Luis Mesa Delmonte*
Las dificultades surgidas en tiempos recientes en las relaciones entre Arabia Saudita y los Estados Unidos, han motivado que la monarquía opte por vigorizar la búsqueda de otras fuentes de suministros militares.
Las tensiones entre Riad y Washington comenzaron desde hace algunos años cuando los Estados Unidos anunciaron su deseo de “reequilibrar” su foco de interés hacia Asia, en detrimento de la región del Golfo. Las preocupaciones de los sauditas se hicieron aún más notables a partir del acuerdo nuclear recientemente alcanzado entre las grandes potencias negociantes e Irán.
Riad ve a Teherán como un contrincante, que aunque con nuevas limitaciones conservará sus capacidades nucleares; y que podrá disponer de grandes recursos económicos a partir del levantamiento de las sanciones. Es un actor con el cual se ha venido enfrentando en varios escenarios en la región como Siria, Iraq, Bahréin y Yemen.
Al manejarse la posibilidad de que los sauditas compren en el futuro armas rusas, esta iniciativa se convierte en una medida de “castigo” contra la administración Obama, pues el reino hace ver que puede enfrentar el deterioro de su relación estratégica bilateral y buscar inmediatamente otras alternativas, incluso, en la Rusia de Putin con su agenda de tensiones con Occidente y Estados Unidos, que hacen recordar a los años de “guerra fría”.
Con ello, Arabia Saudita se coloca en medio de los grandes debates de poder global y desarrolla una proyección exterior de mayor calibre. Es muy posible que ese empleo de canales más fluidos con otros grandes actores internacionales —en este caso Rusia—también sea contemplado por los sauditas como un instrumento para buscar nuevos equilibrios sobre temas regionales en los que se han inmiscuido, pero cuyos resultados no son satisfactorios. Moscú podría ayudar a establecer vías de comunicación entre el poder saudita y los sirios, y además está en condiciones de negociar con Irán para brindar algunas garantías a Riad en los casos críticos de Iraq y Yemen, y promover el diálogo estratégico entre los dos rivales del Golfo.
Una contribución rusa para mejorar la percepción de seguridad de los sauditas, podría acompañarse en la práctica con compras militares, inversiones y financiamientos que le urgen a Moscú en la actual coyuntura, semejantes al acuerdo anunciado en julio, para invertir 10 mil millones de dólares en diversos proyectos agrícolas, médicos y de bienes raíces. Pero ese potencial de desarrollo de la relación entre Arabia Saudita y Rusia, esas “señales” que envía el reino en la actualidad, igualmente propiciarán que los Estados Unidos y otros actores internacionales, intenten restaurar la confianza con Riad y traten de frenar iniciativas rusas de alto nivel protagónico. Es posible que dentro de esta situación, podamos observar en el futuro inmediato, nuevas y atractivas propuestas para la venta de armas estadounidenses al reino, junto a otros vendedores como los británicos, franceses y alemanes. Los miles de millones de dólares que estarían implicados en estas transacciones, son sin duda un factor motivacional.
Es obvio que las oscilaciones del mercado petrolero global y sus impactos financieros también aparecen en la agenda bilateral; pero hay otro tema que brinda un espacio para un mayor nivel de coincidencia: la lucha contra el Estado Islámico.
El Estado Islámico es un reto para Siria, Iraq, Jordania, Rusia, Irán, Estados Unidos y otros muchos más. Para Arabia Saudita también lo es, especialmente luego de que en su territorio se han frustrado algunas conspiraciones y se han realizado varios actos terroristas como fueron: los dos ataques con bomba contra mezquitas chiitas en el este del país, otro contra una mezquita en el sur, los reiterados disparos contra policías en Riad, y la explosión de un coche bomba fuera de una prisión en la capital. Esto explica que en el encuentro del ministro de defensa Mohammed bin Salman y el presidente Vladimir Putin en San Petersburgo el pasado mes de junio, se hayan discutido algunos elementos encaminados a lograr un frente común de fuerzas sirias contra el Estado Islámico, para lo que sería clave lograr algún tipo de intercambio entre Riad y Damasco. No obstante, para los sauditas el presidente sirio Bashar Al Assad debe irse, pues consideran es parte del problema y no pieza de la solución.
Durante esa misma visita, el ministro de Defensa saudita también asistió a la feria internacional militar organizada en Kubinka, en las afueras de Moscú. El reino ha mostrado interés por comprar varias armas rusas tales como: el sistema de misiles tácticos Iskander-3, sistemas de defensa aérea S-400, tanques T-90C, vehículos blindados, helicópteros de combate Mi-17 y Mi-35, minisubmarinos, fragatas Tigr y el sistema Bal-E de misiles móviles costeros. La firma de un nuevo memorándum sobre el tema, se añadió a otros documentos semejantes previamente acordados, en una cooperación en materia militar que comenzó desde el 2007.
Igualmente se firmó otro acuerdo para continuar explorando la posibilidad de que Rusia construya diversas plantas nucleares en el reino, mientras que los sauditas reiteraron que su programa sería exclusivamente civil, y que seguían comprometidos con la meta de lograr un Medio Oriente libre de armas nucleares.
Se hace difícil pensar que estas compras se lleven a la práctica a muy corto plazo. Está por verse si el interés saudita es sólido o si estamos más en presencia de una maniobra de poder. Pero si finalmente se concretan, eso indicará un gran cambio en la política de defensa del país. No es solo un problema de transformar sus relaciones estratégicas clásicas y cambiar sus “hábitos de compra” militares, sino aceptar el reto de compatibilizar e integrar en un sistema eficiente, a armamentos de diversas tecnologías.
*Catedrático COLMEX.

