemos el pesimismo a un lado. Hay que ser optimistas pero ¿cómo lograrlo si nos quieren hacer ver lo invisible, lo que no existe? Los excesos tienen un límite. Si matas al esclavo tendrás una persona menos a tu servicio.

El trío que forman el FMI, BCE y Unión Europa, con su política actual, firmaron, sin darse cuenta, su futura defunción. Millones lo verán; los que nos vamos, no. Pero quizás, desde un agujerito, allá en lo desconocido, podamos asistir al sepelio.